Madrid lleva años enamorada de la pizza, pero pocas veces una porción ha llegado con tanta vocación de identidad como las que salen de Snob Pizza. En el número 115 de la calle Lagasca, entre el trasiego elegante del barrio de Salamanca y el ritmo cada vez más cosmopolita de una ciudad que no deja de reinventarse, Ignacio de Riva ha decidido importar algo más que una receta. Lo que encontró durante un viaje familiar a Nueva York fue una manera de entender la comida cotidiana: rápida, accesible, popular y, al mismo tiempo, profundamente arraigada en la vida de la ciudad. Allí, la pizza por porciones no es una moda ni una concesión al turismo; es casi una forma de convivencia urbana. Ahora, esa filosofía aterriza en Madrid envuelta en masas de fermentación lenta, ingredientes trabajados en casa y una mirada que reivindica la calidad donde antes muchos solo veían comida rápida.

Hablar con Ignacio de Riva es descubrir que detrás de cada slice existe una reflexión mucho más amplia sobre el producto, la experiencia y la construcción de una marca con personalidad propia. Snob Pizza nace de la admiración por la tradición neoyorquina, pero también de la voluntad de adaptarla al carácter madrileño sin convertirla en una simple réplica. En esta conversación recorremos el origen del proyecto, los meses de pruebas que dieron forma a una masa capaz de competir con las mejores pizzas de Manhattan, la importancia de la artesanía en cada elaboración y la ambición de un concepto que aspira a crecer sin perder su esencia. Porque, como resume su fundador, hay veces en las que la mejor manera de viajar a Nueva York es simplemente cruzar la puerta del local de tu barrio.

¿Cómo nace Snob Pizza y en qué momento decides traer el concepto de pizza por porciones a Madrid?

Un viaje familiar es lo que inicia todo. Estuvimos una semana en Nueva York y nos volvíamos locos con sus pizzas. Tras ese viaje, la idea se quedó guardada, a la espera de encontrar el momento adecuado para ponernos manos a la obra.

¿qué fue lo que más te impactó de esa cultura y cómo lo has reinterpretado aquí? El consumo de pizza por slice en Nueva York es constante. Llama mucho la atención cómo la gente local come pizza a cualquier hora del día, no solo los turistas. Es una ciudad en la que conviven muchísimas culturas, y te das cuenta de lo universal y arraigada que está la pizza en su día a día.

Nuestra idea al traerlo aquí era romper con el prejuicio que existe en España de que la pizza por porciones es de baja calidad o está asociada únicamente al turismo o a la noche. Para cambiar eso, era clave darle un enfoque de producto y calidad desde el primer momento.

¿Qué define para ti una buena pizza al estilo neoyorquino?

La calidad de la masa es lo más importante. La pizza estilo Nueva York tiene unas características muy concretas y, aunque cada local tiene su receta e ingredientes, todos comparten un nivel muy alto que mantiene intacta su esencia.

La masa es uno de vuestros grandes diferenciales, ¿qué hay detrás de ese proceso y qué buscabais conseguir con ella? 

Trabajo, dedicación y, sobre todo, el conocimiento de mis socios, que han sido clave para alcanzar este nivel.

Cuando arrancamos el proyecto, hicimos un viaje a Nueva York para estudiar qué hacía tan icónicas a sus pizzas. A partir de ahí, vinieron meses de pruebas hasta dar con una masa que pudiera competir con las mejores que habíamos probado allí, pero que además fuese replicable de cara al crecimiento de Snob.

En Snob se percibe un equilibrio entre tradición y creatividad, ¿cómo trabajáis esa dualidad en la carta? 

La carta, y en realidad todo el proyecto, busca reflejar esa dualidad. Creemos que la creatividad y la tradición no compiten, sino que se complementan. Especialmente en algo tan universal como la pizza, esta mezcla permite conectar con diferentes gustos y perfiles.

Propuestas como la Pastrami Burrata o la Pizza de Vodka elevan el concepto clásico, ¿cómo nace una nueva receta dentro de Snob? 

Siempre buscamos sorprender, pero sin perder el vínculo con la tradición. Nos gusta partir de una base reconocible y añadir un punto diferencial, o al revés, introducir ingredientes más atrevidos sobre referencias clásicas.

En muchos casos, mantenemos guiños muy claros a Nueva York, como el pastrami o la pizza Vodka, que forman parte de su cultura gastronómica.

Más allá del producto, hay una experiencia muy marcada en el local, ¿qué importancia tiene el espacio en vuestro concepto? 

Es clave. En un mercado tan competitivo, no basta con tener un buen producto: la experiencia tiene que acompañar.

Queríamos capturar esa esencia neoyorquina en la que todo parece caótico, pero en realidad funciona perfectamente. Un espacio con personalidad, con alma, que no se perciba como un local más, sino como un sitio al que apetece volver. 

¿Cómo definirías al cliente de Snob Pizza en Madrid?

Un amante de la pizza, sin duda. Pero también alguien que busca sentirse cómodo fuera de casa: un sitio donde comer bien, a buen precio y marcharse satisfecho.

Madrid es una ciudad con una oferta gastronómica muy potente, ¿qué crees que os diferencia dentro de este ecosistema? 

La calidad del producto y la personalidad de la marca. Hemos construido un concepto muy definido que la gente entiende y con el que conecta.

Trabajáis con elaboraciones propias como el pastrami o las salsas, ¿qué papel juega lo artesanal en vuestro ADN? 

Es fundamental. Ahí reside gran parte de nuestro valor diferencial. La gente aprecia la dedicación, la artesanía y la originalidad, y eso cambia completamente la percepción del producto.

¿Cómo imagináis la evolución de Snob Pizza en los próximos años? ¿Os planteáis crecer o mantener un concepto más controlado? 

Nuestra idea es crecer. Creemos que la pizza es un producto atemporal y que este modelo, más enfocado al slice y a un consumo diferente, tiene recorrido y potencial para llegar a más sitios.

Si tuvieras que definir Snob Pizza en una sola frase, ¿cuál sería?

New York pizza sin salir del barrio.

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