Septiembre tiene algo de tregua. Madrid vuelve a sus horarios, al tráfico y a las agendas imposibles, pero todavía quedan tardes de sol que permiten sentarse fuera y pedir otra ronda. En Puerta de Hierro, El Rincón de Vespok convierte ese pequeño privilegio en un plan gastronómico en sí mismo: una terraza escondida entre vegetación, a apenas veinte minutos del centro, donde el aperitivo puede empezar con una gilda y terminar, sin demasiada planificación, en una comida larga. Anchoas, boquerones, piparras, croquetas, tortilla, ensaladilla o jamón ibérico llegan a la mesa con esa vocación de picoteo reconocible que no necesita demasiadas explicaciones. Aquí manda el producto y la conversación hace el resto.
El encanto está precisamente en no tener demasiada prisa. Una gilda pide otra, una croqueta desaparece antes de que llegue la siguiente ronda y la ensaladilla se convierte fácilmente en argumento para quedarse un rato más. Es una cocina de producto, honesta y sin artificios innecesarios, que también se reconoce en propuestas más elaboradas de la casa, desde sus verdinas con carabinero hasta los arroces, pescados y carnes. Pero quizá sea en este territorio informal del aperitivo donde mejor se entiende el espíritu de El Rincón de Vespok: comer bien sin convertirlo en un acontecimiento solemne, compartir platos y dejar que la mesa vaya marcando el ritmo.
La carta de El Rincón de Vespok recorre ese territorio de la cocina española que entiende que el buen producto no necesita demasiadas explicaciones. El aperitivo abre con gildas, anchoas, boquerones, piparras fritas, croquetas, tortilla, ensaladilla o jamón ibérico, una colección de clásicos bien escogidos que invita a compartir y que funciona especialmente bien cuando la mesa se deja llevar por el picoteo. Después aparecen platos de mayor recorrido, con una cocina de temporada que pasa por las verdinas con carabinero, el arroz negro de chipirón, las colmenillas con salsa de foie, la lubina a la sal o el rodaballo a la bilbaína, hasta llegar a las carnes, con un lomo bajo de vaca Retinta que reclama su momento de protagonismo. Una propuesta reconocible, generosa y sin artificios, donde conviven el recetario tradicional y una mirada más contemporánea al producto. Todo ello acompañado por una bodega amplia y bien seleccionada, pensada para encontrar el vino adecuado para cada plato, y una propuesta de coctelería que permite que la experiencia gastronómica no termine necesariamente con el postre.
Y cuando el sol empieza a bajar, el plan todavía tiene recorrido. La bodega, amplia y bien planteada, invita a prolongar la sobremesa con una copa de vino, mientras la coctelería abre una segunda parte que puede alargar todavía más la tarde. En tiempos de terrazas abarrotadas y restaurantes donde el reloj parece formar parte del servicio, El Rincón de Vespok juega otra carta: la sensación de haber salido de Madrid sin haber abandonado Madrid. Un pequeño oasis gastronómico en Puerta de Hierro donde septiembre todavía permite comer al sol, brindar sin mirar la hora y alargar el verano un poco más.
Más información en: https://www.elrincondevespok.com/es




