Con la llegada del verano reaparece uno de los grandes debates entre los amantes del vino: ¿es posible disfrutar de un tinto cuando el termómetro supera los treinta grados? La respuesta es un rotundo sí, siempre que se sirva en las condiciones adecuadas. Durante años se ha repetido el tópico de que existen «vinos de invierno» y «vinos de verano», pero la realidad es mucho más sencilla: un gran vino siempre encuentra su momento. Lo verdaderamente importante no es la estación del año, sino la temperatura a la que se sirve.

En este sentido, desde Bodegas Figuero recuerdan que uno de los errores más habituales consiste en servir los tintos demasiado calientes. Cuando esto ocurre, el alcohol gana protagonismo, se pierde frescura y el equilibrio aromático queda desdibujado. Cristina Figuero recomienda disfrutar los tintos entre los 12 y los 14 ºC, una temperatura que permite apreciar toda su complejidad, su fruta y su elegancia. Para conseguirlo, la bodega presenta este verano una práctica bolsa térmica diseñada para mantener la botella en las condiciones ideales durante comidas al aire libre, picnics, jornadas de playa o cenas en terrazas.

La propuesta perfecta para acompañar estos momentos estivales es ASOMO, un tempranillo joven que representa la cara más desenfadada de Figuero sin renunciar a la personalidad que caracteriza a la casa. Elaborado con uvas procedentes de viñedos plantados en 1995 en La Horra, en pleno corazón de la Ribera del Duero, este vino destaca por su perfil fresco, vibrante y expresivo. La fruta roja madura, los matices florales y una boca ágil y equilibrada convierten cada copa en una invitación a redescubrir el tinto desde una perspectiva diferente.

Porque el verano no obliga a renunciar al vino tinto; simplemente invita a disfrutarlo de otra manera. Servido a la temperatura adecuada y acompañado de propuestas pensadas para conservar toda su frescura, ASOMO se convierte en uno de esos vinos capaces de romper prejuicios y demostrar que la calidad no entiende de estaciones. Una filosofía que Bodegas Figuero lleva años defendiendo: el mejor momento para abrir una botella es, sencillamente, aquel en el que apetece compartirla.

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