Por Marc Doménech
Cierto es que el sur de Francia, sus ciudades, guardan un paisaje para enmarcar en sus días de feria. Todo es fiesta mayor, todo es toros, sin tapujos, en el centro del ambiente. Algo que no aprendimos de ellos durante los seis años aproximados que nos duró su invasión. Al menos los napoleónicos supieron que copiar.
Quentin Revilla ha nacido entre los paisajes sureños de Francia y ahora es una de las voces más singulares de la pintura gestual contemporánea. Aunque profundamente arraigado a su tierra natal, Béziers, ha encontrado en España —y particularmente en el mundo taurino— un territorio de resonancias estéticas y emocionales. Ese cruce de culturas se refleja en su obra: una pintura que bebe de dos tradiciones, y que en su encuentro se convierte en una expresión universal.
Lo que define su trabajo es el movimiento: un trazo enérgico, visceral, cargado de cuerpo. Sus cuadros son coreografías pintadas, donde el gesto libre convive con una disciplina casi invisible, cada pincelada parece contener el pulso vital del artista. Su pintura no es decorativa, sino un combate entre la espontaneidad y el control.
Revilla entiende la creación como un acto efímero. Para él, lo importante no es la obra terminada, sino el instante de abandono en el que sucede el gesto creativo. Esa búsqueda de ingenuidad —“olvidar lo aprendido” para reencontrarse con la frescura de los inicios— atraviesa su pintura y se convierte en la clave de su autenticidad.

PREGUNTA: ¿Cómo surgió esa necesidad de expresarte a través de los lienzos?
RESPUESTA: Creo que uno nace con ello, lo llevamos dentro: esa necesidad de expresarnos y de decir las cosas de otra manera que no sea únicamente con palabras. En mi caso fue a través de la pintura, el medio que me permitió liberarme.
P. ¿Hay algún recuerdo de esos primeros años que aún marca tu manera de trabajar hoy?
R. No tengo recuerdos de aquellos primeros años que sigan influyendo hoy en mi trabajo, porque intento olvidar: olvidar lo que sé, lo que aprendí. De esa manera busco la ingenuidad que tenemos al principio, para no caer en la rutina de la pintura y de la creación.
P. ¿Cuál es tu medio de expresión favorito?
R. No tengo un medio de expresión favorito, porque la pintura es una necesidad. Pinto sobre todo lo que se me ofrece, lo que encuentro, lo que tengo en el momento. A veces elijo un soporte en particular si la materia me interesa, pero puede ser papel, periódico, cartón, hierro, madera… no tengo un soporte predilecto.
P. ¿Cómo definirías tu obra?
R. Diría que es gestual e instintiva, porque mi obra nace del cuerpo y del movimiento; mediterránea y también poética.
P. Además, tu obra está cargada de movimiento y energía corporal. ¿Cómo consigues trasladar la intensidad del gesto al lienzo o al muro?
R. Sí, el movimiento y la energía conforman mi obra. Creo que todo depende de la sinceridad. A veces, dentro de una misma serie, hay obras que no funcionan igual, porque dependen de lo que doy de mí en ese momento, y eso se percibe de inmediato. Es como en la tauromaquia: una faena con el mismo toro, ejecutada por dos toreros distintos, pueden ser completamente diferente, como el día y la noche.
P. Hablas de gesto libre y controlado al mismo tiempo, ¿cómo encuentras ese equilibrio entre espontaneidad y disciplina?
R. Percibo si el equilibrio ha sido bueno cuando considero que una obra ya está terminada. Lo noto enseguida: si funciona o no. Si no funciona, es porque en algún momento abusé de algo, ya sea de libertad o de control. Y se necesita un poco de ambos para que la obra viva como debe.

“El arte sigue siendo efímero, al menos el acto de crearlo. Crear es efímero, aunque la obra pueda vivir décadas. Ese momento de abandono es lo que busco captar”.
P. ¿Qué papel juega el azar en tu proceso creativo? ¿Hay margen para la improvisación?
R. Por supuesto. La improvisación ocupa un lugar muy importante en mi trabajo. Siempre estoy atento a lo que sucede mientras pinto, y es en gran parte gracias a esa libertad y a ese movimiento en el que surgen accidentes y sorpresas.
P. ¿En qué encuentras inspiración?
R. La inspiración está en todas partes, solo hay que saber mirar.
P. ¿Qué referentes encuentras en el mundo del diseño contemporáneo que resuenen con tu estética?
R. Es una pregunta importante porque pienso que todos esos mundos están estrechamente relacionados: el diseño, el cine, la fotografía, la pintura. Me inspiro mucho en esas otras disciplinas. Entre los nombres que me han influido mucho puedo citar a Gaetano Pesce, Le Corbusier, Jacques Couëlle, Antti Lovag, Almodóvar, Ramón Masats o jóvenes diseñadores como Axel Chay.
P. ¿Qué papel juega la memoria —personal o colectiva— en tu trabajo?
R. Es curioso, porque la memoria es algo bastante particular para mí. Como ya dije antes, intento al máximo ‘olvidar’: olvidar la técnica, lo que he aprendido y visto. Para mí, el arte sigue siendo efímero, al menos el acto de crearlo. Crear es efímero, aunque la obra pueda vivir décadas. Ese momento de abandono es lo que busco captar.
P. Has colaborado con el mundo taurino en ferias y exposiciones. ¿Qué encuentras en la tauromaquia que conecta con tu lenguaje artístico?
R. La tauromaquia no miente, revela todo lo que hay en la vida. En una corrida, o en una faena, se pueden vivir todos los sentimientos de una vida: pasar de la risa al llanto, de la euforia y la alegría, al miedo o a la preocupación, de la vida a la muerte, de lo bello a lo feo. La tauromaquia es el reflejo de la vida, y es una suerte que en 2025 podamos seguir asistiendo a este espectáculo tan singular.
P. En tus obras sobre toros, ¿te interesa más el animal, el torero o el instante de tensión entre ambos?
R. Me interesan los dos sujetos, tanto por sus formas como por todo lo que se puede hacer y decir en torno a ellos. Hay muchísimas cosas muy interesantes que trabajar. Desde el punto de vista taurino, lo esencial es ese momento de tensión, porque la belleza de la tauromaquia nace de ambos protagonistas: sin toreros no hay corridas, pero sin toros tampoco. Es la unión la que lo hace posible.

P. Eres amigo de toreros. ¿Inspira más el torero al artista, o el artista al torero?
R. En mi caso, los toreros que conozco me inspiran enormemente. Hay muchos vínculos con el arte, y en particular con la pintura. Al menos yo consigo enlazarlos. Para mí son una fuente de inspiración constante en lo cotidiano. Su manera de vivir y su posición ante la vida me inspiran mucho. Y al revés… habría que preguntarles a ellos.
P. ¿Crees que la tauromaquia puede ser reinterpretada desde el arte contemporáneo para dialogar con nuevas generaciones?
R. Sí, completamente. Pienso que la tauromaquia puede ser reinterpretada a través del arte contemporáneo. Como decía antes, es una suerte que en 2025 podamos asistir a corridas. Pero creo que hay que abrirse a las nuevas generaciones, siempre respetando los valores intrínsecos a la tauromaquia.
P. ¿Cómo se refleja tu identidad francesa en diálogo con tu conexión con España y la tauromaquia?
R. Tengo la suerte de haber nacido en el sur de Francia y, como muchos, he crecido entre las dos culturas. Aunque soy profundamente francés y estoy muy apegado a mi país y a mi región, también me siento un poco en casa en España. En mi trabajo eso se convierte en un bonito puente: me nutro de ambas culturas y cada una me aporta mucho.
P. ¿Qué emociones buscas provocar en el espectador cuando se enfrenta a tu obra?
R. Para mí, la pintura es algo muy egoísta. La hago ante todo para mí, porque la necesito. Lo que busco transmitir es emoción. Sea buena o mala, no importa. Incluso si alguien no la aprecia —y me ha pasado—, sigue siendo una emoción. Y pienso que, como en la tauromaquia, hay que saber salir con la cabeza alta incluso de una bronca.

P. ¿Qué proyectos tienes ahora mismo que te ilusionen especialmente?
R. Actualmente estoy en residencia artística en un lugar llamado «Les Ostals», en Béziers, donde el Maestro Sebastián Castella expuso sus obras durante la feria. Paso mucho tiempo encerrado en el taller trabajando en cosas nuevas, el lugar es muy inspirador, ¡y en diciembre habrá una gran exposición!
En cuanto al futuro, me gustaría abrir mi arte más al extranjero. ¿Por qué no proyectos en el país vecino?
P. ¿Cómo imaginas que evolucionará tu lenguaje pictórico en los próximos años?
R. No lo sé exactamente, y creo que ahí está lo bello. Dejo que las cosas lleguen. Pienso que mi lenguaje va a evolucionar de manera natural, siguiendo mis experiencias y mis deseos.
Para Revilla, la tauromaquia es una fuente de inspiración absoluta. El arte y los toros comparten un mismo principio: la sinceridad absoluta. Tanto en una faena como en un lienzo, todo depende del gesto, de la entrega y de la capacidad de emocionar. Capaz de transmitir en minutos toda la gama de emociones humanas. Reinterpretarla desde el arte contemporáneo no solo es posible, sino necesario, como vía para tender puentes con las nuevas generaciones y mantener viva su dimensión cultural y estética.
El artista se encuentra en un momento de efervescencia creativa. Su residencia en Les Ostals, en Béziers, le ha brindado un espacio de concentración y experimentación. Con una gran exposición a la vista y el deseo de llevar su obra al extranjero, Revilla mira hacia adelante sin perder la frescura del presente. No busca agradar a todos, sino provocar una reacción sincera, sea cual sea. Esa honestidad es quizá su mayor contribución: recordarnos que el arte vive en el instante en que logra conmover.
Fotos: Denali.Studio





