Por Marc Doménech

Dios le Guarde, una pequeña localidad salmantina que debe su nombre a los peligros que poseía la naturaleza salvaje que antiguamente ceñían la zona -pues se dice que aventurarse a cruzar el monte era sólo para valientes-, ve ahora levantar a un torero.

Manuel Francisco Sánchez, “Manuel Diosleguarde”, ha elegido bien el nombre por el que se da a conocer en los ruedos. Con fervor a la tradición, quiere resguardarse de los peligros salvajes a los que se enfrenta cada tarde y, como valiente, decidió llevar la leyenda en su nombre. Aunque sea Dios quien le guarde.

No solo la leyenda. Su nombre es sinónimo de juventud, vocación, promesa y elección. Porque hay algo profundamente voluntario en Manuel Diosleguarde: nadie llega al toreo por accidente, y mucho menos permanece en él después de haber conocido de cerca su parte más cruel. 

La cornada que marcó su carrera no parece haberle atravesado únicamente el cuerpo. Hay en su forma de hablar una pérdida silenciosa de inocencia, una conciencia prematura del miedo y de la fragilidad. Será porque ha conocido la verdad. La verdad del vestido. La verdad del valor. La verdad de lo que ocurre cuando sólo quedan él y el toro en la plaza.

Ahora la verdad es que pelea por alzarse con la Copa Chenel. Quiere torear y quiere hacerlo de verdad. Previo a la confirmación de alternativa en Madrid, concede esta entrevista en la que se muestra como el hombre joven que ha decidido entregar casi todo de sí mismo a la búsqueda de esa verdad.

PREGUNTA: ¿Quién es Manuel y cuándo empezó a ser torero?
RESPUESTA: Soy Manuel Diosleguarde, matador de toros de Salamanca. Me defino por la entrega, el respeto hacia el toro y la búsqueda de la verdad en mi toreo. Comencé mi andadura en la Escuela Taurina de Salamanca con apenas 12 años y, aunque todo empezó como un juego, el toreo poco a poco me fue atrapando.

P. ¿Sientes que se te exige más por ser joven en una profesión con tanta historia?
R. Sí, se exige más, y es normal. El toreo tiene una historia muy grande y el respeto hay que ganárselo en la plaza, no con la edad. A mí esa exigencia me motiva: me obliga a estar más preparado y a demostrar cada tarde quién soy.

P. ¿Qué te emociona fuera del mundo del toro?
R. Sin ninguna duda, mi vida es el toreo y es lo que más me emociona, pero cuando tengo tiempo, mis mayores aficiones, y donde más disfruto, son montar a caballo y la caza. Me ayudan a evadirme y a encontrarme conmigo mismo.

P. En una vida que convive tan de cerca con el riesgo, ¿qué lugar ocupa el amor?
R. Imagino que ocupará una parte fundamental, no lo sé. Solo he podido leer que cuando uno se enamora es mejor torero. De momento, el único amor que tengo es hacia mi profesión.

P. Ese riesgo, ¿ha dejado en ti alguna herida —visible o invisible— que haya marcado tu forma de entender el valor?
R. Más que una herida física, que las hay, diría que las invisibles son las que más marcan: todos los momentos duros, decepciones, tardes difíciles o dudas que te hacen replantearte todo. Ahí es donde uno tira del valor de verdad, y eso hace que te superes para seguir adelante y defender cada tarde.

“Más que un súper poder, es sentir que lo que tú haces delante de un toro sólo lo pueden hacer los elegidos”.

P. Hace cuatro años sufriste una cornada muy grave que te tuvo varias horas en el quirófano. Después de un percance tan duro, ¿qué es lo primero que recuerdas haber sentido al volver a vestirte de luces?
R. El sentirme vivo, ver que volvía a ser el que era antes y, sobre todo, volver a lo que es mi vida: el toreo.

P. ¿Se siente como superpoder?
R. Más que un súper poder, es una sensación de dominio y verdad, de sentir que lo que tú haces delante de un toro sólo lo pueden hacer los elegidos.

P. ¿Dirías que hoy toreas desde el mismo lugar emocional que antes?
R. No, no es exactamente el mismo lugar. Una cornada te cambia, te hace más consciente de lo que hay delante, de a lo que te expones, y de que realmente el torero se juega la vida cada tarde. Pero también te hace crecer, madurar, coger más poso… y tener un valor más verdadero, porque ya sé lo que significa de verdad ponerse ahí.

P. ¿Hay alguna soledad en el toreo de la que no se habla lo suficiente?
R. Quizás la soledad más grande y real del toreo es cuando solo estás tú y el toro, y todo depende única y exclusivamente de lo que tú hagas.

P. ¿Qué conversación tienes contigo mismo la noche antes de una corrida importante?
R. Tengo muchas conversaciones, sobre todo para tener bien ordenada la cabeza. Recuerdo todos los momentos de preparación, entrenamientos y lucha que uno lleva para que todo salga bien.

P. En esas conversaciones, ¿alguna vez has querido huir?
R. Nunca, aunque he de reconocer que he pasado por momentos difíciles, viendo cómo poco a poco todo se diluía. Pero son los momentos que más fuerza me han dado para seguir luchando y crecer en la profesión. Siempre he tenido la seguridad de que el momento, tarde o temprano, me llegaría.

“Muere ese instinto de supervivencia que todos tenemos y renace una sensación de superación”.

P. ¿Dónde hay más verdad, en el vestido del toreo o en la muleta, aunque vaya desnudo?
R. El vestido de torear sostiene la mayor verdad posible; no miente y es transparente en cuanto a exhibir todo lo que está pasando delante del toro.

P. ¿Existe alguna parte de ti que muera cada tarde y otra que renazca?
R. Muere ese instinto de supervivencia que todos tenemos, parte del control, y renace una sensación de superación de todos los miedos, las ganas de crear aun sabiendo que te juegas la vida. En definitiva, una sensación intensa de estar vivo.

P. Si el toro pudiera hablarte antes de salir, ¿qué crees que te diría?
R. No me lo imagino, pero creo que algo así como que iría con toda la verdad a enfrentar su destino.

P. En el momento que vives ahora -acartelado en la Copa Chenel, Valladolid, Las Ventas…-, ¿cómo describes, sobre todo, el verte en Madrid para confirmar tu alternativa?
R. Con una ilusión tremenda al ver cómo tanto esfuerzo y sacrificio en la profesión dan resultados. Verme en San Isidro da sentido a todo lo anterior, pero a su vez siento una gran responsabilidad, ya que es la primera plaza del mundo y exige mucho. Espero estar a la altura y gustar a la afición de Madrid, porque sé que es una fecha crucial en mi carrera.

P. ¿Estás dispuesto a pagar el precio de convertirte en figura? ¿Aunque sea tu propia paz?
R. Sí, es lo que llevo buscando durante años, con lo que sueño cada día: estar en las grandes ferias y con las figuras del toreo. Sé que tan difícil es llegar como luego mantenerse, pero estoy dispuesto a sacrificar todo por el toro.

P. ¿Hacia dónde sientes que se dirige tu carrera?
R. Mi carrera, en estos momentos, se dirige hacia la madurez en la plaza, hacia la búsqueda de un toreo poderoso y capaz de emocionar a los grandes aficionados. Me gustaría convertirme en un torero con sello propio, capaz de dejar huella en la profesión y, poco a poco, ir ganándome el respeto de todos los aficionados.

Con cada decisión que tomamos vamos moldeando la parte más íntima de lo que somos. Esa parte invisible pero constante puede orientarse hacia la armonía o hacia la ruptura, hacia la paz o hacia el caos. En cada elección diaria, en cada paso que damos -en el ruedo o en la vida-, nos transformamos en algo: más próximos a la luz o más cercanos a la sombra. En ese sentido, ser torero no es solo un oficio, sino una forma radical de decidir qué tipo de ser está construyéndose. Manuel, sin decirlo, lo elige cada vez que se viste de luces.

Diosleguarde toreará el próximo 13 de junio en la localidad madrileña de Daganzo de Arriba seis toros de La Machamona y Los Eulogios, junto a Alejandro Marcos y Álvaro Burdiel, en el marco de la Copa Chenel. Más próxima será su cita este domingo, 17 de mayo, cuando en la llamada “Corrida de la oportunidad” compartirá cartel con los también castellanoleoneses Sergio Rodríguez, Jarocho y Mario Navas, con toros de El Pilar. Su cita más importante será este sábado, 16 de mayo, cuando confirmará la alternativa en la Feria de San Isidro con toros de La Quinta, junto El Cid y Álvaro Lorenzo.

Fotografías cedidas por Manuel Diosleguarde.

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