¿Cómo llegaste a la fotografía? ¿Hubo una imagen que lo cambió todo?
No exactamente una imagen, el mundo de las artes visuales ha estado presente en mi casa y mi familia desde siempre. Llegué a la fotografía después de estudiar diseño gráfico y comunicación visual, y viendo la movida de la fotografía de moda que se estaba empezando a ver en Caracas. Ahí empecé a estudiar fotografía y en algún punto decidí que eso es lo que quería hacer.


¿Qué buscas cuando miras a través del visor?
Busco crear. Más allá de lo que esa creación pueda generar después de ser mostrada, lo que busco es crear. 


¿Te gusta más captar lo que pasa… o lo que podría pasar?
Creo que no es posible captar lo que podría pasar. Uno capta lo que pasa, sólo que la forma en que uno lo hace es lo que define qué es lo que va a pasar y a dónde va. Entonces se podría decir que no capturo lo que podría pasar, sino lo que va a pasar.

¿Crees que una foto puede mentir?
La verdad le pertenece a quien la cuenta. Así que una foto puede ser la verdad absoluta o una absurda mentira.


¿Cuándo sabes que una foto está terminada?
Suelo saber lo que quiero cuando disparo, y cuando no lo sé del todo, lo voy descubriendo por el camino. No me obsesiono con la posibilidad de que algún cambio más pueda mejorar el resultado final de una foto. A mí me gusta mi trabajo, y una foto la termino cuando me siento en paz con ella, porque contento me suelo sentir desde que la hago.


¿Te ha emocionado alguna vez una imagen que hiciste sin pensarlo?
Continuamente. Como dije, suelo saber qué busco cuando hago fotos, pero no sabes realmente lo que tendrás hasta que empieza ese diálogo entre uno con la escena. Me involucro emocionalmente mucho con mi trabajo. Mi trabajo soy yo hablándome a mí mismo, completando mis pensamientos, enseñándome mientras creo, guiándome en mi propio proceso. El hecho de que mis fotos no me emocionen no es algo que yo conozca.


¿Hay belleza en el error fotográfico?
Es que no hay tal cosa como el error fotográfico. Dentro del mundo del arte, las cosas no son buenas o malas, correctas o incorrectas, coherentes o incoherentes a nivel técnico o conceptual. Las cosas funcionan para un momento dado o no funcionan. Hay veces en las que uno está perfectamente claro sobre lo que quiere y lo que tiene entre
manos; otras veces, uno no lo sabe y la propia comunicación con la obra es lo que dice que funciona y que no funciona. Esto no quiere decir que lo que no funcionó para una cosa en un momento no funcionará para otra después.


¿Qué tiene que tener una persona para que te den ganas de retratarla?

Pues tiene que llamarme la atención, primeramente a nivel visual. Más allá de tener una sonrisa y unos ojos lindos, me emocionan los rasgos que inquietan. Por otro lado, me puede llamar la atención una historia. Dentro del mundo de la moda toca trabajar a veces con personalidades de la cultura pop, la música, el cine. Esa historia que hay detrás de cada persona y que puede potencialmente traer al momento de crear también
es algo que me atrae.


¿Cómo influye tu herencia venezolana y tu vida en Europa en tu mirada?
Mi herencia venezolana es lo que ha marcado realmente mi ojo y el propósito de mi trabajo. Por muchos años mi trabajo estuvo centrado en lo estético, pero a menudo sentía una desconexión con él, me gustaba lo que creaba pero no terminaba de reflejarme en ello. Durante un tiempo pensé que quizás no era tan creativo o tan inteligente. En 2019 empecé ─sin ser muy consciente de ello─ un proyecto fotográfico personal que más tarde titulé Volver a mirar, en el que abordo la fotografía de moda a
partir de un prisma completamente diferente. En lugar de usar ropa y accesorios, como es lo convencional, utilizo obras de arte. Investigo la obra de artistas venezolanos que, bien por su proceso o resultado creativo me llaman la atención, visito sus talleres y descontextualizo sus piezas para utilizarlas como recurso de moda. Ese año volví a Caracas por primera vez después de haberme ido a Europa y llegué a
una ciudad donde no había nada relacionado con moda, no había industria, no había marcas, pero yo necesitaba crear. Como dije antes, el arte siempre ha estado presente en mi familia, mi mama tiene una editorial de libros de arte y he vivido su trabajo muy cerca desde pequeño. Desde niño he visitado espacios culturales con regularidad y conocido mucha gente relacionada con el medio, así que empecé a hacer colaboraciones con distintos artistas. Al principio fue sólo por la diversión de crear, pero luego fui profundizando en la investigación y consolidación del proyecto personal que ahora es. Significó un punto importante en la reconciliación con mi país y continúa marcando mi punto de vista estético y conceptual.


¿La moda es fondo o es forma en tus imágenes?
La moda es sólo la vía y el lenguaje: no estoy tan inmerso en la industria de la moda como tal. Soy artista y hago fotografía de moda.


¿Qué te obsesiona últimamente cuando haces fotos?
Me llama la atención la conexión con mis referencias artísticas y culturales. También personales, como individuo que va transformándose a través de sus procesos íntimos. Crear una conexión con el espectador que le impacte porque se refleja de una forma cómoda e incómoda al mismo tiempo.


¿Cuál es tu relación con la luz? ¿Le hablas?
Más que hablarle, trabajamos juntos. Nos usamos mutuamente para crear. Nos aliamos en pro de la creación.

 
¿Hay alguna fotografía tuya que hoy no harías igual?

Ninguna de mis fotos las haría hoy igual. Uno cambia constantemente, no te despiertas un día siendo el mismo que fuiste cuando te acostaste la noche anterior. Una foto es producto de quien soy bajo un espacio-tiempo. Eso es parte de lo enriquecedor a la hora de ver el trabajo propio, tanto el del mes pasado como el de hace seis años. Ver mis trabajos es como entrar en la vista previa de una máquina del tiempo que muestra quién fui.


¿Qué espacio ocupa lo íntimo en tu trabajo?
Yo me he encontrado en mis proyectos personales. A principios de año presenté en Caracas mi primera exposición grande con un proyecto que titulé Metanoia. La identidad y sus contradicciones, un proyecto en el que estuve trabajando por tres años aprox. Junto a Volver a mirar, el proyecto del que hablé antes, Metanoia es una muestra que sale directamente de lo más profundo de mi interior. Para mí lo íntimo no es privado y viceversa; lo íntimo es lo más crudo de nuestra individualidad y como artista, mostrarlo complementa ese diálogo.


Si mañana perdieras la cámara, ¿cómo seguirías mirando?
El que es artista es creativo y el creativo crea. La cámara ahora es mi herramienta para hacer fotos, pero soy alguien muy manual. Me gusta crear con las manos, incluso en mis exposiciones produzco con las manos, llevo mi fotografía a distintos soportes, collages en telas y papeles, traspasos de foto al metal, plástico, textiles… Si perdiera la cámara simplemente no podría hacer tantas fotos, pero con mis manos tengo suficiente.

Tendencias

Descubre más desde EssenceMAG España

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo