Hay artistas que necesitan romper con el pasado para encontrar su voz, y otros que convierten la herencia en una conversación íntima, lenta y profundamente honesta. Eduardo Chillida Belzunce pertenece a esta última categoría. En “Colores y Formas”, la nueva exposición que podrá visitarse en Madrid del 21 de abril al 18 de mayo de 2026, el artista propone algo mucho más complejo que una simple muestra colectiva: plantea una reflexión sobre aquello que sostiene el arte cuando todo lo accesorio desaparece. El color, la forma, la luz, el espacio y la materia aparecen aquí como un lenguaje esencial capaz de existir sin necesidad de explicación. Lejos de cualquier gesto grandilocuente, Chillida Belzunce habla del proceso creativo con la serenidad de quien entiende que la obra tiene vida propia y que el artista, más que imponer, debe aprender a escucharla. En sus palabras resuena constantemente una idea: el arte no nace de la búsqueda del impacto inmediato, sino de la permanencia, de esa capacidad silenciosa de seguir habitando la memoria y la emoción del espectador mucho tiempo después.

La exposición reúne además las obras de Pedro Txillida, María Chillida, Ignacio López, Christian Iglesias, Charo Casteres, Cruz Velasco y Laura Chillida, configurando un diálogo entre distintas sensibilidades contemporáneas unidas por una investigación común sobre la abstracción, las estructuras visuales y la relación emocional con el espacio. Pero más allá del encuentro entre artistas, “Colores y Formas” funciona también como una declaración de principios sobre la manera de mirar y de vivir el arte hoy. En un tiempo dominado por la velocidad y lo inmediato, Chillida Belzunce reivindica la pausa, la contemplación y la experiencia física de la obra. Esa misma filosofía atraviesa también “Chillida Belzunce Art & Design”, el proyecto que traslada su universo creativo al diseño de objetos cotidianos —lámparas, mobiliario, textiles o skates— entendiendo que el arte no debe permanecer encerrado en un pedestal, sino convivir con nosotros de manera natural. Quizá ahí reside precisamente la esencia de su trabajo: en lograr que la materia, el espacio y la emoción dejen de ser conceptos abstractos para convertirse en presencia.

“Colores y Formas” parte de lo esencial. ¿Qué te interesa hoy de volver a esos elementos primarios del lenguaje artístico?
El color, la forma y no olvidemos la luz, mi gran maestra, siempre han sido parte de lo que hago, no algo a lo que vuelva. Me interesa seguir explorándolos porque son los elementos que permiten que la obra exista por sí misma, sin necesidad de palabras. Todo lo demás surge a partir de ellos.

En esta exposición dialogan varias miradas. ¿Cómo se construye ese equilibrio entre lo colectivo y lo individual?
Cada uno tiene su propia manera de mirar y hacer, y eso es lo que mantiene viva la exposición. No se trata de coincidir ni de uniformarse, sino de permitir que cada voz se exprese con libertad. El equilibrio surge simplemente porque todos los artistas que participamos en esta exposición respetamos lo que hace el otro, lo individual, y al mismo tiempo compartimos un espacio común donde todas las obras se encuentran con naturalidad.

Has crecido rodeado de una herencia artística muy potente. ¿En qué momento sentiste la necesidad de construir tu propio lenguaje?
Creo que la necesidad de encontrar mi propio lenguaje surgió de manera muy natural, casi sin darme cuenta. Cuando tenía cuatro años hice mi primera escultura con trozos de tierra que mi padre me tiró al jardín desde la ventana de su estudio.
Crecer entre arte me enseñó a experimentar y jugar con materiales desde pequeño, pero también me enseñó, probablemente sin darme cuenta en el momento al ser algo vivido cotidianamente, que no basta con admirar: uno necesita dialogar con lo que siente.
En las casas de mis padres siempre han convivido obras de Eduardo Chillida con las mías, también con las de mi hermano Pedro y con otras de artistas de la talla de Braque, Calder, Miró, Chagall, Picasso, Tàpies, Alechinsky, Nagel o Giacometti.
Lo que verdaderamente importa es materializar lo que tú sientes, paso a paso, siguiendo tu propio camino sin compararte con nadie.

¿Qué has tenido que apartar —o incluso olvidar— para poder encontrarte como artista?
Francamente, creo que nada.
Desde niño y hasta que me casé, mi madre se ocupó de todo tipo de tareas que pudieran quitarme tiempo para centrarme en mi arte y desde mi matrimonio con Susana, ha sido igual.
Las dos han sido muy importantes en mi vida, encargándose de todas las tareas necesarias para que yo pudiera centrarme y, como dices, encontrarme como artista.

Tu obra se mueve entre escultura, pintura y gráfica. ¿Es una búsqueda constante o una necesidad natural de expresión?
Es una mezcla de las dos cosas. En cuanto a la búsqueda constante, te diré que, en mi opinión, buscando la dificultad es como más se aprende. También creo que estar seguro de uno mismo nunca es malo; ahora, de lo que no hay que estar seguro nunca, es de cómo va a ser el próximo cuadro.
Y en cuanto a la necesidad natural de expresión, probablemente sea una de las cosas que mejor me define. Es mi manera de entender y relacionarme con el mundo, una forma de dar cuerpo a lo que no puedo decir con palabras.

¿Qué papel juega el espacio en tu proceso creativo: lo piensas o lo descubres?
En mi proceso creativo siempre hay una primera idea; si voy a pintar, dibujar o grabar un lugar que veo u otro que va a ser imaginario, o si voy a esculpir, pongamos, unas manos o un abrazo.
A partir de ahí, todo es trabajo y descubrimiento. Del espacio, las luces y las sombras, las perspectivas, los volúmenes y todo lo que se me vaya planteando por el camino. El artista decide, pero la obra también encuentra su propio camino. La obra se va revelando, va diciendo lo que quiere y guiando en gran parte el proceso.

La abstracción suele exigir más al espectador. ¿Qué esperas de quien se enfrenta a tu obra?
En mi obra siempre ha habido en los principios de los cuadros abstracción. Son los llamados Orígenes, que siempre han estado ahí, y que he utilizado en mis cuadros cubriéndolos con dibujos y colores y dejando veladuras para enriquecer el resultado final de la pintura.
En 2024 he pintado una serie de Orígenes que he mostrado al público como obras completas en sí mismas, capaces de hablar por sí solas.
En cuanto al resto de mi obra conocida, la figurativa, espero que el espectador vea algo en ella, algo que le haga sentir, vibrar, vivir.

¿Hay una emoción concreta que atraviese esta exposición?
Yo creo que la de mostrar al público que el arte puede emocionar a través de diferentes maneras de expresarse. En el arte hay muchos caminos muy válidos para producir pequeñas y grandes sensaciones y emociones. Y espero que esta exposición revele esa idea a los que vayan a visitarla.

“Chillida Belzunce Art & Design” lleva tu universo a lo cotidiano. ¿Dónde está la frontera entre arte y diseño para ti?
El arte sale exclusivamente del artista. Más que frontera, yo diría que son dos disciplinas distintas. El diseño, que puede ser muy bueno, involucra a más colaboradores para llegar a buen puerto. En nuestro caso el diseño tiene el mismo origen, parte de la obra del artista. Y una buena cualidad que tiene es que respeta profundamente esa obra, mi obra.

En un contexto donde todo tiende a lo inmediato, ¿cómo se sostiene hoy una obra que pide tiempo?
Una obra que pide tiempo se sostiene justamente porque respira a un ritmo distinto. Exige que quien la mira también se detenga. En este mundo que va muy rápido, quien se detiene a mirar, tocar o sentir una pieza encuentra algo que no se agota en lo inmediato. La paciencia no es un obstáculo, es parte de la experiencia: respetar el tiempo de la obra y dejar que ella nos enseñe a mirar y disfrutar con calma.

¿Te interesa más la permanencia o el impacto?
Me interesa más la permanencia que el impacto inmediato. El impacto se siente un instante y se olvida. La permanencia, en cambio, deja que la obra siga dialogando con quien la mira, incluso años después. Prefiero crear piezas que acompañen el tiempo, que crezcan en significado con la experiencia de cada persona. Sin lugar a dudas, me interesa más la permanencia en este mundo.

Si tu trabajo pudiera resumirse en una idea que permanezca, ¿cuál sería?
Si tuviera que resumir mi trabajo en una idea que permanezca, diría que busca la presencia. La presencia de la materia, del espacio, del tiempo… y de quien mira. Que la obra no solo se vea, sino que se sienta, y que siga resonando mucho después de haberla encontrado.
Y para terminar, haciendo un guiño a mi padre, una idea o podría decirse tal vez que una opinión que comparto con él al 100%, sería: “lo mejor es enemigo de lo bueno”.

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