En una ciudad donde cada apertura parece prometerlo todo, LOLO Taco Bar llega con algo más difícil de encontrar: una identidad propia. Situado en pleno Paseo de la Castellana, este nuevo espacio propone una lectura refinada, urbana y contemporánea del taco mexicano, alejada del tópico y construida desde el respeto absoluto al origen. Aquí no hay folclore impostado ni decorado turístico: hay cocina pensada, producto cuidado y una idea clara de hacia dónde puede evolucionar la tradición cuando cae en buenas manos. Madrid suma así una dirección llamada a conquistar tanto al gourmet exigente como al curioso de apetito fino.
Detrás del proyecto está Manuel Álvarez, joven empresario de raíz mestiza —mitad mexicano, mitad gallego— cuya trayectoria internacional le ha llevado por ciudades como Dubái, Roma, Oporto o Hong Kong antes de regresar a España con una visión cosmopolita y precisa. Esa mirada se traduce en una carta donde la técnica importa tanto como el sabor. Las proteínas se cocinan a baja temperatura durante dieciocho horas, manteniendo textura y jugosidad, mientras las tortillas, cien por cien sin gluten, se elaboran bajo parámetros diseñados específicamente para la casa. El resultado son tacos ligeros, elegantes y profundamente sabrosos.
Entre los imprescindibles destacan propuestas como la Tuetaña Castiza, con picaña madurada, tuétano, guacamole y queso fundido; el taco de Pescado, protagonizado por salmonete frito, col crujiente y mayonesa al chipotle; o el celebrado Hongo Loco, donde las setas salteadas dialogan con queso derretido en una combinación rotunda y delicada a la vez. La cocina, liderada por Jorge Bustamante, chef mexicano vinculado al entorno de Basque Culinary Center, logra un equilibrio brillante entre tradición e innovación. La barra no se queda atrás: cócteles como la paloma, el vampiro o una margarita 0.0 de autor completan una experiencia que entiende el ocio gastronómico como algo total.

El interiorismo merece capítulo aparte. Concebido por el estudio CARNE y ejecutado arquitectónicamente por Pablo Ledo, el local despliega una narrativa visual tan coherente como magnética. Sus 112 metros cuadrados se dividen en dos atmósferas complementarias: una primera zona de taquería urbana, donde mandan el microcemento, el acero y la cerámica, y una segunda estancia bautizada como Sala Azul, una caja inmersiva en azul Klein que se convierte en icono instantáneo. Pavimento continuo de epoxi, bancos corridos alicatados, mobiliario metálico y un techo de policarbonato retroiluminado generan una sensación cinematográfica, casi onírica. En tiempos de exceso decorativo, LOLO demuestra que el diseño también puede tener discurso.
Ficha
📍 Paseo de la Castellana, 23, Madrid
🕒 Martes y miércoles: 13:30 a 15:45
🕒 Jueves: 13:30 a 15:45 y 20:30 a 00:00
🕒 Viernes y sábado: 13:30 a 15:45 y 20:30 a 01:00
🎟️ Ticket medio: 20 €
👥 Aforo: 44 personas
📲 Instagram: @lolo.tacobar
Créditos fotos: Javier de la Paz




