En un momento en el que gran parte de la moda masculina parece debatirse entre el minimalismo sin alma y las tendencias efímeras, Flamenco Maltés ha construido un lenguaje propio: color, verano, cortes precisos y una masculinidad que ya no necesita esconder la sensibilidad detrás de la sobriedad.
Desde 2017, la firma española ha convertido el bañador en una pieza de identidad y el lino en una extensión natural de una forma de vivir. Sus prendas hablan de mar, de viajes, de terrazas infinitas frente al Mediterráneo y de hombres que entienden la elegancia no como rigidez, sino como actitud. Detrás de la marca hay una obsesión casi artesanal por el patrón, la comodidad y los detalles invisibles que convierten una prenda aparentemente sencilla en algo reconocible.
Hablamos con sobre el cuerpo masculino, la sensualidad discreta, el verano como territorio emocional y la necesidad —cada vez más urgente— de volver a vestir con personalidad.
Hablamos con el CEO, Borja Arrizabalaga, y el director creativo, Gonzalo Ordovás, la firma sobre identidad, sensualidad, patrones, lino, música rock y la necesidad de seguir defendiendo el carácter propio en un mercado cada vez más homogéneo.
¿Cómo nace Flamenco Maltés y qué necesidad personal había detrás de la marca?
Todo nace de una pregunta muy sencilla: por qué la moda masculina tenía que conformarse siempre con lo previsible. Nosotros mismos estábamos cansados de elegir entre ropa demasiado correcta o prendas sin alma. Queríamos algo clásico, sí, pero reinterpretado. Un bañador con un largo más favorecedor, colores que llamaran la atención, estampados creativos y detalles inesperados. Desde el principio tuvimos clara una obsesión: máxima calidad, muchísima comodidad y una identidad propia muy marcada.
Da la sensación de que vuestro objetivo nunca fue simplemente diseñar ropa de baño.
Exactamente. El bañador fue el principio, pero detrás había una forma de entender el estilo masculino. Nos interesaba reinterpretar los códigos clásicos desde un lugar más relajado y más emocional. Hace unos años incorporamos el lino precisamente por eso: porque el hombre Flamenco Maltés necesitaba prendas que acompañaran ese universo visual y esa manera de vivir el verano.
¿Qué os interesaba explorar del cuerpo masculino desde ahí?
La naturalidad. No queríamos exagerar el cuerpo masculino ni convertirlo en algo artificial. Nos interesaba afinar la silueta, mejorar proporciones y trabajar la comodidad real. Ajustar centímetros cambia completamente cómo se percibe una prenda. Un corte limpio puede transformar algo clásico en algo muy contemporáneo.

Vuestras prendas tienen una sensualidad muy concreta, bastante silenciosa.
Porque entendemos la masculinidad desde otro lugar. El hombre Flamenco Maltés no vive atrapado en los códigos rígidos de “lo masculino”. Le interesan el diseño, los detalles, la calidad y el confort. No necesita llamar la atención de manera evidente, pero tampoco quiere desaparecer dentro de lo uniforme.
El verano parece casi un personaje más dentro de la marca.
Totalmente. El verano, el mar y el sur forman parte de nuestro ADN. Pero no hablamos solo del Mediterráneo: nos inspira cualquier lugar donde exista agua, luz y sensación de libertad. Todas nuestras colecciones tienen algo de viaje, de vacaciones y de escapada emocional.
También los animales aparecen constantemente en vuestros estampados.
Sí, son una referencia constante. Nos inspiran muchísimo tanto los animales marinos como los terrestres. De hecho, esta temporada lanzamos los “Magic Prints”, unos bañadores que reaccionan al contacto con el agua y revelan nuevos estampados. Nos interesaba recuperar cierta idea de sorpresa y juego dentro de la moda masculina.
En una prenda tan cercana al cuerpo, el patrón lo es todo.
Es absolutamente lo primero. Hemos trabajado cada centímetro como si fueran milímetros. El largo de un bañador puede cambiar completamente la percepción de la pierna. Y la comodidad es innegociable: si una prenda no es cómoda, simplemente no sale.
¿Cómo se construye hoy una marca masculina con identidad propia?
Con paciencia y coherencia. Es imposible construir una identidad en una sola temporada. Vivimos rodeados de tendencias rápidas, pero nosotros creemos mucho más en mantenernos fieles a una idea. Evidentemente, en estos nueve años hemos aprendido muchísimo y hemos afinado muchas cosas, pero siempre intentando conservar el alma original de la marca.
El lino ocupa un lugar muy importante en vuestro universo.
Porque el lino es prácticamente la base del verano masculino. Nos parecía natural crear una colección propia alrededor de ese tejido. Las camisas y guayaberas tuvieron una acogida increíble y cada año ampliamos la gama con colores cada vez más vivos y optimistas.
Este año presentáis vuestra primera cápsula de invierno. ¿Cómo se traduce el ADN veraniego a otra estación?
Ese era precisamente el reto. Llevábamos tiempo pensando en ello, pero no queríamos hacer una colección de invierno sin personalidad. Después de más de un año de desarrollo, por fin verá la luz. No serán básicos sin más: habrá chaquetas reversibles, polos de manga larga con capucha, forros polares… piezas cómodas y apetecibles, pero siempre conectadas con nuestro universo visual.
¿Qué referencias culturales alimentan el imaginario de Flamenco Maltés?
La luz mediterránea, los viajes, la música, la sensación de vacaciones… Todo eso está muy presente. Cuando diseñamos escuchamos muchísimo rock, y de ahí nacen muchos colores y combinaciones. También vemos documentales y vídeos de animales constantemente; muchas veces los estampados salen de ahí.
¿Cómo es exactamente el hombre Flamenco Maltés?
Es alguien que aprecia la calidad y entiende el valor de una buena prenda. Pero también alguien que no quiere vestir como todo el mundo. Tiene personalidad, sabe disfrutar y entiende que la ropa también puede transmitir una actitud sin necesidad de exagerar.
¿Cuál es el momento más satisfactorio del proceso creativo?
Ver a alguien por la calle llevando nuestras prendas sin conocernos. Ahí entiendes que todo el proceso —desde el diseño hasta el último detalle— ha funcionado realmente.
Hay muchos pequeños gestos técnicos en vuestras piezas.
Sí, y son fundamentales. En los bañadores, por ejemplo, hay detalles como el bolsillo invisible exterior, el bolsillo interior oculto, la micromalla o el hanger. Son cosas que quizá no se ven a primera vista, pero construyen la experiencia completa de la prenda.
¿Qué lugar ocupa la sostenibilidad dentro del proyecto?
Para nosotros la sostenibilidad también consiste en crear prendas que duren y que no pasen de moda en una temporada. Trabajamos con producciones controladas, tejidos de calidad y diseños que puedan seguir utilizándose durante años. Creemos en un consumo mucho más consciente.
Mirando hacia adelante, ¿qué os interesa más: crecer o consolidar?
Ahora mismo queremos consolidarnos bien. Estamos muy centrados en desarrollar la línea de invierno y en seguir trabajando innovaciones como los Magic Prints. Todo el crecimiento que hemos tenido hasta ahora ha sido muy consciente y queremos continuar así antes de expandirnos fuera de Europa.
¿Qué os gustaría que sintiera alguien la primera vez que se pone una prenda vuestra?
Que se pregunte inmediatamente: “¿Por qué no me había puesto esto antes?”. Porque creemos sinceramente que cuando alguien prueba Flamenco Maltés, repite.






