La perfumería vive uno de sus momentos más fascinantes. En un mercado dominado durante años por los lanzamientos masivos y las tendencias fugaces, emergen nuevas casas que entienden la fragancia como un lenguaje cultural capaz de contar historias, despertar recuerdos y construir identidad. Entre ellas destaca La Sabia Madrid, una firma nacida en la capital española que ha decidido recorrer el camino menos transitado: el de la emoción, la artesanía y la autenticidad. Su primera colección, The Artisan’s Collection, reúne cinco perfumes unisex creados por algunos de los perfumistas más reconocidos del panorama internacional y concebidos como una invitación a viajar por distintos rincones de España a través del olfato.
Detrás de la marca se encuentra una narrativa tan evocadora como ambiciosa. Una leyenda de cuatro vientos que recorren el mundo transportando aromas y que, una vez al año, convergen sobre Madrid para transmitir sus secretos a un artesano. Desde esa idea fundacional, La Sabia Madrid ha construido un universo donde el perfume trasciende su condición de objeto para convertirse en una experiencia sensorial, cultural y emocional. Hablamos con Carmen González, presidenta de la firma, sobre la creación de la marca, la nueva perfumería de autor española y el arte de transformar lugares, recuerdos y emociones en fragancias.
La Sabia Madrid nace desde una idea muy concreta de perfume. ¿Cuál fue el primer impulso creativo que os llevó a fundar la marca?
La Sabia Madrid nació a partir de una idea muy específica de lo que debía ser un perfume. Todo comenzó con una leyenda: cuatro vientos que transportan aromas desde los rincones del mundo y que, una vez al año, convergen sobre Madrid para susurrar sus secretos a un artesano. Ese mito nos permitió contar las historias de España a través de la fragancia y nos dio la convicción de que cada frasco podía contener no solo un aroma, sino también una pieza de sabiduría.
En un mercado cada vez más saturado, ¿qué creéis que define de verdad a una perfumería niche y dónde situáis a La Sabia dentro de ese territorio?
Una casa nicho existe porque tiene algo específico que decir, no porque quiera cuota de mercado. Trabajamos con perfumistas como Philippine Courtière, Suzy Le Helley y Théo Belmas, artistas detrás de algunas de las fragancias más famosas del mundo, y ofrecemos ese nivel de artesanía a un precio que invita al descubrimiento en lugar de convertirlo en algo inaccesible.
Madrid está en vuestro nombre. ¿Qué tiene esta ciudad que dialoga con vuestro universo olfativo?
Madrid no intenta impresionarte. Es profundamente histórica y contemporánea al mismo tiempo, y esa dualidad es exactamente cómo entendemos la perfumería. Nuestro frasco y su funda exterior están inspirados en la Puerta de Alcalá, un portal entre la herencia y lo que está por venir, y cada fragancia de la colección viaja a una ciudad española diferente, pero siempre comienza aquí.
¿Cómo se traduce una emoción, un recuerdo o una intuición en una fragancia concreta?
Nunca empezamos por los ingredientes; empezamos por un lugar y una sensación. Floreal nació del romanticismo de los jardines del Palacio Real de Madrid, Dos Besos del calor de un tablao sevillano y Poderío del Barrio Gótico de Barcelona pasada la medianoche. Entregamos esas emociones a nuestros perfumistas y ellos encuentran el lenguaje olfativo para aquello que las palabras no pueden expresar por sí solas.
¿Trabajáis desde una narrativa previa al perfume o dejáis que sea el propio olor el que marque el relato?
La historia siempre abre la puerta, pero es el perfumista quien la cruza. Con Dos Besos escribimos un brief sobre la pasión y el deseo de Sevilla y, cuando recibimos la creación, el beso de la frambuesa contra el cuero evocaba tan claramente dos besos que la fragancia se nombró sola. El aroma reveló la historia que queríamos contar mejor de lo que nuestras propias palabras podían hacerlo.
En vuestros perfumes hay una sensación de pausa, de tiempo bien entendido. ¿Es una declaración de intenciones frente a la velocidad del consumo actual?
Lanzamos cinco fragancias. El artesano de nuestra leyenda no persigue a los vientos; ellos acuden a él porque aprendió a escuchar. Esa paciencia es totalmente deliberada.
¿Cómo es vuestro proceso de creación junto a los perfumistas? ¿Buscáis complicidad, riesgo o escucha?
Nuestros briefs son inmersivos: el viento, la luz, la temperatura, la emoción de un lugar y la sabiduría que encierra. Suzy Le Helley describió la experiencia de trabajar con La Sabia como “rara y preciosa” por la libertad creativa y la responsabilidad de ayudar a dar vida a una nueva casa nicho. Buscamos complicidad, riesgo y escucha en igual medida, y animamos activamente a nuestros perfumistas a sorprendernos.
¿Qué materias primas os obsesionan y por qué?
La longoza de Madagascar. La mayoría de las personas nunca se han cruzado con ella y ese elemento de descubrimiento es muy La Sabia. Poderío se construye en torno al vetiver y el pachulí para expresar poder, con incienso que aporta una sensación de confort duradero. También nos atraen profundamente el osmanto, los cítricos mediterráneos y el oud trabajado con contención.
¿Creéis que un perfume debe gustar o provocar?
Debe detenerte. Las fragancias que cambiaron mi manera de entender el perfume nunca fueron las inmediatamente agradables, sino aquellas que exigían mi atención. Nuestro objetivo es la resonancia: algo que te conmueva la primera vez y que siga revelando nuevas facetas incluso tras la centésima.
La sostenibilidad y la honestidad creativa son conceptos muy presentes hoy. ¿Cómo los integráis sin que se conviertan en discurso vacío?
Diseñando objetos que la gente quiera conservar, no desechar. Cada frasco incluye una placa metálica extraíble con la ilustración original del artista, que puede coleccionarse y reutilizarse. Además, nuestro packaging incorpora un código QR que desbloquea las historias detrás de cada fragancia y cuyo contenido evoluciona a lo largo del tiempo.
¿Qué importancia tiene el frasco, el diseño y el tacto en vuestra manera de entender el perfume como objeto cultural?
La Puerta de Alcalá tiene cinco arcos y nuestra primera colección cuenta con cinco fragancias; no es una coincidencia. Esa conexión se refleja en la silueta del frasco, en la funda exterior con su gofrado táctil inspirado en motivos españoles, el tapón dorado de zamak estriado y las ilustraciones dibujadas a mano integradas en el packaging. Queríamos que alguien sintiera España en sus manos incluso antes de oler el perfume.
¿A quién imagináis llevando La Sabia Madrid?
Las cinco fragancias son unisex y están creadas para personas que valoran la sustancia por encima de los logotipos. Pero cada perfume acaba encontrando a su propio portador y cada persona encuentra en él un significado distinto.
¿Recordáis la primera vez que alguien ajeno al proyecto os dijo: “Este perfume me ha tocado”?
Sí. Fue en Sevilla, en 2024, un año antes de la producción. Llevaba Dos Besos en un bar y dos chicas de la mesa de al lado se acercaron para decirme que el aroma les recordaba a algo esencial de la ciudad, algo que no podían explicar con palabras. En ese momento supe que habíamos capturado algo verdadero.
¿Cómo veis el momento actual de la perfumería de autor en España y su proyección internacional?
A nivel global se está produciendo un cambio. Los consumidores buscan activamente casas con historias originales y raíces culturales auténticas, y la perfumería nicho basada en la autenticidad está siendo acogida como nunca antes. La creatividad española está en el centro de la conversación internacional en ámbitos como la música, la moda o la gastronomía. Creemos que la fragancia es el siguiente territorio por conquistar. No todas las grandes historias de la perfumería han sido contadas aún, y algunas de las más interesantes están naciendo en España.





