Por Marc Doménech
Hubo un tiempo en que las plazas eran el único lugar donde nacían los grandes relatos taurinos. Allí se forjaban los nombres destinados a trascender generaciones y a convertirse en iconos capaces de mover multitudes – Belmonte, Manolete, El Cordobés o José Tomás- mucho antes de que existiera una palabra para definir ese fenómeno: supongo que hoy los llamaríamos influencers. Hoy el escenario es otro. La conversación también sucede en una pantalla, donde un vídeo de apenas un minuto puede despertar la curiosidad de quien nunca ha cruzado el umbral de una plaza.
Lejos de diluirse en la velocidad de las redes sociales, la tauromaquia ha encontrado en ellas un nuevo lenguaje para seguir contándose. Uno que no renuncia a la historia ni a la liturgia, pero que entiende que toda tradición necesita encontrar la forma de dialogar con su tiempo. En un mundo que consume imágenes a la velocidad con la que olvida, detenerse a comprender adquiere un valor casi excepcional.
En ese espacio se mueve Nicolás Grande (@nicolas.grandee en TikTok y @nicolasgr_ol en Instagram). Con apenas veinte años, estudiante de Veterinaria, divulgador y creador de contenido, acumula cerca de dos millones de visualizaciones y una comunidad formada, en su mayoría, por jóvenes. Ha hecho de la divulgación taurina una forma de acercar un universo complejo a quienes apenas habían oído hablar de él. Entre curiosidades, episodios históricos y actualidad, demuestra que las redes también pueden ser un lugar para la memoria.
PREGUNTA: ¿Cuál crees que es la estética de la tauromaquia para un público que no ha pisado nunca una plaza?
RESPUESTA: Una persona que nunca ha visto una corrida busca, sobre todo, lo espectacular: la valentía del torero. Cuanto más se juegue la vida, mejor. Creo que hay toreros más aptos que otros para este tipo de público. Son necesarios, evidentemente, pero el público debe saber que también existe el toreo clásico, que es más bello.
En eso se basa la belleza del toreo: en la diversidad. Nunca encontrarás una corrida idéntica a la anterior.
P. ¿Cómo ves el papel de tu comunidad digital?
R. Es gente muy joven que descubre la tauromaquia gracias a las redes. Eso es lo que me diferencia de los demás: evangelizar el toreo. Creo que esa labor es muy importante en nuestra sociedad actual, con tanto ruido animalista.
“Manolete fue el rostro de la posguerra y eso es importante que la gente lo entienda”.
P. En un ecosistema digital saturado, ¿sientes que estás ocupando un espacio que nadie había trabajado antes?
R. La tecnología siempre ha llegado tarde a la tauromaquia, y eso tiene cosas buenas y malas. El tradicionalismo es positivo, pero si queremos que no muera, debemos adaptarnos. En este caso, las redes son la mayor oportunidad que ha tenido la tauromaquia en su historia. No lo digo subjetivamente, sino porque hemos visto que, gracias a ellas, las plazas han vuelto a colgar carteles de “No hay billetes” más que nunca en la última década.
P. ¿Cuál fue el momento en el que entendiste que Instagram podía ser algo más que promoción y convertirse en relato cultural?
R. En el momento en que mis espectadores me pedían más. La gente quería aprender. La tauromaquia se enseña; es un mundo en el que nunca dejas de aprender. La tauromaquia es identidad y, en muchas ocasiones, explica la historia de España. Manolete, por ejemplo, fue el rostro de la posguerra y eso es importante que la gente lo entienda.
P. ¿Qué quieres lograr realmente a través de las redes?
R. Quiero ser un evangelizador de nuestra cultura, pero, a la vez, quiero que el aficionado se sienta identificado conmigo. En un entorno de contenido “basura”, es importante que aparezcan caras reconocibles que conecten con el espectador. Mi máxima sería dejar un archivo audiovisual de la memoria de España y de la comunidad franco-hispana.

P. ¿La tauromaquia necesita una traducción al lenguaje digital para sobrevivir en esta era?
R. Completamente, y no es solo cosa mía; las empresas también lo saben. De hecho, ya hay una empresa que ha hecho un experimento: no colgar carteles en la calle para un festejo y promocionarlo solo por redes, y fue un éxito. La gente cada vez ve menos carteles por la calle o lee menos crónicas, y eso es evidente.
“A falta de identidad, somos borregos. En la tauromaquia, en cambio, encontramos un haz de esperanza”.
P. ¿Cómo decides qué mostrar y qué no mostrar?
R. Intento ser lo más transparente posible, aunque es cierto que soy un estudiante de Veterinaria y tengo 20 años, así que muchas veces tengo que andar con cuidado con lo que digo. Siempre tengo a mi madre aconsejándome. Quiero conectar con el espectador, busco la autenticidad. Eso también es la tauromaquia: verdad. Por lo tanto, sería hipócrita no enseñarla.
P. ¿Has sentido resistencia dentro del propio mundo taurino por tu forma de comunicar?
R. No puedo gustarle a todo el mundo. Lo comprendo y respeto, pero no comparto su opinión. Creo que hay que adaptarse y que lo nuevo no siempre es malo. Si, en este sentido, no nos adaptamos, la tauromaquia tendrá fecha de caducidad.
P. Si tuvieras que explicar por Instagram a alguien completamente ajeno a esta cultura por qué debería interesarse en ella, ¿qué le dirías?
R. Que es un relato de vida; en él conviven vida y muerte. Es la vida humana camuflada en arte. En definitiva, la tauromaquia es una forma de entender la vida. Pero es muy difícil explicarlo con palabras; le diría que lo viviera, acompañado de alguien que sepa y le enseñe.
P. ¿Cómo imaginas el futuro de la tauromaquia en redes?
R. No me lo imagino, lo estoy viendo. Las crónicas desaparecen y las sustituyen los vídeos resumen. Creo que habrá una comunidad de influencers muy potente, ahora emergente. Ojalá algún día seamos referentes para nuestro país, porque ahora mismo eso es lo que falta: referentes con los que sentirse identificado. La identidad es muy importante para ser críticos y mejores. A falta de identidad, somos borregos, y eso es lo que quieren hacer con nosotros las élites. En la tauromaquia, en cambio, encontramos un haz de esperanza.
Las redes sociales pasarán. Llegarán otras plataformas, otros formatos y otras maneras de consumir historias. Lo que permanecerá será la necesidad de seguir contándolas. Quizá ese sea el verdadero valor de quienes hoy traducen la tauromaquia al lenguaje de una nueva generación: no perseguir la viralidad, sino impedir que la historia y la tradición deje de tener quien las pronuncie.




