En el corazón más aristocrático de la capital, donde Madrid se mide en pasos elegantes entre el Retiro y la solemnidad de los grandes museos, Mercer Hotel Madrid ultima su esperada apertura en uno de los edificios más singulares de la ciudad. La antigua sede de la Sociedad General Azucarera de España, levantada en 1905 por el arquitecto Enrique María Repullés y Vargas, renace ahora bajo una nueva piel que no olvida su memoria. Ubicado en la calle Ruiz de Alarcón, a escasos metros de enclaves como el Parque del Retiro o el Museo del Prado, el proyecto consolida la llegada de Mercer a Madrid tras su éxito en otras ciudades. La rehabilitación, liderada por RCCyP Arquitectura, ha respetado con rigor los elementos protegidos del inmueble, convirtiendo su pasado industrial en el punto de partida de una narrativa contemporánea donde el lujo se expresa sin estridencias.

El interiorismo, firmado por Andreu Carulla Studio, se construye desde una sensibilidad casi arqueológica: materiales nobles, oficios recuperados y una estética que dialoga con la historia sin caer en la nostalgia. El hotel contará con 61 habitaciones y suites donde la madera de roble, la carpintería de nogal y el granito Rosavel dibujan espacios serenos, pensados para habitar el tiempo con calma. A ello se suma una propuesta de bienestar que incluye spa, piscina climatizada, gimnasio y una azotea que promete convertirse en uno de los secretos mejor guardados del skyline madrileño. Todo responde a esa idea de “lujo silencioso” que defiende Pedro Molina: una experiencia que no se impone, sino que se descubre.

Pero si hay un pulso que define el alma de este nuevo Mercer Madrid, es el gastronómico. La Sociedad Gastronómika, comandada por el chef Eneko Atxa —referente internacional con tres estrellas Michelin—, propone una cocina que trasciende la técnica para convertirse en relato, donde el territorio y la emoción se encuentran en cada plato. A su lado, la coctelería La Azucarera, ideada por Javier de las Muelas, introduce un contrapunto sofisticado que rinde homenaje al pasado del edificio con una barra en U concebida para la conversación lenta. Con este proyecto, Mercer no solo abre un hotel, sino que incorpora a Madrid un nuevo escenario donde la historia, el diseño y la hospitalidad dialogan en voz baja, pero con una contundencia difícil de ignorar.

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