El arquitecto y divulgador publica Gaudí, el arquitecto del alma, un ensayo íntimo y reflexivo que redescubre la dimensión humana, ética y espiritual del genio catalán justo cuando el mundo se prepara para el centenario de su muerte.

El próximo 10 de junio se celebrará el centenario de Antoni Gaudí, una figura cuya obra continúa fascinando más de un siglo después. Coincidiendo con este momento histórico y con la esperada visita del Papa León XIV a Barcelona para culminar simbólicamente la inauguración de la Sagrada Familia, llega a las librerías Gaudí, el arquitecto del alma, el nuevo libro de José Manuel Almuzara. Arquitecto, divulgador y una de las voces más autorizadas en torno al legado gaudiniano, Almuzara propone una mirada profundamente humana sobre el creador de la Sagrada Familia: menos centrada en el mito y más en el hombre, su espiritualidad, su ética del trabajo y su forma de entender la belleza como una expresión de lo divino.

Formado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona y presidente durante más de tres décadas de la Asociación para la Beatificación de Antoni Gaudí, José Manuel Almuzara lleva años estudiando la vida y el pensamiento del arquitecto catalán. Su libro no pretende únicamente explicar una obra monumental, sino descubrir la esencia interior de un hombre que convirtió la arquitectura en una forma de fe. En conversación con ESSENCEmag, reflexiona sobre la dimensión espiritual de Gaudí, la humildad, el sentido del trabajo y aquello que todavía hoy seguimos sin comprender del creador más universal de Barcelona.

¿En qué momento Gaudí deja de ser para usted un arquitecto y empieza a ser una figura casi espiritual?

En el momento en que descubro la unión de la obra de Gaudí entre arquitectura y simbolismo. En toda su obra, pequeña y grande, civil y religiosa, entendí que esa profundidad nace de una vida ejemplar: amor al trabajo, a sus operarios, a la familia, a su país, a la naturaleza —que consideraba su maestra— y a sus prácticas religiosas. Diría que Gaudí no es una figura “casi espiritual”, sino totalmente humana y espiritual al mismo tiempo. Vivía en unidad lo humano y lo divino. Me gusta resumirlo con unas palabras de Benedicto XVI: “superó la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia temporal y apertura a la vida eterna, entre la belleza de las cosas y Dios como Belleza”.

Usted habla de “el arquitecto del alma”. ¿Qué significa exactamente construir desde el alma?

A través del ensayo quiero acercar al lector al hombre, al arquitecto y al cristiano. Compartir historias, reflexiones y pensamientos que nos ayuden a responder nuestros “¿por qué?” y “¿para qué?”. Descubrir el alma de Gaudí sirve también para ayudarnos a construir nuestra propia vida.

Está el Gaudí hombre, con alegrías y sacrificios; el Gaudí arquitecto, pionero en aplicar las leyes de la naturaleza y precursor de la sostenibilidad; y el Gaudí cristiano, que puso sus dones al servicio de Dios y de los demás con humildad y caridad. Todo forma una unidad inseparable.

¿Qué parte de la vida de Gaudí le parece más incomprendida por el gran público?

Más que incomprendida, creo que es desconocida su dimensión humana y cristiana. Muchas veces nos quedamos solo con la arquitectura, el mobiliario o la estética, pero no con lo esencial. Para comprender a Gaudí hay que acercarse también a sus palabras, a sus escritos y a quienes convivieron con él. Ahí aparece realmente su pensamiento.

¿Hasta qué punto su obra es un reflejo de su vida interior más que de un proyecto arquitectónico?

No separaría ambas cosas. La obra de Gaudí refleja tanto su vida interior como sus estudios arquitectónicos sobre materiales, luz, paisaje o formas. Sus proyectos estaban construidos sobre los principios clásicos de utilidad, solidez y belleza. Pero, al mismo tiempo, reflejan una espiritualidad que fue creciendo con el tiempo.

Su fe profunda y su conexión con la naturaleza le llevaron, al final de su vida, a refugiarse en la Sagrada Familia y abandonar prácticamente toda obra civil. Ahí comprendemos hasta qué punto arquitectura y fe eran inseparables para él.

Gaudí trabajaba con una idea muy radical de humildad. ¿Es compatible esa humildad con el reconocimiento histórico que ha recibido?

Gaudí se consideraba un instrumento con dones recibidos de Dios. Para él, realizar bien esos dones era una responsabilidad. Decía que “las cosas provechosas no se hacen de cara a la retribución”. Vivía desde el sacrificio y desde una exigencia enorme consigo mismo y con los demás.

Precisamente por eso su reconocimiento resulta todavía más auténtico. Nunca trabajó buscando gloria personal.

¿Qué le ha enseñado Gaudí personalmente que no haya aprendido en la arquitectura académica?

Me enseñó algo fundamental: que el trabajo es fruto de la colaboración y que esa colaboración solo puede basarse en el amor. El arquitecto debe saber descubrir las capacidades de cada persona y ayudarla a desarrollarlas.

Gaudí cuidaba profundamente de sus obreros, tanto profesional como personalmente. Intervenía directamente en el trabajo diario y conocía a cada uno de ellos. Eso no lo aprendí en la universidad, pero sí intentando comprenderle a él.

¿Cree que hoy sería posible un creador como Gaudí en el contexto contemporáneo?

Gaudí se consideraba más un colaborador que un creador. Decía que el hombre no crea, sino que descubre las leyes de la naturaleza y colabora con el creador. Por eso estoy convencido de que seguirán existiendo arquitectos y artistas capaces de pensar como él.

La verdadera originalidad, como decía Gaudí, consiste en volver al origen.

Su libro conecta lo humano, lo ético y lo espiritual. ¿Dónde empieza uno y termina el otro en Gaudí?

No pueden separarse. Gaudí vivía esas tres dimensiones como una unidad absoluta. Esa coherencia es precisamente una de las razones por las que sigue fascinándonos hoy.

¿Qué momento de su obra considera el más revelador de su visión del mundo?

Sin duda, la Sagrada Familia. En ella se resume la vida de un hombre que puso todos sus dones al servicio de un proyecto colectivo y espiritual. Gaudí decía que esa obra “la hace el pueblo y se refleja en él”. Ahí está toda su visión del mundo: trabajo, fe, comunidad y trascendencia.

¿Por qué cree que Gaudí sigue generando fascinación más de un siglo después?

Porque fue un hombre adelantado a su tiempo. Amaba la naturaleza, defendía el trabajo bien hecho y fue pionero en sostenibilidad y biomimética arquitectónica mucho antes de que esos conceptos existieran.

Pero también porque sus obras tienen algo difícil de explicar racionalmente: una dimensión espiritual que conmueve incluso a personas alejadas de la fe.

Si tuviera que resumir Gaudí en una sola emoción, ¿cuál sería?

Una piedra. La piedra clave que cierra la bóveda de la Cripta de la Sagrada Familia. La clave simboliza el “sí” de María en la Anunciación y representa también la unión entre fe, arquitectura y salvación. Creo que ahí se resume todo Gaudí.

Después de tantos años estudiando su legado, ¿qué cree que aún no hemos entendido de Gaudí?

Todavía debemos descubrir lo esencial de su obra: los “por qué” y los “para qué”. Más allá de la técnica o de la estética, Gaudí buscaba revelar algo trascendente.

Muchas personas han sentido incluso una experiencia espiritual al contemplar sus obras. Eso demuestra que su arquitectura no solo se mira: también se vive.

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