Preparar una oposición es mucho más que memorizar un temario. Es aprender a convivir con la incertidumbre, organizar el tiempo, sostener la motivación y, sobre todo, descubrir hasta dónde somos capaces de llegar cuando un objetivo exige constancia durante meses o incluso años. Úrsula Campos conoce ese camino en primera persona: aprobó dos oposiciones a la primera y, a través de su escuela online Yo Opositora, ha acompañado a más de treinta mil alumnos en el proceso. Ahora reúne su experiencia en Hay una plaza para ti. 33 claves para sacar una oposición a la primera, una guía que reivindica el método, la planificación y la confianza, pero también el descanso, la salud mental y la necesidad de no dejar la vida en pausa mientras se persigue una plaza. Hablamos con ella de disciplina, motivación, soledad, memoria, crecimiento personal y de esa idea que atraviesa todo el libro: creer que es posible antes incluso de conseguirlo.

Has aprobado dos oposiciones a la primera y, después, has acompañado a miles de personas en ese mismo camino. ¿Qué aprendiste de tu propia experiencia como opositora que hoy consideras imprescindible transmitir a tus alumnos?

Aprendí tantas cosas… lo primero que hay muchas maneras de enfrentarse a una oposición. Que no solo es estudiar, que además de técnicas de estudio de alto rendimiento se requiere una buena organización y planificación, además de una mentalidad fuerte y por supuesto un acompañamiento para que el camino sea más rápido y ahorrarte muchos errores. Aprendí a tener paciencia, a lidiar con la incertidumbre y a agradecer cada paso, porque en las oposiciones estás mucho tiempo sin ver la plaza y tienes que aprender a valorar cada día, cada avance, cada pomodoro, cada tema… y así poco a poco se construye el camino que te lleva a la plaza.

El título del libro, Hay una plaza para ti, transmite una idea muy poderosa: la de que existe un lugar profesional que puede estar esperándonos. ¿Qué significa realmente para ti esa frase y por qué decidiste convertirla en el punto de partida del libro?

Le di muchas vueltas al título, la verdad, pero creo que Hay una plaza para ti transmite la idea de que es posible. Con un buen método, determinación e ilusión, llegarás a tu plaza. Es un punto de partida optimista, porque si crees que hay una plaza para ti, vas a mover cielo y tierra por conseguirla. Eso sí, por supuesto, tienes que hacer tu parte. A mis alumnos suelo decirles: te mereces la plaza, claro que sí, pero no va a caer del cielo. Hay que currárselo.

Opositar suele asociarse con muchas horas delante de unos apuntes, renuncias y una enorme disciplina. Sin embargo, tú hablas también de bienestar, salud mental y vida personal. ¿Por qué crees que hemos tardado tanto en entender que aprobar no debería significar dejar de vivir?

Quizás porque las personas tenemos tendencia a quedarnos con una parte, y también a irnos a los extremos. A mí me gusta ver las oposiciones como unas olimpiadas y los opositores son como los atletas, tienen que entrenar mucho tiempo para un solo día, así que no pueden llegar a ese día agotados, yo no lo concibo de otra manera. Y sí, hay que tener mucha disciplina, hacer renuncias y estudiar mucho, pero si es lo que quieres, también te da mucha satisfacción ver que avanzas y por supuesto, finalmente cuando se consigue. Además, muchas veces no nos dejamos ayudar, y en mi caso que siempre he sido una buena estudiante, pensaba que opositar era como todo lo demás, estudiabas y listo. Pero no es así, porque no vale con el aprobado, tienes que ir a por la máxima nota posible, los temarios son extensos, muchas veces son temarios abiertos y no pueden estudiarse en dos semanas. Por lo que hay que estudiar pero también cuidarse y no abandonar toda nuestra vida.

Una de las grandes dificultades del opositor es mantener la motivación cuando todavía no sabe cuándo llegará la recompensa. ¿Cómo se aprende a seguir adelante cuando el resultado parece demasiado lejos?

Hay que ponerse objetivos a corto y medio plazo para ver el progreso. Registrar lo que haces, para no dejarte llevar por sensaciones y también instaurar un sistema de recompensas. Muchas alumnas me dicen “es que no avanzo” y yo les digo, dame datos. Los datos nos ayudan a ver lo que realmente hacemos y pone sobre la mesa cómo podemos mejorar. Quizás podemos estudiar más o quizás ya estamos haciéndolo genial y tenemos que aprender a valorarlo. Esto también es importante porque la sobre exigencia puede llevarnos a burn-out. Si nada de lo que hacemos nos parece suficiente, podemos acabar quemándonos. Esto es tan malo como no hacer nada.

En el libro reúnes 33 claves para preparar una oposición de una manera eficaz y sostenible. Si tuvieras que quedarte solamente con tres, ¿cuáles serían y por qué?

La primera creer en ti, tener fe de que es posible. Confiar en tus posibilidades. Muchas veces no fallan las técnicas de estudio sino la creencia de que no es posible. La segunda tener un buen método de estudio, que incluya los repasos, que te acompañe en todo el proceso. Y la tercera tener ilusión. Para mí, buscar el reto, el juego, la diversión es muy importante. Y mucha gente lo ve como una tontería, o quizás imposible. Pero aprender a ver la oposición con estos nuevos ojos hace que rindas mucho más incluso los días que no tienes ganas.

Has creado Yo Opositora y has acompañado a más de treinta mil alumnos. Después de escuchar tantas historias, ¿cuáles son los errores que más se repiten entre quienes empiezan a opositar?

Hay muchísimas personas que no creen que puedan conseguirlo a la primera y entonces opositan y van al examen a “probar”. Esto hace que todo se extienda más, para mí es el principal error. Porque si vas a por todas, si vas a “aprobar” puede que no lo consigas, porque aquí no hay garantías, pero al menos no has tirado una convocatoria, sino que te llevas muchos aprendizajes y estás mucho más cerca de tu plaza.

También existe una parte de la oposición de la que se habla poco: la soledad. Cambian las rutinas, aparecen las comparaciones y muchas veces el entorno no comprende del todo lo que significa estudiar durante meses o años. ¿Cómo se combate esa sensación de estar solo en el camino?

Esto forma parte del camino, porque al final tienes que pasar muchas horas estudiando y si no has opositado, es difícil comprenderlo. Esta es precisamente una de las razones por las que creamos la Escuela Yo Opositora. Porque sabemos que el acompañamiento es imprescindible y que, si se sienten solas, muchas personas tiran la toalla. Así que animaría a todos los opositores a buscar un grupo de alto rendimiento para evitar esta soledad.

La elección de la oposición puede marcar varios años de nuestra vida. En tu libro orientas sobre las distintas posibilidades y perfiles profesionales. ¿Qué debería preguntarse una persona antes de decidir qué oposición quiere preparar?

Es una decisión importante y tiene que ser meditada porque las oposiciones no son solo unos exámenes, sino que optas a un puesto de trabajo que vas a tener que desempeñar. Para elegir una oposición tienes que tener en cuenta múltiples factores. Partiendo de tu formación, según cuál sea tu titulación, vas a poder optar a unas u otras oposiciones. Por otro lado, la vocación, tienes que pensar si ese puesto al que optas encaja contigo y con tus circunstancias. El ámbito territorial, hay oposiciones locales y otras nacionales, por lo que es posible que tengas que trasladarte a otro municipio o comunidad. Los tipos de exámenes, el temario y tipo de oposición, algunas además de la fase de oposición tienen una fase de concurso y por tanto cuentan los méritos para adjudicar la plaza. Y por último una parte más estratégica y práctica, la periodicidad con la que se convocan las oposiciones, eso también es importante tenerlo en cuenta. Puede parecer algo obvio pero pararse a reflexionar y elegir la oposición que más te encaje puede ser clave para conseguir tu plaza a la primera.

Memorización, planificación, concentración, descanso… Parece que opositar también tiene mucho de conocerse a uno mismo. ¿Hasta qué punto crees que una oposición puede convertirse en un proceso de crecimiento personal?

El autoconocimiento es clave en este proceso. De hecho, fue uno de los regalos que me dio la oposición. No solo la plaza sino conocerme a mí misma, saber cómo reacciono bajo presión y sobre todo aprender a gestionar mis emociones, a cuidar mis pensamientos y a cuidarme. Muchas personas viven este proceso como un sufrimiento, pero yo sé que puede ser un proceso de crecimiento. Sabemos que el crecimiento es incómodo, que va a haber dificultades pero conlleva una recompensa mayor.

En una sociedad acostumbrada a la inmediatez, preparar una oposición exige precisamente lo contrario: paciencia, repetición y aceptar que los resultados no llegan de un día para otro. ¿Qué nos puede enseñar el mundo de las oposiciones sobre nuestra relación actual con el éxito?

Las oposiciones son un gran aprendizaje porque nos recuerdan que no siempre se consiguen las cosas con la rapidez que queremos. Que no hay atajos, que todo tiene un proceso y que sí o sí hay que hacer un buen trabajo si quieres conseguirlo.

Tú conseguiste tu primera plaza con 25 años y la segunda cuatro años después. Mirando ahora a aquella Úrsula que comenzaba a opositar, ¿qué le dirías si pudieras sentarte hoy con ella durante cinco minutos?

Le diría que confiase en ella misma, y que la plaza no es el final, sino el principio de una nueva etapa. Esto es algo que a mí nadie me dijo y creo que es importante porque a mí me hubiera gustado saber que hay muchas opciones una vez que consigues la plaza.

Y para terminar, para esa persona que está leyendo esta entrevista con los apuntes delante, cansada, quizá dudando de sí misma y preguntándose si algún día llegará su plaza: ¿qué te gustaría decirle?

Sé que hay dudas, y que a veces hay miedo, pero pon foco en estudiar bien. Sigue, sigue y sigue. Planifica el estudio, pero también los descansos. Rendirás mucho más si sabes que más tarde tienes algún plan que te motiva. Coge las riendas de tu oposición y de tu vida y no te olvides que “hay una plaza para ti”.

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