Por Marc Doménech
Hay toreros que llaman la atención antes de coger la muleta, no por la estridencia, sino por la manera en que ocupan el espacio. Simón Andreu pertenece a esa estirpe de novilleros cuyo porte parece anunciar, incluso antes del primer cite, el concepto que esconde detrás. Mantiene una serenidad poco habitual en alguien de su edad. Pese a las rebeldías típicas y míticas de la juventud, Andreu atesora una forma clásica de entender el toreo -quizá, en este mundo, eso sea la rebeldía-.
Simón es un joven de tan solo veinte años que todavía está construyéndose, como cualquier otro. Pero, en su caso, desde que hace doce años decidió dar sus primeros pases, parece tener muy claro qué quiere ser. Natural de Chiva, tierra taurinamente conocida por ver nacer al maestro Enrique Ponce -quizá no todo se lo debamos a la mera coincidencia-, afronta este verano una nueva edición del Circuito Valenciano de Novilladas después de dejar el pasado año sensaciones más que prometedoras. Pero esta conversación no pretende medir su carrera por las tardes ya escritas, sino por las ideas que la sostienen.
Decía Kierkegaard que “la pureza del corazón consiste en querer ser una sola cosa”. Pocos habrá, entonces, tan puros como estos jóvenes toreros. Pocos desean tanto como Simón ser torero; única y exclusivamente eso: ser torero. Por ello ponen su vida a prueba. Simón proclama la palabra, será el público quién encuentre correspondencia en la plaza, en sus gestos y en su manera de entender el oficio. El principal rasgo de Simón, que todavía está escribiendo su historia, quizá se recree en la voluntad de que el torero y la persona no tengan que explicarse por separado.
PREGUNTA: ¿Qué palabra definiría mejor al torero que eres hoy?
RESPUESTA: Diría que la palabra correcta es “puro”.
P. ¿Cuáles son las cualidades elementales qué debe tener un torero?
R. Toda persona que quiera ser figura del toreo ha de ser constante, humilde, disciplinada y estar dispuesta a sacrificarse, entre muchas otras cualidades.
P. ¿Crees que la gente entiende este mundo fuera de él?
R. En absoluto. Para poder opinar -ya no digo criticar, si no opinar- sobre esto tienes que haberlo vivido desde dentro y en varios ambientes, porque no todas las plazas ni los tendidos son iguales.
P. ¿Qué tiene que pasar delante del toro para que, al volver al hotel, pienses: «Hoy he toreado como quiero llegar a ser»?
R. Sinceramente, creo que tendrían que pasar muchas cosas. Para mí eso no depende de una sola tarde ni de un sitio en concreto. Pero sí creo que algún día puedo torear ese toro soñado, que salga por toriles ese toro que permita expresarme tal y como mi personalidad me define, porque, como bien decía Belmonte, “se torea como se es”.
“Pertenecer a un mundo tan antiguo es muy bonito; cuanto más descubres su historia, más fascinante te parece”.
P. ¿Cómo juzgas la época que te ha tocado vivir?
R. Me parece una época bastante distinta a todas las demás, pero estoy contento de poder vivirla. Porque en cuanto al toreo, hoy en día hay muchas fuentes de las que un torero puede beber.
P. ¿Cómo manejas la dualidad entre ser un joven de tu generación y, al mismo tiempo, pertenecer a un mundo tan antiguo como la tauromaquia?
R. Es algo precioso. Pertenecer a un mundo tan antiguo es muy bonito porque, cuanto más conoces y descubres su historia y todo lo que hay detrás, más fascinante te parece este mundo.

P. ¿Cómo convive un torero con algo tan superficial como la apariencia cuando dedica su vida a una verdad tan pura?
R. Como ya he dicho, “se torea como se es”. Por tanto, hay que ser puro y de verdad siempre, tanto dentro de la plaza, delante del toro, como fuera de ella.
P. ¿Cuánto se parece el Simón que se viste de luces al que desayuna en casa?
R. Diría que soy el mismo. Lo bonito es que digan: “Le acaba de pegar un muletazo de escándalo y ha sido como si estuviera en su casa tomándose un café”. Pero es verdad que, cuando uno está vestido de luces y pisa una plaza llena de gente, uno se siente muy torero, y esa sensación es muy bonita.
P. ¿Qué música escuchas? ¿Qué aficiones tiene un torero joven en su tiempo libre?
P. Suelo escuchar un poco de todo. Si tuviera que elegir algunos artistas, diría Camarón de la Isla, Robe Iniesta o Rels B.
Es verdad que mi tiempo libre suele ser poco, pero el que tengo lo dedico a estar con mis amigos, disfrutar de la playa con mi perro o a pescar. También suelo leer libros, principalmente de toros, aunque hay de todo. A día de hoy, con el libro que me quedo es Nieto de un sueño, de Enrique Ponce.
“Esto depende de mí, del tiempo y del toro”.
P. ¿Hay alguna parte de ese chaval de Chiva que te dé miedo perder por el camino?
R. En absoluto. Sé de dónde vengo y lo que cuesta ganar las cosas.
P. ¿Qué distancia sientes que separa al Simón que eres hoy del Simón que quieres llegar a ser?
R. Espero que sea poca. Cada vez siento que estoy más cerca de lo que quiero llegar a conseguir, tanto en mi vida personal como en mi carrera como torero. Pero eso depende de mí, del tiempo y del toro. Quiero ser figura del toreo y marcar un antes y un después en esta época. Sé que es muy complicado, pero no imposible.
P. ¿Qué esperas que descubra de ti quien vaya a verte por primera vez?
R. Espero que descubra a un torero que quiere torear con la verdad por delante, hacer las cosas bien y conseguir que quien vaya a verme disfrute y se quede con ganas de volver a verme.
Mañana volverá a vestirse de luces para seguir los pasos del triunfo en el Circuito Valenciano. Lo hará ante novillos de Chamaco, junto a sus compañeros Javier Aparicio e Ian Bermejo. El aficionado juzgará su temple, su concepto y el trazo de su muleta. Es ley. Si Simón Andreu es tan certero al recordar que “se torea como es”, entonces cada pase será también una forma de conocerlo.
Fotografías cedidas por Simón Andreu.




