Hay quienes crean una marca para ocupar un espacio en el mercado y quienes lo hacen para dar forma a una manera de entender la vida. Adriana Delás-Vigo pertenece a este segundo grupo. Su firma de velas nace de una historia profundamente personal, tejida entre Madrid, Italia, Menorca, Barcelona y Río de Janeiro, lugares que no solo han marcado su biografía, sino también su forma de comprender la belleza, el tiempo y el significado del hogar. Porque, después de vivir en distintos países y construir una vida lejos de sus raíces, descubrió que el hogar nunca había sido una dirección concreta, sino una emoción capaz de acompañarla allí donde estuviera. De esa certeza surge Delás-Vigo: una colección de velas concebidas para transformar los espacios con la misma naturalidad con la que un recuerdo transforma un instante.
La idea apareció casi sin proponérselo, cuando decidió elaborar unas velas para regalar a familiares y amigos durante la Navidad. Aquello que comenzó como un gesto íntimo terminó convirtiéndose en una búsqueda casi artesanal de la cera perfecta, de fragancias equilibradas y de materiales naturales capaces de transmitir calma sin imponerse. En un momento en el que la velocidad parece haberse instalado en todas las facetas de la vida, Adriana reivindica el valor de los pequeños rituales: encender una vela antes de una cena, detenerse unos minutos al caer la tarde o crear una atmósfera que invite a quedarse un poco más. En esta conversación con ESSENCEmag, habla del poder de la memoria olfativa, de la importancia de los detalles y de una filosofía que resume con la sencillez de quien ha aprendido que los momentos más importantes rara vez son los más extraordinarios.

¿Delás-Vigo nace de una experiencia vital muy personal. ¿En qué momento sintió que era el momento de crear algo propio?
Delás-Vigo nació en un momento de cambio personal. Tras años dedicados principalmente a mi familia, sentí el deseo de crear un proyecto propio que pudiera compaginar con esta etapa de mi vida.
Siempre he tenido una sensibilidad especial hacia los aromas, los espacios y los objetos que ayudan a crear atmósferas acogedoras. La idea de la marca empezó a tomar forma cuando decidí crear unas velas para regalar a familiares y amigos en Navidad. Lo que comenzó como un gesto personal despertó en mí la ilusión de desarrollar algo más amplio y terminó convirtiéndose en Delás-Vigo.
Al mismo tiempo, quise que la marca reflejara también mis raíces. Elegí utilizar mi apellido familiar y reinterpretar el escudo de mi familia como parte de la identidad visual de Delás-Vigo. Después de haber vivido en distintos países y de haber pasado gran parte de mi vida lejos de los míos, fue también una forma de mantener ese vínculo presente.
Ha vivido entre Madrid, Italia, Menorca, Barcelona y Río de Janeiro. ¿Qué ha aportado cada lugar al alma de la marca?
Es una pregunta difícil porque me resulta imposible separar la marca de todos esos sitios.
No creo que ninguno de esos lugares se refleje de forma literal en Delás-Vigo, pero todos han contribuido a formar mi manera de ver el mundo, de entender la belleza y de crear una sensación de hogar.
Río de Janeiro me dejó los recuerdos de la infancia, los aromas, la naturaleza y una forma muy emocional de vivir las cosas. Madrid fue donde crecí y donde construí gran parte de la persona que soy hoy. Barcelona siempre ha estado ligada a mis raíces familiares y a muchos recuerdos con mi familia. Menorca es nuestro refugio, el lugar donde el tiempo parece ir más despacio. E Italia es donde he formado mi familia y donde he aprendido a apreciar aún más la belleza de lo cotidiano.
Por eso creo que todos esos lugares forman parte de Delás-Vigo de una manera u otra. No porque la marca quiera representar ninguno de ellos, sino porque han formado parte de mi vida. Quizá por eso me cuesta responder qué ha aportado cada lugar a la marca. A veces tengo la sensación de que cada fragancia guarda un pequeño fragmento de alguno de ellos.
¿Recuerda la primera vela que encendió y que le hizo comprender el poder que tiene un aroma sobre las emociones?
Lo que siempre me ha fascinado de los aromas es que no solo tienen la capacidad de transportarnos a recuerdos. También pueden formar parte de los recuerdos que estamos creando.
Con el tiempo me he dado cuenta de que muchas etapas de mi vida y muchos momentos importantes tienen un aroma asociado. A veces ni siquiera somos conscientes de ello, pero los aromas terminan formando parte de nuestra memoria emocional. Años después, basta percibir una nota familiar para que regresen sensaciones, imágenes o emociones que creíamos olvidadas.
Creo que fue así como comprendí el poder que tienen los aromas sobre nosotros.
Usted habla del hogar como una sensación más que como un lugar. ¿Cómo definiría esa sensación?
Para mí, el hogar nunca ha estado ligado únicamente a un sitio. Quizá porque he vivido en distintos lugares y he conseguido sentirme en casa en todos ellos.
Con los años he comprendido que el hogar es más una sensación que un espacio físico. La definiría como una mezcla de calma, familiaridad y pertenencia. Es esa sensación de llegar, de bajar la guardia y de sentir que perteneces a ese lugar.
También creo que esa percepción cambia con el tiempo. Las personas, las circunstancias y los lugares evolucionan. Tal vez por eso cada vez valoro más la capacidad de crear esa sensación allí donde estoy.
¿Qué buscaba transmitir cuando decidió lanzar Delás-Vigo?
Quería crear una pieza capaz de integrarse de forma natural en los espacios y, al mismo tiempo, aportar algo a ellos. Una presencia discreta, pero difícil de pasar por alto.
También era importante para mí unir esa dimensión estética con materiales de origen natural y fragancias pensadas para acompañar, no para imponerse. Aromas que pudieran convivir con el día a día sin saturar el ambiente ni cansar con el tiempo.
Más que transmitir una idea concreta, quería crear una sensación. Que al encender una vela Delás-Vigo apetezca quedarse un poco más. Disfrutar del espacio, del momento y de la atmósfera que se crea alrededor. Una presencia silenciosa. Una impresión duradera.
En una época marcada por la velocidad, sus velas parecen invitar a la pausa. ¿Cree que hemos olvidado la importancia de los pequeños rituales?
Sí, lo creo. Vivimos en una época en la que todo sucede muy deprisa y en la que cada vez resulta más difícil estar realmente presentes.
Con los años he aprendido a valorar mucho más el tiempo compartido, una comida en familia, una conversación con amigas, una pequeña celebración, el contacto con la naturaleza o simplemente un momento de calma, sin dispositivos de por medio. Son cosas sencillas, pero precisamente por eso tienen un valor enorme.
También tengo la sensación de que estamos perdiendo la capacidad de detenernos en los pequeños detalles. Cuando mis hijos se aburren, muchas veces les digo que miren por la ventana porque siempre hay algo interesante que descubrir. Creo que el entusiasmo por las pequeñas cosas marca una gran diferencia.
También creo que el entorno influye más de lo que pensamos. Nos sentimos de una manera distinta cuando estamos en un lugar cuidado, acogedor y bonito. Quizá por eso me gusta pensar que las velas forman parte de esos momentos. No como protagonistas, sino como un pequeño elemento que acompaña encuentros, conversaciones y recuerdos que permanecerán mucho más allá de ellas.
¿Qué papel desempeñan los aromas en su vida cotidiana?
Los aromas forman parte de mi vida cotidiana de una manera muy natural. Los asocio mucho a los distintos momentos del día. Me gusta que estén presentes al llegar a casa, cuando necesito desconectar, durante una cena en familia o en un momento de calma al final de la tarde.
Siempre les he dado importancia. Igual que cuido la luz, los materiales o los pequeños detalles de un espacio, también cuido cómo huele. Para mí, forma parte de la experiencia de vivirlo.
¿Cómo fue el proceso de encontrar la cera, las fragancias y los materiales adecuados?
Fue un proceso mucho más largo de lo que imaginaba. Tenía muy claro lo que no quería, pero también una idea muy definida de lo que buscaba y encontrarlo me llevó tiempo. Además, dar con proveedores dispuestos a trabajar pequeñas cantidades para un primer lanzamiento fue todo un reto.
Quería materiales cien por cien naturales, una combustión limpia y fragancias con el máximo grado de naturalidad posible, capaces de acompañar un espacio sin saturarlo. Buscaba aromas equilibrados, con presencia, pero que siguieran resultando agradables incluso después de horas encendidos.
Lo mismo ocurrió con el recipiente, las etiquetas y el packaging. Cada elemento debía estar en armonía con los demás y responder a la misma visión, evitando el plástico. Más que tomar decisiones aisladas, sentí que estaba construyendo una experiencia completa: visual, sensorial y muy ligada a los materiales. Quería que cada detalle transmitiera cuidado y que descubrir la pieza resultara especial desde el primer momento.
¿Qué diferencia a Delás-Vigo de otras marcas de velas artesanales?
Creo que la diferencia está en el origen de la marca.
Delás-Vigo nació del deseo de crear algo propio y profundamente personal, hasta el punto de llevar mi propio apellido como nombre. Eso hace que cada decisión la haya vivido de una forma muy distinta. Nunca sentí que estuviera creando simplemente un producto, sino algo que me representara de verdad.
Desde el principio tuve muy claro que no quería lanzar una vela más. Dediqué mucho tiempo a desarrollar las fragancias porque para mí eran una parte esencial del proyecto. Buscaba aromas que me transmitieran algo, que tuvieran cierta conexión con mis recuerdos y que siguieran resultando agradables con el paso del tiempo.
También quería que la vela fuera una pieza capaz de completar una mesa, acompañar una celebración, aportar calidez a una cena o dar personalidad a un rincón especial de una casa.
¿Hay alguna fragancia de la colección que refleje especialmente una etapa de su vida?
Sí, seguramente Court Flower.
Representa una etapa de mi vida en la que empecé a sentirme lo suficientemente madura como para apreciar de verdad los momentos de pausa. Momentos sencillos, sin ninguna finalidad más allá de disfrutarlos. Instantes que reservaba solo para mí, para desconectar y dedicarme ese tiempo.
Con el paso de los años esa necesidad fue ocupando cada vez más espacio en mi vida. Hoy sigo buscándolos, a veces en soledad y otras compartidos con las personas que quiero.
¿Qué le inspira más: un paisaje, una casa o un recuerdo?
Absolutamente los recuerdos.
Los paisajes y las casas pueden ser muy inspiradores y, sin duda, han influido en mi sensibilidad estética y en la forma en que imagino los espacios. Pero lo que realmente me inspira son las emociones y los recuerdos que asociamos a ellos.
¿Qué importancia tiene la estética en la creación de bienestar dentro de un hogar?
Para mí es fundamental. Creo que el bienestar y la estética están profundamente ligados.
Un espacio que nos gusta visualmente puede transmitir calma, serenidad y una sensación de armonía que influye directamente en cómo nos sentimos. Al menos en mi caso, el entorno tiene un impacto enorme en mi estado de ánimo.
Por eso disfruto tanto de los espacios cuidados. Cuando todo está en equilibrio y me siento a gusto en un lugar, el bienestar surge de forma natural.
¿Cuál ha sido el mayor reto al transformar una idea personal en una marca?
Probablemente convencerme de que podía funcionar.
Cuando Delás-Vigo era solo una idea, tenía todo muy claro. Pero cuando llegó el momento de hacerla realidad empecé a cuestionármelo todo. Me preguntaba quién confiaría en una marca desconocida o por qué alguien elegiría Delás-Vigo entre tantas otras opciones.
También descubrí que sacar adelante un proyecto requiere mucha más constancia y perseverancia de la que imaginaba. Pero seguí adelante porque creía de verdad en él y en lo que quería transmitir.
Cuando alguien enciende una vela Delás-Vigo, ¿qué le gustaría que sintiera?
Me gustaría que sintiera que ese momento merece ser disfrutado.
Creo que una vela tiene la capacidad de transformar momentos y hacerlos sentir un poco más especiales. También me gusta pensar que aporta belleza al espacio y forma parte de la atmósfera tanto como el aroma que desprende.
Si tuviera que resumir la filosofía de Delás-Vigo en una sola frase, ¿cuál sería?
«Recordarnos que los momentos más importantes no siempre son los extraordinarios.»





