En el corazón de Chamberí, BRAZZA propone una forma de entender la gastronomía en la que el fuego vuelve a ocupar el centro de la mesa. Bajo la dirección del chef argentino Franco Malacisa, el restaurante construye un discurso culinario alrededor de las brasas, el producto y una cocina de raíces rioplatenses que dialoga con el Mediterráneo. Carnes seleccionadas, empanadas, provoleta, verduras de temporada y elaboraciones pensadas para compartir componen una carta que reivindica el placer de comer sin artificios, pero con una mirada contemporánea y una especial atención al detalle.
La personalidad de BRAZZA nace también del largo recorrido de su chef. Franco Malacisa acumula más de tres décadas de trayectoria y una formación internacional que le llevó a trabajar durante más de diez años en cocinas de Italia, París, Londres, Moscú y Siberia. Ese viaje por distintas culturas gastronómicas terminó construyendo un lenguaje propio, basado en la precisión técnica, el respeto por el ingrediente y una cocina de autor que no necesita disfrazar el producto. De vuelta en Argentina, su restaurante Chizza, en Los Cardales, consolidó esa filosofía y se convirtió en un destino gastronómico reconocido por su propuesta cálida y cuidada. Ahora, Madrid se convierte en el nuevo escenario de una cocina que entiende que la experiencia comienza mucho antes del primer bocado.
La carta de BRAZZA se mueve con naturalidad entre el recetario rioplatense y la sensibilidad mediterránea. Entre las entradas aparecen las empanadas de carne cortada a cuchillo, las mollejas a la brazza con miel y limón, las alcachofas con romesco, parmesano y aceite de oliva o una ensalada de tomates de temporada; pero es en las carnes donde el fuego adquiere todo su protagonismo, con entraña, milanesa de carne, lomo bajo de Frisona y un Tomahawk de 1,5 kilos pensado para entregarse al ritual de compartir. La propuesta continúa con verduras a la brasa, boniato a la chapa, espárragos trigueros y una selección de postres donde aparecen la pavlova, el cremoso de chocolate y los panqueques de dulce de leche. Todo acompañado por una cuidada selección de vinos nacionales e internacionales y por una hospitalidad que busca convertir cada visita en algo más que una comida: una celebración alrededor del fuego, el producto y la conversación.




