Hay estudios que construyen espacios y otros que, en silencio, construyen una forma de mirar. FERRUZ STUDIO pertenece a esta segunda categoría: cuarenta años de trayectoria no como acumulación, sino como depuración. Fundado en Barcelona en 1985 por Carles Ferruz, el estudio ha desarrollado una práctica donde el interiorismo no se entiende como un ejercicio estético, sino como una respuesta precisa a un contexto, a una arquitectura y, sobre todo, a una manera de vivir. En un tiempo donde la imagen tiende a imponerse sobre el contenido, Ferruz ha defendido —casi a contracorriente— el valor del proceso, del detalle y de la coherencia. No hay en su trabajo un estilo reconocible a primera vista, sino algo más complejo: una lógica interna que ordena cada decisión, desde la proporción hasta la materialidad, desde la luz hasta el uso.

Esa forma de hacer, sostenida en el tiempo, ha permitido al estudio evolucionar sin perder su identidad. De una base profundamente arraigada en el ámbito residencial, donde cada proyecto se construye desde lo íntimo y lo cotidiano, FERRUZ STUDIO ha ampliado su radio de acción hacia proyectos comerciales, hoteleros y corporativos, tanto a nivel nacional como internacional. Una expansión que no responde a una voluntad de crecimiento acelerado, sino a una evolución natural de su metodología: la misma exigencia aplicada a escalas distintas, la misma atención al detalle trasladada a contextos más complejos. Hoy, nombres como Hotel ABaC, Roca Gallery o Armani/Roca forman parte de un portfolio que habla de precisión, de coordinación y de una capacidad constante para integrar diseño, técnica y ejecución con una naturalidad poco frecuente.

En esta nueva etapa, el estudio se articula en torno a una dirección que combina experiencia y mirada contemporánea. A la base conceptual de Carles Ferruz se suman Adrià Ferruz, actual director, con una visión estratégica y global del interiorismo, y Marc Ferruz, clave en el desarrollo técnico y productivo de cada proyecto. Juntos, sostienen una estructura que permite abordar cada encargo de forma integral, desde la idea inicial hasta el último detalle constructivo. El showroom propio en Barcelona, integrado en el estudio, refuerza esta manera de trabajar: un espacio donde materiales, mobiliario y proceso conviven y dialogan, haciendo tangible lo que en otros casos queda en lo teórico. Así, FERRUZ STUDIO llega a 2026 en un momento de madurez serena, donde la experiencia no pesa, sino que afina, y donde el verdadero lujo sigue siendo el rigor.

¿Cuarenta años después, qué principios fundacionales de FERRUZ STUDIO permanecen intactos y cuáles han sabido transformarse con el tiempo?
Adrià Ferruz: A lo largo de nuestra trayectoria hay cosas que no han cambiado: el compromiso con la calidad, el cuidado por el detalle y, sobre todo, la manera de trabajar con el cliente, escuchando y entendiendo primero antes de proyectar, para que cada proyecto tenga sentido y personalidad.
Lo que sí ha cambiado es la forma de desarrollar los proyectos: hoy trabajamos con nuevas tecnologías, herramientas y maneras de presentar y comunicar, pero con la misma exigencia de siempre.

Definís vuestro trabajo desde el rigor del proceso más que desde un estilo reconocible. ¿Cómo se traduce esa idea en el día a día del estudio?
Adrià Ferruz: Se traduce en que no empezamos diseñando con una estética fija. Primero hablamos, analizamos y entendemos bien qué necesita el cliente y cómo se va a vivir o usar el espacio.
A partir de ahí se construye el proyecto. La idea es que todo tenga lógica y funcione, no repetir siempre la misma fórmula.

¿En qué momento de un proyecto sentís que se toma la decisión más importante: en el concepto inicial o en la suma de los pequeños detalles?
Adrià Ferruz: Ambas cosas. El concepto inicial marca la dirección del proyecto, pero es en el desarrollo y en los pequeños detalles donde realmente se define. Desde las decisiones técnicas de obra hasta el mobiliario y los acabados finales, todo suma y afecta al resultado estético.
Por eso, un buen proyecto es la combinación del concepto inicial, el proceso constructivo y el cuidado de cada detalle, incluidos los detalles de decoración final.

Habéis trabajado históricamente desde el interiorismo residencial, ampliando después a ámbitos comerciales, hoteleros y corporativos. ¿Qué os ha aportado cada tipología a vuestra manera de proyectar?
Adrià Ferruz: Las viviendas nos han enseñado a trabajar desde lo personal, desde la forma de vivir de cada cliente y desde una escala muy humana.
Los proyectos comerciales, hoteleros y corporativos nos han aportado otra manera de pensar: más técnica, con materiales sometidos a mayores exigencias y normativas, control de costes y unos tiempos de ejecución mucho más ajustados.

El estudio no parte de un lenguaje cerrado, sino de una aproximación flexible al contexto. ¿Cómo se evita, desde esa flexibilidad, perder coherencia y personalidad?
Adrià Ferruz: Porque ser flexible no significa improvisar. Cada proyecto es distinto, pero siempre trabajamos con el mismo criterio y con el mismo método.
La coherencia sale de cómo resolvemos las cosas: proporciones, materiales, luz y detalle. Aunque cambie el estilo, hay una forma de hacer que siempre se reconoce.

El showroom integrado en el propio estudio es una pieza clave de vuestro método. ¿Cómo influye el contacto directo con materiales y mobiliario en las decisiones creativas?
Adrià Ferruz: Influye muchísimo, porque no es lo mismo imaginar un material que verlo y tocarlo en directo.
Tener el showroom dentro del estudio, con una selección muy amplia de materiales y marcas, nos permite trabajar con combinaciones reales y, junto con los renders, visualizar mucho mejor el resultado.
Además, trabajamos con firmas nacionales e internacionales, y eso nos permite adaptarnos a estilos y presupuestos muy distintos según el proyecto.

La colaboración con firmas internacionales y, en especial, con el diseño italiano forma parte de vuestro ADN. ¿Qué valores del diseño italiano sentís más cercanos a vuestra filosofía?
Adrià Ferruz: El sello italiano siempre ha sido un referente, sobre todo por la calidad y por esa manera tan natural de entender el diseño. Pero hoy el sector está a un nivel altísimo y hay marcas europeas y nacionales muy potentes, que también aportan muchísimo y nos dan más opciones para adaptarnos a cada proyecto.

Ser distribuidores oficiales de Minotti refuerza vuestra capacidad para abordar proyectos globales. ¿Cómo se equilibra la identidad de una marca tan fuerte con el diseño a medida?
Adrià Ferruz: Con Minotti nos sentimos muy identificados por su trayectoria familiar durante décadas y por la relación directa que hemos tenido con la marca y con la familia fundadora.
Y aunque Minotti tiene una identidad muy marcada, se adapta muy bien al proyecto: a veces incorporamos piezas concretas y otras veces construimos un ambiente más completo, siempre en función del espacio y de lo que busca el cliente.

Vuestro portfolio incluye clientes como Hotel ABaC, Roca Gallery o Armani/Roca. ¿Qué aprendizaje os dejan los proyectos con grandes marcas frente a los encargos privados?
Adrià Ferruz: Los proyectos con grandes marcas te exigen mucha precisión, porque todo está muy definido: identidad, estándares, procesos y plazos. También aprendes a coordinar equipos grandes y a trabajar con muchas partes implicadas.
En cambio, en los proyectos privados todo es más personal, porque el cliente va a vivir el espacio, y ahí lo importante es escuchar bien y cuidar cada decisión para que se sienta suyo.

Carles Ferruz ha construido una mirada marcada por la proporción, el detalle y la calidad espacial. ¿Cómo se transmite hoy ese legado dentro del estudio?
Adrià Ferruz: Se transmite de forma muy natural, porque a nivel familiar el diseño ha estado presente siempre en nuestras vidas y hemos vivido el estudio desde siempre.
Y dentro del equipo intentamos mantener esa manera de trabajar: ser muy rigurosos con el proceso, cuidar el detalle y mantener un nivel de exigencia alto en cada proyecto.

Adrià Ferruz aporta una visión más estratégica y de gestión integral. ¿Cómo dialogan la experiencia acumulada y la mirada contemporánea en la toma de decisiones?
Adrià Ferruz: La experiencia aporta criterio y una base muy sólida para tomar decisiones. Yo intento sumar una visión más actual, más enfocada a la gestión y a cómo funciona hoy el sector.
Al final, se trata de hablar mucho y encontrar el equilibrio entre lo que sabemos que funciona y lo que necesita cada proyecto hoy.

Marc Ferruz juega un papel clave en el desarrollo técnico y productivo. ¿Hasta qué punto la viabilidad constructiva condiciona —o enriquece— el diseño final?
Adrià Ferruz: En nuestro caso lo hace más completo. Marc aporta una visión industrial y de producto, y eso ayuda mucho a resolver el proyecto desde un punto de vista técnico y realista, pensando en cómo se fabrica y cómo se ejecuta. Muchas veces esa parte técnica acaba mejorando el resultado, porque obliga a cuidar todavía más los detalles.

En un contexto donde la imagen muchas veces prima sobre el contenido, ¿cómo se defiende hoy el rigor silencioso frente a la espectacularidad inmediata?
Adrià Ferruz: La imagen es importante, y nosotros también buscamos que los proyectos impacten. Es parte de lo que el cliente quiere y de lo que nos piden. Pero intentamos que esa espectacularidad tenga base: proporción, materiales, detalle y un espacio bien pensado, para que no sea solo una foto bonita.

Llegáis a 2026 en una etapa de plena madurez profesional. ¿Qué os exige más ahora: mantener el nivel alcanzado o seguir evolucionando sin perder identidad?
Adrià Ferruz: Seguir evolucionando sin perder nuestra esencia. Mantener el nivel es una obligación, pero lo difícil es no estancarse y seguir creciendo sin perder lo que nos ha traído hasta aquí. Ese equilibrio es el reto más grande, y también lo que más nos motiva.

Mirando al futuro, ¿qué tipo de proyectos o retos os gustaría que definieran el próximo capítulo de FERRUZ STUDIO?
Adrià Ferruz: Nos gusta mucho el rumbo que llevamos estos últimos años, y la idea es seguir en esa línea: proyectos para clientes nacionales e internacionales, en distintas ubicaciones y tipologías. Esa variedad es lo que nos mantiene activos y nos hace seguir aprendiendo.
Y también queremos combinarlo cada vez más con proyectos contract, que aportan otra escala y otro tipo de exigencia, y encajan muy bien con nuestra forma de trabajar.

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