Septiembre no es un mes. Septiembre es un lugar. Uno en el que no quieres pensar al principio del verano pero en el que colocas muchas de las cosas que más importarán al final del año.
Septiembre no es solo un mes, septiembre es un lugar donde todo cabe.

En septiembre has colocado la cena con tu compañero del colegio al que hace años que no ves. En septiembre vas a preparar la primera clase que impartirás en la universidad después de tantos años sin pisar un aula. En septiembre pensarás como afrontar todos los gastos que el segundo semestre del año traerá porque ya los has comprometido. En septiembre, y no antes, empezarás a descontar días para que en diciembre te llegue un nuevo cambio de década. En septiembre tienes muchas respuestas que recibir pendientes. En septiembre tienes que responderte a ti mismo otras tantas que, de momento, has preferido evitar.

La vuelta del verano es un momento mucho más conveniente que el principio del año. El principio del año es comprometido, definitorio y casi irrenunciable. Septiembre es mucho más flexible y adaptativo. Si en este mes, lo que había de pasar no pasa, puede ser por mucho motivos. Casi todos ellos justificaciones validas con uno mismo para no echarse la culpa de lo que no suceda.

Septiembre no puede ser solo un mes, ha de ser un lugar. Uno grande, no como un país, sino como un continente. Uno donde quepa todo lo que todos hemos decidido colocar, desde hace meses, justo después de agosto.

Es un mes tan dúctil que sirve para definir lo contrario de una estación de la que todavía es parte. Un mes que da tanto miedo que no dejamos de invocarlo para que desaparezca, disolviéndose en las semanas de julio y agosto que no queremos que acaben.
En julio, si te lo propones, puedes ser quien quieras. Con buena estrategia, incluso llegar a finales de agosto esquivando tus miedos, limitaciones y certezas. Con suerte, y si te organizas bien, representaras una obra que suspenda la realidad que, inevitablemente, septiembre revelará.

Julio y agosto nos hacen atrevidos, buenos cliente y malos inversores. Los meses del verano nos hablan de un modo distinto a como lo hacen otros meses del año. Nos convencen fácil y les damos lo mejor de nosotros. Tan bueno es lo que les entregamos, que no es lo que realmente somos, solo lo que queremos que sea. Lo que queremos que sea aunque luego, en septiembre no entendamos bien que pasó.

Todo lo que sucederá en septiembre no cabe en ningún otro mes, así que año tras año, verano tras verano, ahí lo colocamos todo.

Septiembre no es lugar pero ojalá lo fuera. De ser así, yo, no iría.

Juan Carlos Ahijón es emprendedor y consultor especializado en retail, creación de marcas y estrategia, con una trayectoria profesional desarrollada entre España y Asia. Tras una extensa carrera corporativa, emprendió una nueva etapa vital en Bali, desde donde ha desarrollado distintos proyectos profesionales y creativos. Es autor de la novela Bajo el cielo de Madrid, publicada por Egales, en la que Madrid se convierte en escenario y protagonista de una historia de identidad, relaciones y reinvención.

Foto: Jesús Isnard

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