Por Marc Doménech

Mario Vilau, con tan solo 19 años, recorre España entera de novillada en novillada, de tentadero en tentadero, para demostrar su valía. Una gran afición resucitada lo acompaña cada tarde. No en vano, el año pasado se alzó vencedor del Circuito de Novilladas de la Comunidad Valenciana y ganador, a nivel nacional, de la Liga de Novilladas. Este año, su paso por Sevilla y Madrid tampoco ha sido irrelevante.

Quien iba a decir que un joven de L’Hospitalet de Llobregat sería un referente de la contracultura cuando aquello a lo que se dedica, en su país -y en otros muchos-, ya es cultura en sí misma. Tremenda paradoja la que nació en Cataluña cuando esta se vio abocada al fanatismo y al encono nacionalista. Así acabó un templo del heroísmo convertido en centro del consumismo desbocado.

La Tauromaquia -no así los castellers; será que Algemesí, de donde provienen, no es muy español- tomó una especie de posición en la cual era la parte por el todo para ser expulsada progresivamente del espacio público. Fue en ella donde el joven catalán encontró precisamente su vocación, su manera de entender la vida. Ahora, levantada la prohibición, Mario sueña y lucha por volver a ver toros en La Monumental de Barcelona.

Cuando el mundo parece haber convertido la gratificación inmediata en una filosofía de vida, el vocabulario de Vilau está lleno de palabras poco habituales: esfuerzo, lealtad, compromiso, respeto, responsabilidad… En un mundo donde los mayores parece que ya no aportan o donde los niños son vistos como una limitación de la libertad, rodeados de una serie de normas y leyes que van en contra del trato personal debido, Mario va a contracorriente. Mientras otros buscan certezas, él acepta la incertidumbre. Mientras muchos persiguen comodidad, él abraza el sacrificio. Y mientras la sociedad contemporánea parece desconfiar de cualquier forma de heroísmo, Mario ha elegido una profesión en la que cada tarde se juega la vida. Ya ven: un hippie, un punki.

Hablamos con él antes de su presentación en la plaza de Las Ventas de Madrid el pasado 19 de mayo, durante la Feria de San Isidro.

PREGUNTA: ¿Recuerdas el momento exacto en el que entendiste que querías ser torero y no otra cosa?
RESPUESTA: Desde pequeño he sentido locura por el toro. Desde que tengo conciencia he tenido el toro en la cabeza. Mi familia no era aficionada y no tuve la oportunidad de seguir conociendo el mundo del toro hasta que, a los 14 años, descubrí la Escuela Taurina. Fue entonces cuando decidí que quería ser torero.

P. ¿En la Escuela Taurina de Barcelona?
R. Sí.

P. ¿Sois muchos allí?
R. No, pero hay allí siete u ocho jóvenes que también quieren ser toreros.

P. ¿Qué parte de ti tuvo que morir para que naciera el torero?
R. No tuvo que morir nada. Siempre he tenido esta afición y, por fin, era capaz de vivir lo que estaba soñando: rodeado de gente del mundo del toro y dedicar mi vida ello. Además, veía que mi familia, aun con todas las dudas, me apoyaba. Era un momento donde había un cambio en mi vida muy importante. La felicidad que me aportó poder vivir el mundo que quería fue lo mejor que me ha pasado.

P. ¿Sientes que has crecido más rápido que otros chicos de tu edad?
R. Sí, eso se nota mucho. Se nota en todo lo que he vivido, lo que he viajado y, sobre todo, en convivir con gente mayor. Cuando uno es torero se rodea de su cuadrilla, de su apoderado y de personas con mucha más experiencia. Eso te ayuda a madurar y a pensar de una manera diferente a la de muchos jóvenes de tu edad.

“A medida que he ido toreando y triunfando, he visto cómo arrastro a muchas personas aficionadas de Barcelona que estaba atrapadas, que no salían”.

P. Y por esa razón, ¿qué te diferencia de otros jóvenes de tu generación?
R. Quizá la forma de entender la vida y la diversión. Yo disfruto viajando con mi gente, toreando, esforzándome y entrenando. A lo mejor otras personas de mi edad disfrutan más saliendo de fiesta o yendo a tomar algo. Yo no le doy tanta importancia a eso. Disfruto de lo que estoy viviendo.

P. ¿Crees que los toreros defienden un mundo o unos valores distintos a los que, por suerte o por desgracia, imperan actualmente?
R. Sí, por supuesto. Cuando estás dentro del mundo del toro, los valores como la lealtad, el esfuerzo, el valor o el respeto se multiplican. Existe un gran respeto a la gente que está por encima de ti. En el mundo del toro se respetan mucho las categorías.
Creo que parte de eso se ha perdido en la juventud actual. Por eso pienso que el mundo del toro debería seguir esforzándose por conservar esos principios y, sobre todo, transmitirlos al resto de las personas que no forman parte de él.

P. Has crecido queriendo ser torero en Cataluña y esa decisión no es neutral. ¿Cuándo tomaste conciencia de que tu vocación era también una forma de resistencia?
R. Empecé a darme cuenta cuando todo empezó a funcionar. Cuando uno comienza, no imagina lo que puede llegar a significar para toda esa gente que esta “atrapada” en Cataluña. A medida que he ido toreando y triunfando, he visto cómo arrastro a muchas personas, especialmente de Barcelona, que me acompañan a las plazas. Te das cuenta de la cantidad de afición que hay en Barcelona que estaba atrapada, que no salía. Yo también, cada vez que puedo, intento reivindicarlo.
Creo que es importante reivindicar que esa afición sigue viva, aunque a veces no se vea. Y, sobre todo, luchar para que, ojalá, algún día los toros vuelvan a Barcelona.

P. ¿Volveremos a ver toros en Cataluña?
R. Yo lucho cada día por ello. Intento reivindicarlo siempre que puedo, en las plazas, en la televisión… Intento dar fuerza a la voz de la gente de aquí que no tiene la oportunidad de expresarlo.

P. Tan clara has tenido tu vocación que, aun viviendo en Barcelona, decidiste ser torero.
R. Entré a la escuela en los 14. Creo que fue una buena edad porque ya era suficientemente maduro para asumir ese cambio de vida. Aunque a mi familia le costó asimilarlo. 
Al principio me dijeron que no porque se preguntaban cómo iba a ser torero viviendo en Barcelona. Pero con el tiempo entendieron que era lo que realmente quería. Al final aceptaron que entrara en la escuela y, desde entonces, me han apoyado al cien por cien. Estoy muy agradecido porque sin ellos tampoco estaría aquí.

P. ¿Crees que alguien te puede considerar un loco por ello?
R. Claro, muchos amigos y conocidos me preguntan que cómo puedo llevar este ritmo de vida. Al fin y al cabo, viviendo en Barcelona, cada vez que toreo tengo que viajar mucho y estar mucho tiempo fuera, lejos de mi familia y de mi gente. Pero cuando les explicas lo que uno siente toreando y lo que significa para mi torear, lo entienden perfectamente. Entonces ya me dicen que no estoy loco, sino que simplemente soy una persona viviendo aquello que ama.

“No se trata únicamente de que funcione yo, Mario, sino de que el nombre de Cataluña siga sonando dentro del panorama taurino”.

P. ¿Te has sentido alguna vez señalado, incomprendido o juzgado por tu elección?
R. No especialmente. Nadie me va a quitar este sueño de la cabeza, digan lo que digan. Y, si alguna vez ocurre, intento no darle importancia porque esas personas no saben lo que siento cuando toreo. Nadie tiene por qué juzgar lo que yo hago cuando me reflejo en mi familia y en la gente que me quiere, que son quienes realmente me conocen y apoyan. No necesito la aprobación de quienes están fuera de ese círculo.

P. Desde luego llevas contigo ese punto mediático debido a las circunstancias. ¿Te pesa representar algo más grande que tú, como una causa o una trinchera cultural?
R. Me lo tomo como un incentivo más para luchar y esforzarme cada día. Representar no solo a mí mismo, sino también a una tierra como Cataluña, tan grande y querida, es muy bonito. Ves que no estás solo luchando, sino que eres uno más, que todos vamos a una. No se trata únicamente de que funcione yo, Mario, sino de que el nombre de Cataluña siga sonando dentro del panorama taurino.

P. ¿Qué te ha enseñado el toro sobre tus propios límites?
R. El toro te enseña todo. Cuando empiezas en este mundo nunca te imaginas hasta dónde puedes llegar. Con el tiempo vas adquiriendo conocimientos, confianza y experiencias que nunca te habrías imaginado. Sobre todo, desarrollas una gran capacidad de superación. Después de volteretas, golpes y momentos difíciles, descubres que eres más fuerte de lo que piensas.

P. ¿Hay algo que solo entiendes cuando estás delante del animal?
R. Llegas a entender lo que es la vida. Hay mucha gente que vive por inercia y que no disfruta lo que está haciendo. Nosotros, aun sabiendo que nos jugamos la vida y que cuando salimos del hotel no sabemos si vamos a volver, estamos haciendo lo que queremos. Esa es nuestra vida: estar delante de un toro y ser capaces de jugar con ello.

P. Hablas de la forma de vida. ¿Cómo llevas esta forma de vida? ¿Eres una persona solitaria?
R. No, me considero una persona muy social. Intento estar siempre cerca de mi gente, en la ciudad… Me gusta mucho estar con mi cuadrilla, con mis banderilleros, con personas que comparten mi afición porque, cuando era pequeño, me sentía muy solo. 
Una de las mejores cosas que me ha dado el toreo ha sido encontrar personas que tienen la misma afición que yo. Todo lo que vivo intento compartirlo con ellos y creo que seguir así es el camino correcto.

P. Si no fueras torero, ¿qué crees que estarías buscando en la vida?
R. Mi sueño siempre ha sido ser torero. Si por desgracia no lo fuera, me dedicaría a algo alrededor del mundo del toro. Tiene muchas ramas y estoy seguro de que sería algo relacionado con ello.

P. ¿Hay belleza dentro del riesgo que asumes?
R. Claro. Cuando una persona se juega la vida para emocionar a otras hay algo muy bello en ello. La sensación de ver que alguien hace una cosa que tú piensas que no puedes hacer creo que emociona. Y, sobre todo, sabiendo que el toro puede coger al torero. Esa emoción crea la belleza, la incertidumbre para convertirla en algo bonito.

“Le tengo mucho miedo al fracaso. Los toreros sabemos que cada tarde nos jugamos la siguiente”.

P. ¿Te preocupa el futuro del toreo o te preocupa más el tuyo?
R. No me preocupa el futuro del toreo. El toreo tiene muchas más cosas de las que se cuentan. Sobre todo, están los valores. Ahora mismo está yendo más gente joven que nunca a los toros, y eso será por algo. Es importante no quedarse en los estereotipos, sino conocerlo.
Hay que ir a las plazas de toros y ver de verdad una tarde de toros. Hoy más que nunca está ocurriendo eso. Se está viendo en toda España que cada vez hay más juventud en las plazas. Eso es fundamental para que la fiesta continúe y yo creo que va a seguir.

Foto: Miguel Arboledas

P. Cuándo se alcanzan tantos triunfos tan joven, ¿no aparece el miedo?
R. No, nunca he sentido ese peso. Me considero una persona bastante centrada y con los pies en el suelo. Sé que todo lo que he conseguido ha sido gracias al trabajo y al esfuerzo. Y también sé que esto no puede detenerse, porque si algún día falla, para todo. Sé que mis ganas de ser torero han sido las que me han llevado hasta aquí. También sé que dejar de tener los pies en el suelo sería un error muy grande.

P. ¿Te consideras una persona estética, sensible a la forma, al silencio, al gesto?
R. Sí. Me gustan todos los momentos: los de conversación, los de silencio, los de tranquilidad, los de nerviosismo… Eso te lo enseña el toro. 
Cuando estás toreando buscas los tiempos, las pausas y los silencios. Todo eso también lo intentas buscar en tu vida. Puede sonar un poco espiritual, pero sí que intento buscar ese equilibro y darle importancia a cada tipo de momento. Es algo muy necesario para nuestra mente.

P. Mirando hacia adelante, ¿hay algo a qué le tengas verdadero miedo?
R. Le tengo mucho miedo al fracaso. Los toreros sabemos que cada tarde nos jugamos la siguiente. Más que miedo al toro, tenemos miedo a que una tarde salga mal y se deje de hablar de ti. Eso es lo peor que puede pasar, porque entonces empiezas a perder oportunidades y contratos, y siento que te puedes ir apagando hasta llegar a pensar que no sirves para nada en el mundo.

P. La temporada pasada tu sueño era pisar las plazas de Sevilla, Madrid, Valencia… Enhorabuena.
R. Muchas gracias. Como digo, todo ese esfuerzo y todo ese trabajo hacen que los sueños se vayan cumpliendo. Lo que soñaba el año pasado se está haciendo realidad. Ahora sigo soñando para que poco a poco se vayan cumpliendo nuevos objetivos.

P. Confías plenamente en tu apoderado Enrique. ¿Cómo describirías vuestra relación?
R. Somos prácticamente uña y carne. Desde que nos conocimos, el primer día que cogí una muleta él estaba delante de mí.
Ha sido la persona que más ha creído en mí, la que ha confiado y ha dado su vida por mí y yo ahora intento darla por él. Tenemos una relación casi de padre e hijo. Pasamos muchísimas horas juntos y es una persona fundamental para mí. Ahora mismo no podría vivir sin él.

Enrique y Mario, o Mario y Enrique, forman un equipo inseparable. Entre ambos no hay una mera relación profesional; hay algo mucho más valioso: la transmisión de una herencia humana. Representan la idea de que nadie llega lejos completamente solo. La certeza de que todo aprendizaje profundo necesita referentes. Qué bella unión. 

Aprovechando que lo acompaña, hablamos con Enrique para comprender su apuesta certera.

P. ¿Qué viste tú en él que te hizo pensar: “aquí hay algo distinto”?
ENRIQUE: Mi relación con Mario viene desde que aposté por él en la Escuela. Soy el director de la Escuela Taurina de Cataluña y, desde que llegó, lo primero que percibimos fueron las cualidades que tiene como persona, que para nosotros es lo más importante cuando llegan los chavales allí.
Mario es un chico admirable. Destaca por su vocación, por su sencillez, por la humildad y por el esfuerzo que ha realizado desde sus inicios. Después llegaron las cualidades taurinas, que iban desarrollándose poco a poco. Todo eso ha dado lugar a una convivencia muy estrecha, a compartir el día a día, hasta considerarlo prácticamente uno más de la familia. Se ha creado un vínculo muy especial. Apostamos por él y ha dado todo para que esto funcione. Ahora no nos queda más que seguir apoyándolo y seguir luchando todo lo que sea necesario.

P. Ahora mismo es el bastión del toreo en Cataluña.
E. Es la insignia del toreo catalán. Mario representa muchas cosas y eso supone también una carga emocional importante que intentamos gestionar de la mejor manera posible. Es la cara visible de lo que pasó con la prohibición y la desaparición de los toros en Cataluña. Por eso es muy bonito cuando ves que sale todo bien. Es enriquecedor sentir que tienes detrás una afición y una comunidad. Pero también es un peso y una responsabilidad.

Mario es oxígeno para el toreo. Si no es por el valor o por el arte, será por la entrega o si no, probablemente, será por todo a la vez. Lleva consigo la esperanza de quienes lo siguen y, por ellos y por su vocación, lo que haga falta. Cortó una oreja en Madrid y acabó matando a su segundo toro con un torniquete en la femoral que intentaba frenar una cornada de quince centímetros. Después acabó en la enfermería por su propio pie. 

El joven Vilau ha encontrado una causa por la que merece la pena esforzarse y, en tiempos de incertidumbre, pocas rebeldías resultan más extraordinarias que esta.

Fotografías cedidas por Mario Vilau.

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