Hay lugares que no solo se visitan, se descubren. Bodega de los Secretos es, sin duda, uno de los espacios con más esencia que he conocido en los últimos tiempos. Basta atravesar su discreta entrada para abandonar el bullicio de la superficie y adentrarse en un entramado de galerías, pasadizos y antiguas bodegas del siglo XVII, restauradas con un respeto exquisito por la historia. Bajo sus bóvedas de piedra, entre hornacinas, arcos y pechinas ornamentadas, el tiempo parece detenerse y el calor madrileño queda definitivamente al otro lado de la puerta.
El encanto del lugar no reside únicamente en su arquitectura, sino en la sensación de haber encontrado un oasis subterráneo en pleno centro de la capital. Es uno de esos restaurantes que invitan a alargar la sobremesa sin mirar el reloj, con cocina abierta durante toda la tarde para quienes entienden que el verano no entiende de horarios. Ya sea para un almuerzo, un afterwork, una merienda o una cena tardía, el ambiente conserva esa calma que resulta cada vez más difícil encontrar en Madrid.

La propuesta gastronómica apuesta por la cocina española bien entendida, sin artificios innecesarios y con el producto como protagonista. Unas croquetas cremosas abren el apetito antes de dar paso a una magnífica ensalada de tomate con ventresca, de esas que recuerdan que la sencillez puede rozar la perfección. Después llegan platos de fondo como un meloso rabo de toro o un entrecot en su punto, elaboraciones que encuentran en este escenario histórico el mejor de los marcos para disfrutarlas con tranquilidad.
Comer en Bodega de los Secretos es mucho más que sentarse a la mesa. Es hacerlo sobre varios siglos de historia, entre galerías que en otro tiempo sirvieron para conservar vino y que hoy albergan uno de los restaurantes con más personalidad de Madrid. Un refugio fresco, elegante y lleno de carácter donde la gastronomía y el patrimonio conviven con naturalidad, convirtiéndose en uno de esos lugares a los que siempre apetece volver, especialmente cuando el verano aprieta.
Su oferta gastronómica la componen entrantes de todo tipo, una exquisita selección de carnes, pescados y arroces y una deliciosa carta de postres para terminar cualquier comida o velada de la mejor de las maneras.
Calle de San Blas, 4, 28014 Madrid
914 29 03 96





