Hoy hace 29 años que murió Diana de Gales, pero algunas muertes no terminan de suceder. O quizá sucedió tanto que por eso sigue viva en el recuerdo y en forma de libros, documentales y horas acumuladas de televisión. Diana fue una estrella mucho antes de que existiera la palabra influencer, cuando la fama todavía tenía rostro, misterio y una cierta elegancia. Fue probablemente la mujer más perseguida de su tiempo (y de todos los tiempos) y también una de las más observadas, fotografiadas, juzgadas y humilladas. El mundo quería saberlo todo de ella, incluso aquello que no le pertenecía. Y, sin embargo, cuanto más intentaban convertirla en espectáculo, más humana parecía. Porque realmente lo era.

Diana fue la más elegante, pero también la más cercana. La princesa que podía vestir un vestido de gala y, al día siguiente, sentarse junto a un enfermo, abrazar a un niño o estrechar una mano que otros preferían no tocar. Su corazón parecía no entender de fronteras, protocolos ni prejuicios. Quizá por eso consiguió algo que ninguna corona garantiza: ser verdaderamente querida. Fue princesa por matrimonio, pero terminó siendo royal por algo mucho más difícil de conseguir, la devoción de la gente.

También fue una mujer vilipendiada por una institución que nunca terminó de comprenderla. Se equivocó, sufrió, amó, se rebeló y buscó desesperadamente una vida que pudiera sentir como propia. La prensa convirtió muchas veces sus heridas en titulares y sus lágrimas en fotografías. Diana aprendió a utilizar aquella exposición para devolver algo al mundo, convirtiendo su propia vulnerabilidad en una forma inesperada de poder. Esa es quizá una de sus mayores lecciones.

Hoy, 29 años después, sigue siendo la madre del futuro rey de Inglaterra, pero su legado no cabe en una genealogía. La amiga de Madre Teresa, de Freddy Mercury o Elton John, la musa de Versace, y la mujer que todos querían tener cerca. Está en las imágenes, en la memoria colectiva y en esa extraña sensación de haber conocido a alguien que nunca conocimos realmente. Diana fue musa, princesa, madre, icono y mujer antes que personaje. Una estrella sin fronteras, perseguida hasta el último kilómetro y querida hasta después de su muerte. Quizá por eso Diana sigue siendo Diana: porque el mundo consiguió fotografiarla, pero nunca consiguió poseerla.

Bertie Espinosa

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