A sus 24 años, José Ropero ha encontrado en la inteligencia artificial una manera inesperadamente humana de mirar hacia el futuro. Cofundador y CEO de Welyto, este joven sevillano ha convertido una experiencia íntima —la convivencia durante quince años con el Alzheimer de su abuela— en el origen de un proyecto que pretende combatir la soledad no deseada de las personas mayores, preservar sus recuerdos y favorecer su bienestar cognitivo. Welyto nace así en un territorio donde tecnología y emoción dejan de parecer conceptos enfrentados: una herramienta conversacional que escucha, recuerda y acompaña, pero que, sobre todo, aspira a devolver protagonismo a quienes tantas veces quedan al margen de la conversación tecnológica. Hablamos con José Ropero sobre su abuela, la memoria, la familia, los límites de la inteligencia artificial, el emprendimiento y una idea que atraviesa toda su historia: que quizá la innovación más valiosa sea aquella capaz de ayudarnos a no olvidar lo verdaderamente importante.

José, tienes 24 años y estás detrás de un proyecto que aborda uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo. ¿En qué momento te das cuenta de que la inteligencia artificial podía servir para algo tan humano como acompañar a una persona mayor?

La idea empezó a tomar forma mientras realizaba mi trabajo de fin de grado de Matemáticas, centrado en inteligencia artificial. Estaba descubriendo todo lo que esta tecnología podía hacer cuando Marco me planteó una pregunta muy sencilla: ¿por qué no utilizarla para ayudar a las personas mayores?

Esa pregunta conectó inmediatamente con mi historia personal. Siempre he vivido con mi abuela y he tenido una relación muy especial con ella. Lleva quince años conviviendo con el Alzheimer y he visto de cerca cómo la enfermedad afecta a su memoria, a su autonomía y también a toda la familia.

Fue entonces cuando entendí que la inteligencia artificial no tenía por qué utilizarse únicamente para automatizar tareas o mejorar procesos. También podía ponerse al servicio de algo profundamente humano: conversar, escuchar, recordar y acompañar. De esa unión entre mi formación, la visión de Marco y mi experiencia con mi abuela nació Welyto.

Welyto nace, en parte, de una experiencia muy personal relacionada con el Alzheimer de tu abuela. ¿Qué aprendiste de esa experiencia y cuánto de esa historia personal sigue presente hoy en el proyecto?

Mi abuela sigue siendo el alma de Welyto. Es una de las personas más importantes de mi vida: he crecido con ella, me ha cuidado desde pequeño y una parte de lo que soy se la debo a ella.

Convivir durante quince años con su enfermedad me ha enseñado que el Alzheimer no solo borra recuerdos. También transforma la forma en la que una persona se relaciona con su entorno y afecta profundamente a quienes la quieren. Recuerdo que, aunque mi abuela podía olvidar mi nombre, al escuchar una canción de su época era capaz de recordar la letra. Eso me hizo comprender que la memoria es mucho más compleja y emocional de lo que solemos pensar.

También me enseñó que muchas veces nos damos cuenta demasiado tarde del valor de las historias familiares. De pequeño me contaba muchísimas cosas que ahora ya no puede contarme, y me produce mucha pena pensar que parte de ellas se haya perdido.

La primera vez que vi a mi abuela interactuar con Welyto sentí que todo el trabajo cobraba sentido. Ese momento sigue siendo nuestra referencia: la tecnología tiene valor cuando provoca una sonrisa, despierta un recuerdo o consigue que alguien se sienta escuchado.

Para alguien que todavía no conoce Welyto, ¿cómo explicarías qué es y qué ocurre cuando una persona mayor comienza a utilizarlo?

Welyto es un compañero conversacional diseñado específicamente para personas mayores que combate la soledad no deseada. Queremos que pueda utilizarse de una manera sencilla y natural, principalmente mediante la voz, sin necesidad de tener conocimientos tecnológicos.

La persona puede hablar con Welyto sobre su día, sus intereses, su familia o cualquier tema que le apetezca. El sistema recuerda la información compartida anteriormente, por lo que las conversaciones adquieren continuidad y se vuelven progresivamente más personales.

A través de esos diálogos, Welyto también puede recoger recuerdos y experiencias importantes para construir la historia de vida del usuario. Además, incorpora entrenamientos de mantenimiento cognitivo para ayudarle a mantenerse mentalmente activo. (Más info en welyto.com

)

En definitiva, el proyecto se sostiene sobre tres pilares: acompañar, preservar el legado familiar y favorecer el bienestar cognitivo. No queremos que las personas mayores tengan que adaptarse a la tecnología; queremos adaptar la tecnología a ellas.

La soledad no deseada afecta a muchísimas personas mayores. ¿Qué habéis descubierto durante el desarrollo de Welyto sobre lo que realmente necesitan estas personas cuando buscan compañía?

Hemos descubierto que compañía no significa simplemente tener una voz hablando al otro lado. Lo que realmente necesitan muchas personas mayores es sentirse escuchadas, reconocidas y tenidas en cuenta.

Una conversación cobra valor cuando existe continuidad: cuando al día siguiente alguien recuerda cómo se llaman sus hijos, qué música les gusta o aquello que contaron sobre su infancia. Actualmente contamos con cincuenta personas utilizando y probando Welyto en distintos puntos de España, y una de las reacciones que más nos emociona es su sorpresa cuando comprueban que recuerda detalles de sus vidas y los recupera en conversaciones posteriores.

También hemos aprendido que las personas mayores no quieren ser tratadas únicamente como receptoras de cuidados. Quieren compartir, enseñar, recordar, jugar, reírse y seguir sintiéndose útiles. Tienen muchísimo que aportar y, muchas veces, lo que falta es tiempo y espacio para escucharlas.

La familia es insustituible, pero no siempre puede estar presente todas las horas del día. Welyto pretende acompañar durante esos momentos de ausencia y ayudar, al mismo tiempo, a que la persona siga conectada con quienes quiere.

Una de las cosas más interesantes del proyecto es que las conversaciones pueden convertirse en recuerdos y, posteriormente, formar parte de una biografía familiar. ¿Por qué os parecía tan importante preservar esas historias?

Porque cuando desaparece la historia de una persona no perdemos únicamente una serie de anécdotas: perdemos una parte de nuestra identidad familiar.

Muchas veces sabemos muy poco de nuestros abuelos o bisabuelos. No conocemos cómo fue su infancia, cómo conocieron a su pareja, qué dificultades atravesaron o qué sueños tuvieron. Vivimos cada vez más deprisa y posponemos esas conversaciones pensando que siempre habrá tiempo.

En mi caso, esta función nace de una ausencia muy concreta: las historias que mi abuela me contaba cuando era pequeño y que ahora, debido al Alzheimer, ya no puede reconstruir. Queremos evitar que otras familias experimenten esa misma sensación.

Por eso Welyto escucha y organiza los recuerdos que surgen durante las conversaciones para convertirlos progresivamente en una biografía que la familia pueda conservar y compartir. La persona mayor recibe la atención y el reconocimiento que merece, mientras sus seres queridos reciben un legado que puede pasar de generación en generación. También es una forma de reforzar el sentimiento de pertenencia y recordar de dónde venimos.

También incorporáis herramientas de estimulación cognitiva. ¿Hasta dónde puede llegar la tecnología como apoyo para las personas con Alzheimer y dónde crees que debe establecerse el límite?

La tecnología puede convertirse en una herramienta de apoyo muy valiosa. Puede facilitar actividades de estimulación cognitiva, ayudar a mantener ciertas rutinas, promover la conversación y permitir que familiares o profesionales perciban cambios a los que convendría prestar atención.

Pero debemos ser muy claros: Welyto no es un tratamiento médico, no diagnostica enfermedades y no sustituye a neurólogos, psicólogos, terapeutas, cuidadores ni familiares. Las actividades cognitivas están siendo desarrolladas con el apoyo de profesionales especializados y deben evaluarse con el rigor necesario.

El límite debe establecerse precisamente ahí. La tecnología puede acompañar, estimular y aportar información, pero las decisiones clínicas y asistenciales deben permanecer siempre en manos de profesionales. Además, trabajar con personas mayores exige ser especialmente responsables con la privacidad, el consentimiento y la protección de sus recuerdos.

No queremos prometer más de lo que la tecnología puede ofrecer. Nuestra intención es desarrollar una herramienta responsable, basada en evidencia y construida escuchando tanto a los profesionales como a las propias personas mayores.

Vivimos un momento en el que existe cierto miedo a que la inteligencia artificial sustituya las relaciones humanas. ¿Cómo conseguís que Welyto no sustituya a la familia, sino que ayude a reforzar ese vínculo?

Partimos de una idea muy sencilla: ninguna inteligencia artificial puede sustituir el cariño, el contacto o la presencia de otra persona.

Welyto está pensado para sumar compañía durante los momentos en los que la familia no puede estar, no para ocupar su lugar. Queremos que la tecnología funcione como un puente: que ayude a mantener una conversación, recuperar un recuerdo, facilitar el contacto con un familiar o conservar una historia que después pueda compartirse con hijos y nietos.

Cuando una familia descubre episodios de la vida de su abuelo que desconocía, surgen nuevos temas de conversación y una curiosidad renovada por escucharle. En ese sentido, la tecnología puede acercarnos en lugar de aislarnos.

El éxito de Welyto no sería conseguir que una persona mayor pasara más tiempo hablando con una máquina. Sería conseguir que se sintiera menos sola, más valorada y más conectada con su familia y con el mundo.

Sois jóvenes, universitarios y estáis construyendo una startup con una finalidad social muy concreta. ¿Qué ha sido lo más difícil de pasar de una idea que parecía casi imposible a un proyecto real?

Sin duda, uno de los mayores retos fue la etapa que viví en China. Pasé cinco meses en una incubadora desarrollando Welyto y aquello supuso un desafío profesional, pero también personal.

Trabajé unas dieciséis horas al día, de lunes a domingo. Estába completamente centrado en convertir la idea en un producto real, pero al mismo tiempo yo me sentí muy solo. El choque cultural fue enorme: estaba lejos de mi familia, en un entorno completamente diferente y sometido a un ritmo de trabajo muy intenso.

Hubo momentos difíciles, pero con el tiempo entendí que aquella experiencia me estaba transformando. Aprendí a convivir con la incertidumbre, a ser más disciplinado, a tomar decisiones bajo presión y a continuar incluso cuando los resultados todavía no eran visibles y con un gran objetivo en mente.

China me hizo mejorar muchísimo a nivel personal y supuso un auténtico impulso para el proyecto. Lo que había comenzado como una idea vinculada a mi trabajo de fin de grado empezó a convertirse allí en una empresa real.

Hoy Marco y yo lideramos Welyto junto a un equipo de seis personas. Mirando atrás, creo que uno de los mayores aprendizajes ha sido comprender que los momentos más difíciles también pueden ser los que más te hacen crecer.

Recientemente habéis conseguido el primer puesto en la categoría Startup Stage de la Spain Division de la China International College Students’ Innovation Competition, lo que os llevará a representar a España en la final internacional. ¿Qué supone este reconocimiento para vosotros?

Ganar la categoría Startup Stage de la Spain Division ha supuesto una enorme alegría y también una gran responsabilidad. Que un jurado internacional valore Welyto confirma que el problema que estamos abordando es relevante y que nuestra propuesta puede tener impacto más allá de España.

El reconocimiento nos permitirá representar a España y a la Universidad de Sevilla en la final internacional en China, compitiendo con equipos de distintos países. Para nosotros tiene un significado especial porque China está profundamente vinculada al desarrollo de Welyto y a nuestro crecimiento personal como emprendedores.

Más allá del premio, lo entendemos como una oportunidad para aprender, conocer otros proyectos, crear relaciones y demostrar que desde Sevilla se puede desarrollar tecnología con ambición internacional y propósito social. También es un impulso para nuestro equipo y para todas las personas e instituciones que han confiado en nosotros.

Sin embargo, no lo vemos como una meta. El verdadero reconocimiento llegará cuando comprobemos que Welyto mejora de forma tangible el día a día de muchas personas mayores y de sus familias. El premio nos aporta visibilidad y confianza; ahora tenemos que transformarlas en impacto.

¿Qué os gustaría que Welyto pudiera conseguir dentro de cinco años? ¿Cuál sería para ti el escenario ideal?

Dentro de cinco años me gustaría que Welyto fuera una referencia en tecnología responsable aplicada al bienestar de las personas mayores. Me gustaría verlo presente en hogares, residencias y centros de día, ayudando a muchas personas a sentirse acompañadas y a conservar sus historias.

También me gustaría que contáramos con evidencia sólida sobre su utilidad, construida junto a profesionales sanitarios, sociales y entidades especializadas. No aspiramos únicamente a crecer como empresa, sino a demostrar que se puede innovar con rigor, sensibilidad y un propósito humano.

El escenario ideal sería consolidarnos primero en España y Europa y poder llegar después a Latinoamérica y a otros lugares con una cultura familiar muy cercana a las personas mayores.

Pero, sobre todo, me gustaría que Welyto inspirase a otros jóvenes a utilizar la tecnología para resolver problemas sociales. Ojalá dentro de cinco años podamos decir que ayudamos a mejorar la vida de muchas personas mayores y también la forma en la que la sociedad las mira, las valora y las escucha.

Más allá de Welyto, ¿cómo imaginas la relación entre las nuevas generaciones y las personas mayores en una sociedad cada vez más tecnológica?

Creo que tenemos una oportunidad preciosa para convertir la tecnología en un punto de encuentro entre generaciones. Las personas jóvenes podemos aportar conocimientos y nuevas herramientas, pero las personas mayores aportan experiencia, perspectiva y una memoria que no deberíamos permitir que se pierda.

El problema aparece cuando diseñamos la tecnología pensando únicamente en quienes ya están familiarizados con ella. Eso amplía la brecha generacional y deja fuera precisamente a quienes podrían beneficiarse mucho de determinados avances.

Las nuevas generaciones tenemos la responsabilidad de crear tecnología accesible y de enseñar con paciencia, pero también de detenernos a escuchar. La relación no debería consistir solamente en que nosotros les enseñemos a utilizar dispositivos. También debemos permitir que ellos nos enseñen cómo se construyeron nuestras familias, nuestras ciudades y nuestra sociedad.

Bien utilizada, la tecnología no tiene por qué alejarnos. Puede ayudarnos a compartir tiempo, recuerdos y conocimiento.

Y una pregunta más personal: con 24 años, ¿qué te ha enseñado este proyecto sobre la vida, sobre la familia y sobre la importancia de escuchar las historias de quienes estuvieron antes que nosotros?

Me ha enseñado que el tiempo con las personas que queremos no es infinito y que muchas de las cosas verdaderamente importantes no quedan guardadas en ningún sitio.

Las historias de nuestros mayores pueden parecernos cotidianas mientras las escuchamos, pero algún día se convierten en un tesoro. He aprendido que escuchar es una forma de querer y también de reconocer la dignidad de otra persona. Cuando alguien siente que su vida interesa, que sus recuerdos importan y que todavía tiene algo que enseñar, cambia su manera de relacionarse con los demás.

Mi abuela me enseñó todo esto antes incluso de que existiera Welyto. El proyecto me ha permitido transformar el dolor de ver avanzar su enfermedad en algo que pueda ayudar a otras familias. También me ha hecho valorar mucho más a la mía y comprender que innovar no siempre significa mirar exclusivamente hacia el futuro. A veces, innovar significa utilizar las herramientas del futuro para cuidar y conservar aquello que no queremos perder del pasado.

La historia de José Ropero habla, en realidad, de una cuestión mucho más antigua que la propia tecnología: nuestra necesidad de recordar y de ser recordados. Welyto nace de una herida familiar, pero mira hacia delante con la ambición de convertir la inteligencia artificial en una herramienta de compañía, memoria y conexión. En un tiempo obsesionado con lo nuevo, quizá su proyecto recuerde algo esencial: que avanzar no siempre significa dejar atrás, sino encontrar nuevas formas de cuidar aquello que merece permanecer. Y que, frente a cualquier algoritmo, todavía existe un gesto profundamente humano que ninguna máquina debería sustituir: escuchar.

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