Por Marc Doménech
Hay algo en el discurso de Tomás Bastos que no termina de explicarse, y quizá ahí está lo más interesante. Habla de sueños, objetivos, valores, constancia, miedos… pero cuando se acerca a lo esencial -eso para lo que entrega su vida- las palabras se desvanecen. No es un vacío, es un límite. Humano, casi metafísico. Como si el lenguaje no pudiera abordarlo.
Para este joven portugués de 19 años, nacido en Vila Franca de Xira -uno de los núcleos taurinos más importantes de Portugal- el toreo es su sino. Un joven que acepta, como si nada, su destino. Como si supiera que ser torero fuera el suyo, antes incluso de que naciera, y no hiciera falta ofrecer resistencia. Estas circunstancias plantean la duda de si esta profesión está por encima de ellos, de querer serlo o no. Quizás todos tengamos que hacer el esfuerzo de aceptar nuestro hado y dedicarnos a ser los mejores en ello, como Tomás.
“Para serlo, hay que parecerlo”, y creerlo, y sentirlo, y pensarlo… Tomás emigró de Portugal a España para perseguir su sueño y, en todas y cada una de sus respuestas, tiene claro su propósito o, más bien, su vida: ser torero. No deja lugar a dudas ni en el más recóndito hueco de su ser.
El novillero, formado en la Escuela Taurina de Badajoz y actualmente apoderado por Cristina Sánchez, es uno de esos adolescentes que ya están marcando el paso. Con una personalidad arrolladora, humilde y fuerte, habla en esta entrevista como preludio a su próxima tarde en Madrid.
PREGUNTA: ¿Cómo te defines como persona?
RESPUESTA: Soy chico que pone mucha personalidad en todo lo que hace. Soy, además, una persona muy cariñosa, con un propósito de vida claro: ser una figura del toreo.
P. ¿Y cómo torero?
R. Un torero de mucha personalidad. Creo que la palabra personalidad es la que me define para todo. Un torero en constante evolución que, sobre todo, expresa mucho toreando y le pone mucho sentimiento a todo lo que hace en la plaza.
P. ¿Qué fue lo que te llevó a dar el paso y decidir que querías dedicar tu vida al toreo?
R. Yo no recuerdo un día en el que haya dicho que quería ser torero. Ha sido todo de una manera muy natural. Al final, mi padre ha sido banderillero, mi tío abuelo matador de toros, en mi familia la tauromaquia siempre ha estado muy presente. Desde que tengo uso de razón, siempre he dicho que quería ser torero.
P. ¿Qué supone para alguien tan joven esta vida? Jugarse la vida delante de un toro, los continuos viajes, la constancia, la lucha…
R. Esta vida para un joven, como mi caso, es con lo que siempre he soñado, así que lo llevo muy bien. Sí que es verdad que, sobre todo, te hace tener una madurez un poco impropia para tu edad. La tauromaquia inculca muchísimos valores y yo creo que es lo más importante que hay.

P. ¿Sientes que hay una parte de ti que solo existe cuando estás en la plaza?
R. Sí, totalmente. Creo que en la plaza expresamos realmente lo que somos como personas. A mí, personalmente, hay cosas en la vida normal que me cuesta mucho expresar y, sin embargo, en una plaza de toros, delante de un toro, soy capaz de hacerlo. Es algo casi inexplicable, pero que a nosotros, los toreros, nos pasa.
P. En la Escuela Taurina, ¿aprendiste algo que te haya marcado más allá del toreo?
R. La Escuela Taurina de Badajoz ha sido muy importante para mí en la etapa sin caballos. He aprendido muchísimo del maestro Luis Reina y del maestro Cartujano. Ha sido una experiencia inolvidable y me ha marcado mucho más allá del toreo. Ha sido una etapa dura de mi vida en la que tuve que salir de Portugal e irme a España en busca de un sueño. La etapa en la Escuela de Badajoz me ha hecho madurar muchísimo, tanto como torero como, sobre todo, persona.
P. ¿Qué te aporta Cristina Sánchez que no pueda hacerlo nadie más?
R. Cristina es una persona que me aporta muchísimo en el toreo y lo que me aporta creo que no puede hacerlo nadie más. No solo me ayuda en lo profesional, sino también como persona. Creo que eso, al final, en una relación de apoderamiento, es muy, muy importante.
“Tengo un propósito de vida, que es ser figura del toreo, y no me dejo llevar por nada ni por nadie”.
P. ¿Quién te ha dado el mejor consejo?
R. No ha sido un consejo, sino una frase. Me la dijo el maestro Luis Reina mientras toreaba un novillo. Yo, delante del novillo, escuché una voz desde el callejón que me decía que había que “asustar el miedo”. Desde ese día me quedé con esa frase y, muchas veces, cuando estoy solo, la pienso, la digiero, la repito. Creo que es una frase que se puede interpretar de varias maneras. Es una frase muy curiosa y que llevaré conmigo para el resto de mi vida.
P. ¿A quién recurres cuando necesitas silencios o consejos?
R. En esos momentos, la verdad es que no recurro a nadie. Es… bueno… puede ser o no un defecto que tengo, pero en esos momentos me gusta escucharme a mí mismo.
P. ¿Cómo se entrena la mente de un torero joven para no quebrarse en los malos días?
R. Yo creo que no se trabaja la mente como tal. En mi caso, tengo un propósito de vida y un sueño, que es ser figura del toreo, y no me dejo llevar por nada ni por nadie.
P. ¿Hasta qué punto es importante la preparación física en un arte tan emocional como este?
R. La preparación física es muy importante, pero también depende de cómo la enfoque cada uno. Está claro que para ser torero hay que estar fuerte, para torear hay que estar en forma. Pesa mucho estar delante de un toro con un traje de luces, pesan mucho las críticas, la responsabilidad… y para todo eso no hay duda de que hay que estar fuerte.

P. ¿Cómo lidias con la crítica, tanto la del público como la tuya propia?
R. La crítica del público la llevo bastante bien. Sin duda, la crítica que más me pesa es la autocrítica, la que me hago yo a mí mismo cada día que me pongo el traje de luces. Me considero una persona muy autocrítica.
P. ¿Por qué quieres ser torero?
R. Quiero ser torero porque toreando siento algo que no he sentido nunca ni creo que vaya a sentir nunca haciendo otra cosa. Es algo que no se puede describir con palabras; cualquier palabra que pudiera decir no refleja lo bonito y lo especial que es para mí torear.
P. Como torero, ¿qué te gustaría dar?
R. Me encantaría ser un torero de toreros. Ese torero en el que otros toreros se fijen y del que puedan aprender matices de su toreo. Eso es lo que más feliz me haría en esta profesión.
“No hay nada que se le compare a jugarse la vida delante de un toro”.
P. Fuera de este oficio hay muchas cosas que no se ven, ¿te gustaría que la gente entendiera mejor del mundo del toreo?
R. Me gustaría que, sobre todo, el gran público lo entendiera mejor. Incluso me pasa con mis amigos, que me dicen que mi vida es perfecta: hago lo que me gusta, viajo, conozco sitios nuevos, estoy en hoteles muy bonitos… y esa es la idea que se tiene. Pero eso es una parte del toreo, y quizá la que menos representa lo que realmente es. Me gustaría que supieran todo el sacrificio, toda la constancia diaria que hay detrás, y que eso cuesta mucho. Es mucho.
P. ¿Qué opinas de quienes ven el toreo como un arte en peligro o incomprendido?
R. Cada persona tiene la libertad de ver el toreo de la manera que quiera. Pero yo hablo por lo que he vivido y no hay nada que se le compare a jugarse la vida delante de un toro, no hay nada más verdadero y bonito en este mundo.
P. En este mundo dirigido por las pantallas, ¿crees que el torero debe dialogar más con el mundo digital, las redes y el público joven?
R. Diría que en la época en la que vivimos se está haciendo bastante bien. El torero es bastante visible en las redes sociales y, desde aquí, doy la enhorabuena porque creo que, en los tiempos en que vivimos, hay muchos toreros que lo están haciendo bastante bien.
“Me gusta el reconocimiento mediático; para ser un gran torero la gente tiene que reconocerte” .
P. Cuando no estás entrenando ni toreando, ¿cómo empleas tu tiempo?
R. Cuando no estoy toreando ni entrenando, me gusta dedicar tiempo a mi familia, a mis amigos y a mis seres queridos, que en temporada es complicado por todo lo que exige el toreo.

P. Eres todavía muy joven y ya se te reconoce como uno de los mejores novilleros, con un futuro prometedor. ¿Cómo te relacionas con la fama incipiente y el reconocimiento mediático?
R. A mí, personalmente, me gusta. Es con lo que sueño y, para ser un gran torero, la gente tiene que reconocerte. De momento no soy un gran torero como tal, pero la afición y el gran público me van conociendo, y es algo que a mí particularmente me gusta.
P. ¿Cómo te imaginas a Tomás Bastos dentro de diez años, en la arena o quizá más allá de ella?
R. Dentro de diez años me imagino siendo figura del toreo, siendo un torero cuya presencia en las ferias sea indiscutible. Fuera del toreo me imagino estando bien económicamente para poder ayudar a aquellos que, de una manera u otra, me han ayudado desde el principio.
Decía Friedrich Nietzsche, como fórmula infalible, que “quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. ¿Sería todo más fácil siendo torero? Los amigos de Bastos incluso se lo plantean. Piensan que vive, maravillosamente, viajando, conociendo nuevos sitios, de hotel en hotel… pero nada más lejos de la realidad. ¿Qué noche de hotel puede pagar el jugarse la vida?
El resto de los mortales buscamos problemas terrenales y banales por cruzar y resolver. Quizá por sentirnos victoriosos, quizá por salirnos triunfantes. Pero no nos engañemos: la gloria siempre ha sido, es y será la misma para todos, por los siglos de los siglos: entregarse a algo que no corresponde a la racionalidad. El hombre venciendo a la bestia. Incluso la derrota, en estos casos, es la gloria definitiva y eterna.
Este joven novillero toreará en la Plaza de Toros de Las Ventas la primera novillada de la Feria de San Isidro el próximo martes 12 de mayo, junto a Martín Morilla y Álvaro Serrano, con novillos de Montealto.
Fotografías: Verónica Ruiz





