Madrid suma un nuevo nombre a su escena creativa, y no es uno cualquiera. Pazzo Interiorismo, el estudio liderado por Víctor Escudero, aterriza en la capital tras más de catorce años de trayectoria y más de 400 proyectos desarrollados a nivel nacional e internacional. Con una filosofía que mezcla la precisión técnica con la emoción y una marcada influencia italiana, el estudio propone una manera distinta de entender el interiorismo comercial: no como una cuestión estética, sino como una experiencia integral que dialoga con quien habita el espacio. En un momento en el que Madrid se redefine constantemente a través del diseño, Pazzo irrumpe con carácter, solvencia y una narrativa propia.
Detrás de este proyecto hay una idea clara: el diseño no se contempla, se vive. Con un equipo multidisciplinar que integra arquitectura, interiorismo y diseño gráfico, Pazzo construye espacios donde cada elemento responde a una lógica sensorial y funcional. “Locura + Italia = Pazzo”, dicen, y en esa ecuación se encuentra su esencia: atrevimiento, personalidad y una obsesión casi metódica por el detalle. En esta conversación, Escudero desvela las claves de un estudio que huye de las tendencias pasajeras para construir lugares con identidad, pensados para perdurar y, sobre todo, para sentirse.

Pazzo Interiorismo nace de una “pasión casi obsesiva” por la arquitectura de interiores. ¿En qué momento esa pasión se convierte en un proyecto con identidad propia?
Cuando entendí que no quería solo «decorar», sino resolver problemas complejos con belleza. Pazzo se convirtió en marca cuando logramos que esa obsesión por el detalle se transformara en una metodología sólida: creatividad italiana con rigor técnico.
Tras más de 14 años de experiencia y más de 400 proyectos, ¿qué te sigue motivando a empezar cada nuevo espacio desde cero?
La adrenalina de la hoja en blanco. Cada cliente es un rompecabezas distinto y me motiva el reto de superar lo que hicimos en el proyecto anterior. La curiosidad es lo único que no envejece.
La influencia italiana está muy presente en vuestro discurso. ¿Qué significa Italia para ti a nivel creativo y arquitectónico?
Es mi ADN. Italia es la elegancia sin esfuerzo y el respeto sagrado por los materiales. Para mí, significa diseñar espacios que no caducan, donde la modernidad y la historia se dan la mano con naturalidad.
Definís vuestros proyectos como experiencias que se viven, no solo que se ven. ¿Cómo se traduce eso en el proceso de diseño?
Diseñamos para los cinco sentidos, no para Instagram. Nos obsesiona la acústica, el tacto de una madera o la calidez de la luz. Si un espacio es bonito pero no te abraza, no es un proyecto Pazzo.
En el interiorismo comercial, ¿dónde crees que está hoy el mayor reto: en la estética, en la funcionalidad o en la narrativa del espacio?
Sin duda, en la narrativa. Hacer algo «bonito» es fácil hoy en día. Lo difícil, y lo que hacemos nosotros, es que el local cuente la historia de tu marca sin necesidad de palabras. Si no emociona, no vende.
Pazzo trabaja con un equipo multidisciplinar muy amplio. ¿Qué papel juega el trabajo en equipo en el resultado final de cada proyecto?
Es el motor de todo. Yo marco la dirección, pero el talento de mi equipo hace posible lo imposible. Mezclamos perfiles muy técnicos con mentes muy libres; de ese choque salen las mejores ideas.
Hablas de empatía y colaboración directa con el cliente. ¿Cómo se equilibra la visión creativa del estudio con las necesidades reales del cliente?
Escuchando más de lo que hablamos. No imponemos nuestro ego; traducimos sus necesidades a nuestro lenguaje. El éxito es darles lo que necesitan, pero de una forma que nunca hubieran imaginado.
¿Crees que la arquitectura de interiores tiene hoy una responsabilidad emocional con quienes habitan o utilizan los espacios?
Totalmente. Los espacios modifican nuestro estado de ánimo. Tenemos la responsabilidad de crear entornos que bajen el estrés y eleven el bienestar. No es lujo, es salud mental.
Madrid es una ciudad exigente y competitiva en términos creativos. ¿Qué aporta Pazzo Interiorismo a la escena madrileña?
Carácter y solvencia. Aportamos una visión cosmopolita, ese twist italiano atrevido, pero respaldado por una ejecución técnica impecable. Somos intensidad y precisión.
Muchos estudios hablan de estilo, pero pocos de carácter. ¿Cómo se construye el carácter de un espacio Pazzo?
Huyendo de las tendencias pasajeras. El carácter nace de la mezcla valiente: una pieza de diseño icónico junto a un material en bruto. Creamos espacios con personalidad propia, no copias de un catálogo.
Más allá de la estética, dais mucha importancia a la técnica, la normativa y la durabilidad. ¿Cómo conviven esos factores con la creatividad?
Son inseparables. Conocer la técnica al dedillo es lo que te da libertad para ser creativo de verdad. Un buen diseño tiene que funcionar hoy y dentro de diez años. Si no es construible y duradero, no es diseño, es arte efímero.
Cuando alguien entra por primera vez en un espacio diseñado por Pazzo, ¿qué te gustaría que sintiera antes incluso de entenderlo racionalmente?
Que sienta un «aquí me quiero quedar». Esa vibración inmediata de armonía y sorpresa antes de que el cerebro empiece a analizar el porqué.






