Hoy es siete de julio, San Fermín. Una fecha grabada a fuego en el calendario de los aficionados a la tauromaquia. Aficionados o no, hoy toca hablar con un hombre que en el silencio del día y la noche habla a través de sus imágenes.
A Albert Serra habría que recibirlo en silencio, como a los toreros cuando cruzan el patio de cuadrillas: sin alharacas, con respeto ritual. Porque hay en él algo de matador crepuscular, algo de artista que sabe que el gesto —cuando es puro— vale más que toda la cháchara del mundo moderno. Filma como se torea: con desprecio al reloj, con estética de otra época y con un riesgo que no es impostado, sino físico, real, como el del pase natural frente al toro que no entiende de metáforas.
Serra no quiere gustar. No ha venido a agradar. Su cine es una corrida sin orejas ni palmas, donde lo importante es el temple, el tiempo suspendido, el arte como trance. Y ahí, en ese territorio donde muchos se aburren porque no saben mirar, él se crece. Habla como filma: con lentitud insolente, como si dijera «me sobra el mundo», pero también con un lirismo seco, castellano, que no pide permiso ni da explicaciones.

Lo entrevistamos una tarde de esas que parecen escritas por Azorín: luz horizontal, aire quieto, y una cierta tristeza elegante que ya no se lleva. Serra nos habló del silencio, del deseo, de la belleza que asfixia, de los políticos que huelen a plástico y de los toros —sí, de los toros— como arte mayor, arte total, donde la muerte no es espectáculo sino símbolo. Y uno entiende, entonces, que su cine también se parece a eso: un ruedo sin música, donde lo que está en juego no es el aplauso, sino el alma.
Albert… ¿usted es solo un testigo de lo que pasa, o nos quería transmitir algo más?
Ambas cosas, seguro que quería transmitir algo pero no sé qué.
¿Le interesa más lo que muestra o lo que oculta?
Lo que muestro porque lo que oculto no se ve; pero lo que muestro puede tener cierta opacidad y no remitir a nada claro.
¿Qué ha cambiado en usted con su última película?
Tener una mejor comprensión de la importancia del valor para tomar decisiones importantes.

¿Cómo surge ‘Tardes de soledad’?
Por azar, como todas mis películas. No tengo ningún plan de vida ni artístico. Todo viene de fuera.
¿Sintió miedo en algún momento?
Muchas veces cuando Andrés arriesgaba mucho. Me tenía que tapar los ojos con la mano y los del equipo se mofaban de mi.
¿Es la belleza un arma de doble filo?
No si eres un artista porque ya tienes totalmente interiorizado que puede estar en todas partes. Para el resto de la gente supongo que sí, pero es su problema, haberse cultivado más.
¿Se siente más a gusto en la noche o en el día?
Tiene funciones diferentes pero quizás la noche es más estética e inspiradora visualmente.
Despues de todo, ¿ha merecido la pena?
Sería muy extraño que no fuera así porque todo lo que hago está muy pensado y al mismo tiempo es de una extrema espontaneidad e inocencia.

Desde hoy, disponible en Movistar Plus
Además, hoy 7 de julio, ‘Tardes de soledad’, el estremecedor documental de Albert Serra sobre la tauromaquia, se estrena en exclusiva en Movistar Plus+.
En esta producción, ganadora de la Concha de Oro en el último Festival de San Sebastián, Albert Serra acompaña a Andrés Roca Rey y a su cuadrilla dentro y fuera de las plazas de toros, mostrando la intimidad y la liturgia de los momentos previos y posteriores a las corridas: la soledad, la tensión y los ritos a los que se enfrenta el torero y que rodean la tauromaquia. La cámara también captura en detalle los gestos de Roca Rey, su relación con la cuadrilla, sus conversaciones y la presión que el público ejerce sobre el torero. Pero este documental va más allá, también capta el sufrimiento del animal, su mirada y su agonía.

Albert Serra firma un trabajo creativo y artístico excepcional y construye un retrato profundo, con una mirada única y que no deja indiferente a nadie sobre la tauromaquia, invitando a reflexionar sobre la vida, la muerte y la belleza efímera.






