En el corazón de La Horra, donde la tierra respira historia y el tiempo parece decantarse con la misma paciencia que el vino, la familia García Figuero ha construido algo más que una bodega: ha tejido un relato. Bodegas Figuero nace de un gesto casi poético —unas viñas como regalo de boda— y crece con la convicción de quienes entienden que el origen no se hereda, se cuida. Desde aquel primer impulso de José María García y Milagros Figuero hasta el reconocimiento como Wine Making Legend por Tim Atkin, la bodega se ha consolidado como un refugio donde tradición y mirada contemporánea conviven con naturalidad.
Hoy, son Felipe y Cristina quienes toman la palabra y el testigo. Segunda y tercera generación de una familia que ha sabido traducir la memoria en presente, y el presente en emoción compartida. En esta conversación, lejos de los códigos convencionales del vino, hablan de recuerdos guardados en latas de latón, de decisiones que combinan intuición y análisis, y de una idea esencial: que cada botella puede ser un mensaje, un gesto, un instante que se regala y permanece. Porque Figuero no es solo vino; es una forma de entender el tiempo, la familia y la belleza de lo que perdura.
Este proyecto nace desde una historia muy personal y emocional. ¿En qué momento sentisteis que estabais construyendo algo que iba más allá de un proyecto convencional?
En el momento en el que pusimos el primer vino en el mercado, entendimos que Figuero era algo distinto. Una mezcla de origen, personalidad y forma de entender la viticultura que dieron identidad a lo que es hoy Figuero: una bodega familiar de viticultores de La Horra, un vino elegante y una marca en la que creer.
Cristina, como tercera generación de la familia, ¿qué significa para ti rescatar la historia de tus abuelos y convertirla en el punto de partida de una nueva forma de contaros?
Me siento muy afortunada. A través de la bodega he podido conocer más sobre mis abuelos, cómo vivían, cuáles eran sus inquietudes y cómo, con tenacidad y cariño, han sacado adelante a su familia.
No se puede concebir la bodega sin ellos, sus vivencias han definido la filosofía de la empresa y de la familia. Siempre han sido nuestro punto de partida.
La memoria, los recuerdos físicos, las notas guardadas… ¿qué lugar ocupan hoy esos gestos íntimos en una época tan digital e inmediata?
A todos en algún momento de nuestra vida nos gusta volver a los recuerdos que guardan nuestras familias en latas de latón, fotos antiguas en blanco y negro, postales de viajes, alguna carta del extranjero. Esos recuerdos físicos nos ayudan a parar, son espacios donde compartir. Nos encanta sacar de vez en cuando la lata y escuchar las anécdotas que guardan esas fotos.
¿Creéis que existe una necesidad creciente de volver a lo tangible, a lo que se puede tocar, guardar y emocionar con el paso del tiempo?
Sí, ahora más que nunca necesitamos los recuerdos tangibles. En una época tan digital donde lo sencillo es mandar un WhatsApp, recibir un regalo con un mensaje personalizado es la forma perfecta de decir “te quiero” o “me importas”. Por eso proponemos firmar la botella o el estuche de Figuero, convirtiendo nuestro vino en un regalo único.
En vuestro caso, tradición familiar y mirada contemporánea conviven de forma muy natural. ¿Cómo se equilibra ese diálogo entre pasado y presente?
Teniendo un objetivo compartido y sabiendo escuchar. Los diálogos se equilibran hablando, escuchando, viajando, aprendiendo. Desarrollando nuevas ideas y evaluando su resultado.
En nuestro caso contamos con un conocimiento sólido y transversal dentro de la familia, que integra perfiles de ingeniería, química, agronomía y comunicación, entre otros. Lo que, junto con nuestro equipo de enología, bodega, campo… nos aporta una visión muy completa que nos ayuda a tomar las mejores decisiones. Conocimiento y trabajo en equipo.
La idea de personalizar, de dedicar algo a otra persona, introduce un componente profundamente humano. ¿Qué os emociona más de ese acto de compartir?
Cuando regalas vino, regalas tiempo. Esa es la parte que más nos emociona. Cuando piensas en regalar Milagros Figuero estás pensando, no solo, en qué le gustará a la otra persona, sino también con quién lo compartirá. Si además incluyes un mensaje, ese vino se hace único, tiene un propósito. El de hacernos felices.
¿Cómo fue el proceso creativo de transformar una historia familiar en una experiencia que otras personas puedan hacer suya?
Compartir nuestra historia familiar fue el inicio del camino. Todos los miembros nos involucramos con un objetivo claro, ser honestos y poner en valor nuestro legado.
Quisimos abrir nuestra casa, dar a conocer nuestra manera de entender el viñedo y el vino, consiguiendo que cada persona que disfrute de Figuero se sienta parte de nuestra historia. Con el tiempo hemos visto que las familias compartimos vivencias y cuando alguien se reconoce en las nuestras, todo cobra sentido.
Felipe, desde tu experiencia, ¿cómo se construye un proyecto con identidad propia sin perder el respeto por el legado familiar?
Siempre digo que el mundo del vino nos acepta a todos, posiblemente sea el sector más acogedor y donde cada persona puede interpretar la tierra de una forma diferente. Los legados para continuar siendo legados deben adaptarse al momento donde viven y su supervivencia dependerá de ello, por eso caben proyectos con identidad propia, proyectos rompedores… hay que probar, equivocarse y aprender. Es la vida misma.
¿Qué papel juega la emoción en vuestras decisiones creativas y empresariales?
Las emociones nos anclan a nuestras raíces, sin embargo, a nivel empresarial necesitas escuchar, analizar y tomar las decisiones correctas en cada momento. Emoción y sentido común pueden convivir perfectamente.
Cuando pensáis en las personas que se acercan a este proyecto, ¿qué tipo de momentos o vínculos os gusta imaginar que acompañan?
Queremos que nuestros vinos sean testigos de las pequeñas victorias, los sueños cumplidos o los reencuentros. Pero también de las comidas de dos, las tardes cómplices y las sorpresas. Figuero es felicidad.
A nivel personal y familiar, ¿qué os ha enseñado este camino compartido?
La importancia del capital humano y cómo el esfuerzo por buscar consensos entre las personas hace avanzar en una misma dirección.
Antes incluso de descubrir el contenido, ¿qué os gustaría que sintiera alguien al recibir algo nacido de esta historia?
El cariño de la persona que regala algo tan especial como Figuero.




