Cuando algunas marcas nacen de una oportunidad de negocio, Duck nace de un recuerdo. Del recuerdo de Eduardo, un hombre de otra época que jamás necesitó llamar la atención para hacerse inolvidable. Siempre impecable, con el nudo de la corbata perfecto, los zapatos brillando como un espejo y ese inconfundible aroma a lavanda que parecía anunciar su llegada antes de cruzar una puerta. Su nieto, Alberto Sánchez, fundador de la marca, convirtió aquella admiración infantil en una firma que reivindica una forma de entender la elegancia basada en la actitud, el respeto por los detalles y la convicción de que vestir bien sigue siendo una manera de estar en el mundo. Duck no es simplemente una marca de accesorios masculinos; es un homenaje a quienes hacen las cosas “por derecho”, como repetía Eduardo, y una reivindicación de la elegancia serena que nunca pasa de moda.

Esa filosofía se traduce en una colección donde la artesanía sigue teniendo un valor irrenunciable. Sus corbatas de seda se confeccionan artesanalmente en Como, la cuna histórica de las mejores sedas italianas, utilizando procesos tradicionales que priorizan la calidad frente a la producción masiva. Cada diseño se realiza en series muy limitadas para preservar la exclusividad y garantizar que quien la lleve sienta que posee algo verdaderamente especial. La colección inaugural, bautizada como Giovanna en homenaje a la madre del fundador, refuerza todavía más el carácter familiar de un proyecto construido sobre la memoria, el afecto y el deseo de crear piezas destinadas a perdurar. Son corbatas extraordinariamente bellas, equilibradas, elegantes y fáciles de combinar, pensadas para acompañar esos momentos que terminan formando parte de los recuerdos de una vida. La mayoría de fotos que guardamos son cuando vamos en traje, bien vestidos y la ocasión lo merece.
Aquí radica la importancia de la elección en los complementos del hombre, por eso Duck va mucho más allá de la corbata. La firma ha construido un universo completo para el hombre que aprecia la distinción sin estridencias: corbatas para hombre y niño, pañuelos, gemelos, tirantes y accesorios concebidos para quienes entienden que la elegancia reside en los pequeños detalles. Cada pieza comparte la misma obsesión por la calidad, la exclusividad y el trabajo bien hecho. En una época dominada por la rapidez y lo efímero, Duck apuesta por objetos que transmiten confianza, personalidad y legado; piezas capaces de acompañar a quien las lleva hoy y de ser entregadas mañana a un hijo con una frase sencilla pero cargada de significado: «Guárdala. Esta es buena. Es de seda».

Duck nace de la figura de tu abuelo Eduardo. ¿En qué momento te diste cuenta de que su forma de entender la elegancia merecía convertirse en una marca?
La idea de iniciar una marca de corbatas rondaba en mi cabeza desde hacía mucho tiempo. Aunque lanzamos Duck en 2025, el logotipo ya existía desde 2019. Incluso antes de eso, siempre había tenido esa inquietud. La figura de mi abuelo Eduardo fue el impulso definitivo. Siempre lo recuerdo saliendo con corbata, incluso para comprar el pan o tomar su cerveza del mediodía. Era una persona extremadamente elegante y cuidadosa con los detalles. Ese recuerdo de infancia fue el pilar que necesitaba para convertir una idea en realidad.
Hablas de una elegancia basada más en la actitud que en la ropa. ¿Qué enseñanzas de tu abuelo siguen presentes hoy en tu manera de trabajar y de vivir?
No sirve de nada vestir perfectamente si esa imagen no va acompañada de una actitud acorde. Mi abuelo siempre decía que había que hacer las cosas bien, “por derecho”, como le gustaba repetir. Recuerdo cómo entraba cada día en El Tremendo, en la calle Previsión, y todos los parroquianos le saludaban. Era una persona querida y respetada. Para mí, la elegancia no es solo una forma de vestir; es la huella que dejas en quienes te rodean.
En una época marcada por la informalidad, ¿por qué crees que la corbata sigue teniendo sentido como símbolo de estilo personal?
Es verdad que la formalidad se ha relajado y que cada vez menos personas utilizan corbata a diario. Sin embargo, cuando alguien tiene una reunión importante o un compromiso serio, sigue recurriendo a ella. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. No creo que vivamos una época de informalidad, sino de comodidad. Pero cuando una situación realmente importa, la corbata sigue apareciendo. Está presente en bodas, celebraciones, reuniones decisivas o acontecimientos que recordaremos toda la vida. Nosotros queremos acompañar precisamente esos momentos.
¿Qué representa Duck para ti: una marca de moda, un homenaje familiar o una declaración de principios sobre cómo presentarse ante el mundo?
Es un poco de todo. Evidentemente es una marca de moda, pero también es un homenaje familiar y una forma de entender la vida. Todo el proyecto se apoya en la figura de mi abuelo, un defensor de la calidad y del buen vestir. Llevar una pieza de Duck significa apostar por un producto excelente, pero también por una forma de presentarse ante el mundo. Queremos que quien lleve nuestros productos sienta seguridad porque sabe que está apostando por algo excepcional.
El lema de hacer las cosas “por derecho” aparece constantemente en vuestro relato. ¿Cómo se traduce esa filosofía en cada detalle de la marca?
Hacer las cosas bien. Punto. Soy una persona profundamente creyente y para mí hacer las cosas por derecho significa poner amor infinito en cada detalle. Significa trabajar con delicadeza, fiabilidad y compromiso. Es dar la mano o la palabra y cumplirla. Esa filosofía está presente en cada decisión que tomamos dentro de Duck.
La primera colección lleva el nombre de Giovanna. ¿Qué historia hay detrás de ella y qué querías transmitir con este lanzamiento inaugural?
Me alegra especialmente esta pregunta porque es un detalle que muchas veces pasa desapercibido. Si el proyecto gira alrededor de mi abuelo, la primera colección también debía tener una conexión familiar. Juana era el nombre de mi madre, que falleció unos años antes de iniciar esta aventura. Estuve mucho tiempo pensando cómo llamar a la colección hasta que entendí que la respuesta siempre había estado delante de mí. Descubrí que Juana en italiano es Giovanna y sentí que todo encajaba. Era la manera perfecta de cerrar el círculo.
¿Cómo se diseña una corbata capaz de sentirse clásica sin resultar anacrónica para las nuevas generaciones?
Creo que estamos viviendo un pequeño regreso hacia la elegancia clásica. Hemos viajado varias veces al Lago di Como en busca de tejidos y allí, donde saben de corbatas como en pocos lugares del mundo, nadie apuesta por extravagancias. La auténtica elegancia sigue siendo atemporal. Lo vintage vuelve a despertar interés porque posee alma, historia y autenticidad. Nuestro objetivo es precisamente ese: crear piezas que resistan el paso del tiempo.
¿Crees que la elegancia masculina atraviesa un momento de transformación o está recuperando valores que nunca deberían haberse perdido?
Pienso que está regresando poco a poco al lugar del que nunca debió salir. Hay muchas sastrerías y marcas tradicionales que están recuperando protagonismo gracias a las redes sociales. No volveremos a vestir como en la Sevilla de los años treinta o cuarenta, pero sí creo que existe una vuelta hacia ciertos códigos clásicos. Lo que me preocupa más es la pérdida de calidad. Cada vez quedan menos personas dispuestas a apostar por productos verdaderamente excelentes.
Muchos hombres han dejado de usar corbata por obligación profesional. ¿Puede eso convertirla ahora en un accesorio más auténtico y personal que nunca?
La corbata mantiene la importancia que siempre ha tenido. Cuando alguien quiere proyectar la máxima elegancia, sigue recurriendo a ella. Es un símbolo universal. Después cada uno debe hacerla suya, adaptarla a su estilo y sentirse cómodo con ella. Pero sigue siendo el máximo exponente de la elegancia masculina.
¿Qué importancia tienen la artesanía, los materiales y los pequeños detalles en un producto que, a primera vista, podría parecer sencillo?
Todo. Absolutamente todo. Aunque hoy los tejidos puedan imprimirse mediante procesos modernos, nuestras corbatas siguen confeccionándose de manera artesanal. Eso significa que cada pieza es diferente. Cuidamos cada detalle, desde la fabricación hasta la presentación final. No doblamos las corbatas dentro de la caja ni utilizamos embalajes impersonales. Queremos que abrir una Duck sea una experiencia. Igual que sucede cuando uno estrena un coche excepcional, la calidad debe percibirse desde el primer instante.
Si tu abuelo Eduardo pudiera ver hoy Duck, ¿qué crees que le sorprendería más y qué crees que reconocería inmediatamente como suyo?
Si te lo contara desvelaría parte de la magia que esconde abrir una de nuestras cajas. Lo que más reconocería como suyo no se puede ver, ni tocar ni escuchar. Está en otra parte. Y precisamente ahí reside la esencia de Duck.
Cuando alguien se anuda una corbata Duck antes de una reunión importante, una celebración o una cita especial, ¿qué te gustaría que sintiera en ese momento?
Seguridad. Exactamente eso. La misma seguridad que transmite alguien que siempre viste bien y cuya presencia nunca pasa desapercibida. Queremos que quien lleve una Duck sienta que lleva algo especial, exclusivo y hecho para durar. Nuestras producciones son muy limitadas y la calidad es irrenunciable. Más que una corbata, aspiramos a crear un objeto que pueda conservarse durante años y que incluso llegue a la siguiente generación. Queremos transmitir elegancia, confianza y orgullo.






