Por Marc Doménech
Tiene 24 años, nació en Albacete y su convivencia con el toro fue casi natural. Manuel Caballero vivió el año pasado una de las tardes más especiales de su carrera al tomar la alternativa en una ceremonia marcada por la presencia de su padre, también matador de toros. Más allá de aquella imagen, vive ahora una temporada decisiva para seguir encontrando su sitio dentro del escalafón.
Hay apellidos que abren puertas, pero ninguno sostiene una carrera. Creció en una familia donde el toro forma parte de la vida cotidiana, aunque insiste en que, cuando llegó a la escuela taurina, fue uno más. Como cualquier otro chaval que empieza desde cero.
Su nombre ocupó titulares por una alternativa poco común, en la que Paco Ureña quiso que fuera Caballero padre quien le entregara los trastos. Aquella imagen dio la vuelta al mundo taurino. Sin embargo, basta conversar unos minutos con él para descubrir que hay bastante más detrás de aquella fotografía: naturalidad, familia y sensibilidad; más preocupación por seguir construyéndose que por llamar la atención.
Conserva la tranquilidad de quien tiene muy claro cuál es su sitio hoy y cuál quiere que sea mañana. Da la impresión de que Manuel Caballero entiende que una carrera no se construye a golpe de una tarde, sino de muchas. Quizá ahí resida, precisamente, la mejor forma de presentarlo.
PREGUNTA: Procedes de una familia vinculada al toro. ¿Qué parte de tu toreo es instinto puro y cuál es aprendizaje heredado?
RESPUESTA: Mi toreo, sobre todo, lleva algo innato, que es el temple y el dominio. Eso me sale solo, sin pensarlo. Y como algo heredado, te diría toda la técnica. La he ido tomando de mi padre.
P. ¿Quién ha sido Manuel Caballero en el pasado 2025 y quién está siendo en este 2026?
R. En 2025 he sido un torero con muchas condiciones, con la moral necesaria para afrontar compromisos importantes. Ha sido un año en el que he querido dar un golpe sobre la mesa, sobre todo al tomar la alternativa al final de la temporada. Quizá me hayan faltado triunfos de mayor peso, pero también siento que ha sido un año de consolidación, de seguir creciendo y de avanzar en mi tauromaquia.
Este año quiero que se vea a un torero que sigue evolucionando, que continúa creciendo y que, paso a paso, va alcanzando un nivel cada vez mayor.
P. La toma de alternativa fue un acontecimiento muy mediático, curioso; fue tue padre quien te cedió los trastos. ¿Por qué lo hicisteis de ese modo?
R. Es cierto que hubo algo de controversia sobre lo que sucedió, pero fue un gesto bonito y, sobre todo, de respeto y admiración por parte del maestro Paco Ureña hacia mi padre. Para mí se va a quedar siempre en el recuerdo. No había nada preparado; fue todo invención y creación del maestro, y la plaza vivió una tarde emocionante.
P. Cuando tu padre te entregó los trastos, ¿qué sentiste primero: orgullo, presión, miedo o paz?
R. Nunca he sentido presión por parte de mi padre, ni por parte del público. He sentido responsabilidad, sobre todo por no defraudarme a mí mismo, incluso más que a él. Todo lo que sentí fue orgullo, alegría y que era algo muy bonito poder vivirlo con él.
“Tener miedo me hace estar más responsabilizado; me sirve más como motor que como freno”.
P. En una época de exposición constante, redes y opinión inmediata, ¿cómo proteges tu intimidad y tu cabeza?
R. Gracias a Dios, soy un chaval que tiene la cabeza bastante amueblada y que, aunque estoy inmerso en el mundo de las redes, porque creo que es importante, intento estar a lo mío. Mantengo mis relaciones de amistad, que son pocas y muy cercanas, e intento prestar atención a lo que realmente me importa y me puede aportar. Las cosas que no tienen verdadera importancia, o que no me pueden aportar nada, intento que no ronden mucho por mi cabeza.

P. ¿Te permites ser vulnerable o el torero siempre tiene que mostrarse fuerte?
R. Es algo que todas las personas deberíamos permitirnos. Otra cosa es que no lo mostremos, porque quizá no sea decoroso que alguien vea tu vulnerabilidad, más aún cuando tienes que ser la figura de un torero macizo, de un torero hecho.
Es bueno haber sido vulnerable y haber superado ciertas situaciones para que eso aporte un poquito más a lo que es, en este caso, mi toreo.
P. Cuando te miras al espejo antes de salir al ruedo, ¿qué necesitas decirte para cruzar la puerta?
R. Tengo muchas conversaciones conmigo mismo. En el espejo me miro lo justo. Esa conversación mental, antes de hacer algo importante en tu vida, es crucial. Intento transmitirme seguridad, paz y, sobre todo, convencerme a mí mismo de que soy un hombre fuerte.
“Desde que empecé en esta profesión, soy un chico más responsable, más maduro y con más empatía. Vivimos con una intensidad diferente”.
P. ¿Qué miedos te acompañan ahora, en esta temporada, que no tenías como novillero?
R. Miedos hay muchos, casi los mismos. Miedo a la incertidumbre, al no saber qué va a pasar y si voy a ser capaz de afrontarlo. Pero tener miedo me hace estar más responsabilizado; me sirve más como motor que como freno. El miedo siempre debe ayudar a seguir hacia delante.
P. ¿Qué no estás dispuesto a negociar nunca, aunque te cueste contratos u oportunidades?
R. La verdad y, sobre todo, mi forma de entender, primero, mi profesión y, segundo, mi vida. Por esas cosas no estoy dispuesto a dejar que nadie me pise.
P. ¿Qué valores crees que puede aportar hoy tu profesión a un mundo que corre tan rápido?
R. Desde que empecé en esta profesión, soy un chico más responsable, más maduro y con más empatía. Vivimos con una intensidad diferente. Para lo rápido que vivimos, disfrutamos de verdad. Eso es lo más importante que me ha enseñado esta profesión: que todo lo que hagas en tu vida lo hagas con corazón, poniendo todo tu cuerpo, tu mente y tu alma en ello.
P. Si esta temporada fuera un concepto, una palabra, ¿cuál sería?
R. Ilusionante.
Mientras el escalafón sigue su curso y las plazas dictan sentencia, Manuel Caballero afronta una temporada decisiva con una idea clara: crecer. Su temporada la define con una sola palabra: ilusionante. Quizá porque entiende que la ilusión no es la meta, sino la forma de recorrer el camino.
Fotografías cedidas por Manuel Caballero.





