Diego Ramos ha vivido entre dos escenarios: el ruedo y la música. Torero durante más de 25 años, estudió Derecho en Salamanca y creció escuchando a Julio Iglesias, hasta que un recopilatorio, Mi vida: Grandes Éxitos, terminó de convertir aquella admiración en una vocación. Hoy, bajo la fórmula del tributo y no de la imitación, rinde homenaje al artista español más universal a través de unas canciones que siguen emocionando a varias generaciones. Con Quijote como primer adelanto de su próximo EP y una nueva cita en el Teatro Calderón de Madrid, el 18 de noviembre, Ramos reivindica la melodía, el romanticismo y la personalidad frente a la fugacidad de la música contemporánea. Hablamos con él de admiración, memoria, miedo escénico y de un sueño que todavía tiene pendiente: sentarse a la mesa con Julio Iglesias, descorchar una buena botella de vino y compartir un poco de jamón ibérico.
¿Cuándo recuerdas que Julio Iglesias entró realmente en tu vida y qué significó su música para ti?
Su música me acompaña desde que tengo uso de razón, pero fue en 1998, durante mi etapa universitaria en Salamanca, cuando descubrí Mi vida: Grandes Éxitos. Aquel recopilatorio, con muchas de sus grandes canciones de los setenta y ochenta, hizo que Julio entrara definitivamente en mi vida.
Has pasado más de 25 años vinculado al mundo del toreo. ¿Qué tiene en común el ruedo con un escenario?
El miedo a defraudar y a no estar a la altura. Existe un respeto compartido por el público que paga una entrada para verte, aunque el riesgo sea muy distinto. En la plaza se sufre mucho más de lo que se disfruta; cantando, en cambio, disfruto muchísimo. Poder interpretar esas canciones acompañado de una orquesta es un auténtico privilegio.
También estudiaste Derecho, como Julio Iglesias, y tu vida ha tenido algunos paralelismos curiosos con la suya. ¿Hasta qué punto sientes que existe una conexión entre vuestras historias?
A veces pienso que las historias se repiten y solo cambian sus protagonistas. Además de haber estudiado Derecho, ambos sufrimos un accidente de coche siendo muy jóvenes. En mi caso, viajaba con dos amigos, dimos varias vueltas de campana y, afortunadamente, salimos ilesos. Son coincidencias que me impresionan y que me hacen sentir cierta cercanía con su historia, aunque cada vida tenga su propio recorrido.
Tú prefieres hablar de tributo y no de imitación. ¿Dónde está para ti la frontera entre imitar a un artista y rendirle un verdadero homenaje?
La diferencia está en el respeto y en la intención. Cuando una imitación exagera los gestos de un artista, puede convertirse en una caricatura, y esa nunca ha sido mi intención. Soy torero por encima de todo y creo en la honestidad. Lo mío es un homenaje sincero a quien considero la mayor figura de la música española en el mundo, una forma de darle las gracias y de contribuir a que su legado siga vivo.
¿Qué es lo que más admiras de Julio Iglesias: su voz, su manera de interpretar, su elegancia, su carisma o su capacidad para convertirse en un artista universal?
Su carisma. En la Escuela de Tauromaquia de Salamanca me enseñaron que, por encima incluso de la técnica o del valor, está la personalidad. Julio tiene una forma inconfundible de interpretar, de estar en el escenario y de conectar con el público. Eso es lo que lo hace único.
¿Qué canción de Julio Iglesias sientes que representa mejor a Diego Ramos y por qué?
Quijote, porque habla de soñadores que se enfrentan a las adversidades, se caen y vuelven a levantarse sin renunciar a sus ideales. Siempre me he identificado con ese espíritu; quizá Julio tenga algo de Quijote y quizá yo también. Es, además, el primer adelanto del EP que estoy preparando. Mi versión, disponible desde el 10 de septiembre, incorpora nuevos arreglos con los que he querido llevarla a mi terreno sin perder su esencia.
Has tenido la oportunidad de cantar delante de personas muy conocidas, entre ellas Roca Rey, y también para Manuel Alejandro. ¿Hay alguna actuación o encuentro que recuerdes de una manera especialmente especial?
Guardo recuerdos maravillosos de ambos. Roca Rey me dijo una vez que era la primera persona que conocía con tres personalidades: Diego, el torero y, ahora, Julio. Me hizo mucha gracia y me llenó de orgullo que contara conmigo para un día tan importante. Con Manuel Alejandro viví algo inolvidable: la primera vez que canté para él interpreté Que no se rompa la noche, y me dijo que mi voz era más brillante que la de Julio. Después, en su libro, me dedicó unas palabras preciosas: me dijo que, si Dios le daba vida, me escribiría canciones. Es algo que guardo con muchísimo cariño.
Tu espectáculo recupera especialmente canciones de los años setenta y ochenta. ¿Qué tienen aquellas canciones que todavía hoy siguen emocionando?
Están muy bien hechas: tienen melodías extraordinarias, arreglos cuidados y el trabajo de grandes músicos como Ramón Arcusa y Rafael Ferro. Pero, sobre todo, cuentan historias sobre el amor, las despedidas y la vida. Creo que hoy el ritmo ha ganado terreno a la melodía y a las letras; a veces digo que se salta con la mano arriba, pero se baila menos. Me gustaría recuperar aquel espíritu clásico con un sonido actual, porque necesitamos canciones que nos permitan detenernos y sentir.
¿Qué reacción del público te ha sorprendido más desde que comenzaste esta nueva etapa musical?
Ver a la gente llorar. Nunca imaginé que pudiera provocar tanta emoción interpretando canciones que no son mías y que, en muchos casos, tienen más de cuarenta años. Una canción te devuelve a una persona, a una época o a un momento de tu vida. En el Teatro Albéniz de Madrid, con todas las localidades agotadas, el público terminó en pie, coreando «¡Oé, oé, oé!». Fue increíble. Ahora afronto con muchísima ilusión la próxima cita madrileña, el 18 de noviembre, a las 20:00, en el Teatro Calderón.
Julio Iglesias es una figura que pertenece a varias generaciones. ¿Crees que existe una oportunidad para acercar su música a los jóvenes y reivindicar su legado más allá de los tópicos y los memes?
Absolutamente. Esa es una de las razones que me han impulsado a dar este paso: me gustaría que los jóvenes descubrieran las canciones y al intérprete que hay detrás de una imagen tan conocida. Creo que en España merece un reconocimiento institucional a la altura de su trayectoria y de lo que ha representado para nuestra música en el mundo; pienso, por ejemplo, en un Premio Princesa de Asturias. Me gustaría que supiéramos agradecerle ahora todo lo que nos ha dado.
Has dicho en alguna ocasión que uno de tus grandes sueños es conocer personalmente a Julio Iglesias. Si mañana estuvieras sentado frente a él, ¿qué le dirías?
Le diría que lo admiro profundamente y le daría las gracias por su música, por todo lo que nos ha hecho sentir y por lo que ha significado en mi vida. Después, le propondría descorchar una buena botella de vino y compartir un poco de jamón ibérico. Me encantaría conversar con él alrededor de una mesa.
Y mirando hacia delante, ¿qué quieres que sea Diego Ramos dentro de cinco años? ¿Seguir rindiendo tributo a Julio, desarrollar tu propia música o ambas cosas?
Me gustaría hacer ambas cosas. Mi homenaje a Julio va a acompañarme siempre y, gracias a sus canciones, el público tiene también la oportunidad de conocer a Diego Ramos. Ojalá encuentre mi propio camino y pueda cantar mis propias canciones dentro de ese estilo melódico y romántico con el que tanto me identifico. Quiero seguir disfrutando de este homenaje y, al mismo tiempo, crecer como artista. Siempre hay que tener esperanza.




