Por Marc Doménech
En el mundo en el que vivimos, uno no puede ser una sola cosa. No basta con ser solo guapo, o solo alto, o solo valiente, o solo cobarde; tampoco con tener talento, con tener don de gentes o con haber hecho méritos suficientes para ocupar un lugar. Hay que ser una extraña conjunción de todo ello. Una fusión de estética y valentía, de sensibilidad y determinación, de aquello que uno es y aquello que está dispuesto a hacer para defenderlo.
Así es el mundo y, por ende, el toreo, que habita en este mundo, y los toreros, que habitan en ese compartimento. A Sergio Rodríguez no le tiembla el pulso al descubrir la falta de honor y compromiso. “Jugarse la vida… ¿para qué?”, llegan a preguntarse muchos. Pues, aun así, aunque el más bello de los propósitos careciera de sentido, existiría un torero dispuesto a jugársela por algo mucho más trascendente de lo que somos capaces de comprender.
Sergio tiene 25 años y nació en Ávila. Es matador de toros, pero cuando se le pregunta por su ser, habla antes que nada de disciplina. Después habla de toros y después del resto. Decidió ser torero porque todo lo demás que ha intentado en su vida no le “llenaba de la misma manera; el toreo es aquello con lo que realmente me siento identificado”, sentencia.
Hay algo romántico en Sergio. Algo pausado, reflexivo; incluso mantiene una serenidad intransigente. Ganó la Copa Chenel el pasado año, se juega cada tarde como si fuera la última y, sin embargo, sigue peleando por su sitio -merecido- entre la juventud que asoma la cabeza pidiendo paso.
PREGUNTA: ¿Hay algo de destino en ser torero o es una decisión que uno renueva cada mañana?
RESPUESTA: Los toreros somos unos privilegiados por el hecho de que el destino haya colocado esta profesión en nuestro camino. También es cierto que cada mañana uno decide si sigue siendo fiel a esa vocación. El destino te lo pone enfrente, pero la determinación diaria es la que te mantiene en ese lugar.
P. ¿Qué te da el toro que no te da la vida cotidiana?
R. Prácticamente no tengo una vida cotidiana al uso. Vivo por y para esto. El toro me lo da todo: me da la vida. Es una entrega absoluta.

P. ¿Prefieres el arte o el valor?
R. El valor es el cimiento y el arte es un don que a Dios le corresponde dar. Son dos dimensiones difíciles de ligar, pero cuando se consigue que vayan de la mano, la tauromaquia logra unos niveles prácticamente inalcanzables.
No me quedaría con uno solo. Quiero poder conjugar y reunir en mi toreo ambas vertientes, tan fundamentales.
“El fracaso sabes que no va a tener recompensa. Triunfando es cuando llegan las dudas”.
P. ¿Crees que el mundo iría mejor si se valorara como es debido el valor, la entrega y las faenas bien hechas?
R. Por supuesto, sobre todo si se valorase la entrega y los logros de los matadores jóvenes, los que estamos empezando y aún no tenemos tanta experiencia ni oficio. Todo cambiaría si se valorasen las grandes faenas que conseguimos realizar pese a nuestra poca experiencia.
P. Hay algo paradójico en todo esto: el año pasado fue duro para ti. El sacrificio que llevas es enorme, ganaste la Copa Chenel y, sin embargo, te veías abocado a reivindicar tu puesto.
R. Pensé que ganar el certamen iba a tener repercusión más allá de lo mediático; pensé que los empresarios iban a contar con mi nombre, y no fue así. Pero el toreo es así: no sirve con conseguir una sola cosa, tienes que ir consiguiendo muchas. Es un proceso largo en el que hay que tener mucha paciencia.
P. ¿El triunfo produce más dudas que el fracaso?
R. El fracaso sabes que no va a tener recompensa. Sin embargo, triunfando es cuando llegan las dudas de si ese triunfo es tan importante como para tener la recompensa que uno espera.
P. La tarde del pasado 12 de octubre en Las Ventas estuvo cargada de simbolismo: toreaba Morante y se despedía el maestro Fernando Robleño -aunque con los toros poco se pudo hacer-. ¿Qué significó para ti estar ahí?
R. Fue un privilegio estar allí vestido de luces. También hubo momentos duros. Era el día de mi confirmación y sentía que debía colocarme en el sitio por el que trabajo todos los días. Pero, por lo que allí ocurrió, mi imagen quedó eclipsada.
Ahora que han pasado los meses, he comprendido que el toreo es así. Aunque a veces no es lo que uno sueña ni desea, es caprichoso. Confío en que el destino me tenga algo grande preparado.
“Siempre he pensado que quien se queda en mi vida, se queda de verdad, a pesar de todas las dificultades que esto conlleva”.
P. ¿Qué hay detrás de esas “tardes de soledad”?
R. Mucha preparación, sacrificio, dudas y renuncias. Pero, sobre todo, hay una fe que lo sostiene todo.
P. ¿Vale la pena morir por amor?
R. Si es amor puro y verdadero, no es morir es, más bien, entregarse. Cuando es así, merece la pena la entrega absoluta, hasta incluso el morir.

P. ¿Cómo llevas las relaciones personales con esta vida tan solitaria y exigente?
R. No es fácil entender el estilo y forma de vida de los toreros. Siempre he pensado que quien se queda en mi vida, se queda de verdad, a pesar de todas las dificultades que esto conlleva.
“En los carteles de figuras vendría bien que dejasen espacio para los toreros jóvenes, porque somos el futuro”.
P. ¿En qué momento personal sientes que te encuentras ahora mismo?
R. Estoy en un momento de gran madurez, siendo muy consciente de que este año las oportunidades están siendo escasas, pero de gran importancia. Hay momentos en los que aparecen las dudas y momentos en los que la ilusión es tremenda.
P. ¿Qué crees que le falta a la tauromaquia?
R. Un relevo generacional importante. Las figuras del toreo ya llevan muchos años siéndolo y creo que en los carteles de figuras vendría bien que, poco a poco, dejasen espacio para los toreros jóvenes, porque somos el futuro.
P. ¿Y qué le sobra?
R. Siento que no le sobra nada. Es una profesión honrada y verdadera, la más pura que hay, de hecho.
P. Si tuvieras que explicarle a un niño por qué haces esto, ¿qué le dirías?
R. Que el toro es mi vida, es donde yo me siento realizado como persona, puro y de verdad. Aunque haya cosas que den miedo, merece la pena vivirlas, más si es el sueño que has tenido desde niño. Ser matador de toros, haber podido confirmar la alternativa… son sueños que he tenido desde pequeño y cumplirlos es lo que más feliz me hace.
Fotografías: cedidas por Sergio Rodríguez




