Victor Demarchelier llegó a la fotografía sin estridencias, como llegan las cosas que se aprenden viviendo. Creció entre sets, modelos y cámaras con la naturalidad de quien observa ese mundo desde dentro, sin solemnidad ni presión, como si todo formara parte de una rutina íntima. Diaria, podría decirse. Hijo de Patrick Demarchelier, uno de los nombres que definieron la fotografía de moda de finales del siglo XX, Victor entendió muy pronto que la mirada no se hereda, se construye. Lejos de asumir la fotografía como un mandato, la hizo su territorio: un lenguaje aprendido por ósmosis, trabajado con paciencia y silencio, donde el artificio pierde interés y la belleza aparece sin anunciarse, casi de forma involuntaria. He aquí a un fotógrafo que busco su camino dentro del propio camino, que cogió la cámara y buscó su identidad hasta llegar a ser uno de los nombres más respetados en fotografía.

Fue en la adolescencia cuando la fotografía dejó de ser un paisaje cotidiano para convertirse en una vocación íntima. No tanto por el glamour que la rodeaba, sino por el proceso: el laboratorio, el revelado, la aparición lenta de la imagen en la oscuridad. Ahí, en ese ritual casi alquímico, entendió que la fotografía podía ser un lenguaje propio, un espacio donde pensar, observar y construir una voz.

La memoria colectiva de la troupé de la moda, no olvida ese ¿Has llamado a Patrick?, que Miranda Pretsley repetía sin parar en El diablo viste de Prada. Patrick era su padre, quien retrató a la mujer durante 40 años de carrera y supo ganarse el respeto de los más grandes. Por allí, siempre pululaba Victor, que aprendió de su progenitor a desarrollar esa mirada limpia en dos colores que tanto gusta en las cabeceras de moda.

Formado en Arte y Economía en Vassar College, Victor Demarchelier encarna una rara combinación de sensibilidad artística y rigor estructural. Esa dualidad se percibe en su trabajo: imágenes de una elegancia clásica, sostenidas por una arquitectura visual precisa, donde la luz —especialmente la natural— actúa como narradora silenciosa. En tiempos de saturación visual y velocidad, su fotografía propone lo contrario: pausa, intimidad, permanencia.

Ha retratado a figuras como Naomi Watts, Julianne Moore, Donatella Versace o Carolina Herrera, siempre desde un lugar de respeto y cercanía, construyendo una complicidad que no busca deslumbrar sino revelar. Para Demarchelier, el verdadero gesto creativo ocurre durante la sesión, en la conversación, en el intercambio humano que transforma al retratado en algo más que una imagen reconocible.

Su obra ha sido publicada en Vogue (en sus ediciones internacionales), Harper’s Bazaar, Numéro, GQ, Interview y ha colaborado con casas como Dior, Ralph Lauren, Calvin Klein, Lancôme o Massimo Dutti. Ha expuesto en galerías de Nueva York y hoy vive allí con su familia, desde donde sigue explorando la fotografía como un acto de búsqueda más que de afirmación.

En esta entrevista concedida a ESSENCEmag, Victor Demarchelier habla de legado, de luz, de memoria y de libertad creativa. Una conversación honesta con un fotógrafo que entiende que lo verdaderamente contemporáneo es, a veces, saber ser atemporal.

Crecer con el apellido Demarchelier: ¿fue más una fuente de inspiración o una presión silenciosa con la que aprender a convivir?
La fotografía nunca nos fue impuesta ni alentada de forma explícita, así que no fue ninguna de las dos cosas, al menos no hasta mucho más tarde. Mi interés por la moda y la fotografía surgió cuando tenía unos 15 años.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos vinculados a la fotografía y a tu infancia? ¿La cámara estuvo siempre presente o llegó más tarde a tu vida?
Recuerdo correr por los sets cuando era niño, conocer a modelos y a los amigos de mi padre. Todo era muy relajado y natural, como estar en un rodaje con la familia. Mi padre solía regalarnos pequeñas Polaroid o cámaras compactas divertidas, pero nunca nos lo tomamos demasiado en serio.

¿Cuándo te diste cuenta de que la fotografía no solo formaba parte de tu entorno, sino que era algo que querías reclamar como tu propio lenguaje?
Siempre me han gustado las artes: dibujar, pintar… Me encantaba el proceso de revelar película y hacer copias en el laboratorio. Fue ahí cuando realmente me enamoré de la fotografía.

Tu padre marcó una era en la fotografía de moda. ¿Qué absorbiste de él de forma natural y qué tuviste que desaprender conscientemente?
Creo que el sentido del estilo y del gusto viene de tu entorno, así que sin duda le debo mucho de mi estética. Él y su equipo también me enseñaron todo lo que sé desde el punto de vista técnico. Tuve la suerte de trabajar con él durante mis primeros cuatro o cinco años en la industria.

¿Hay alguna fotografía de tus primeros años que te hiciera pensar: esta es mi voz, no mi herencia?
Me sentí muy orgulloso de una serie de Polaroids que hice al inicio de mi carrera con mi entonces novia, Caroline Trentini. Disparamos unas 16 Polaroids en blanco y negro 4×5, solo los dos en el estudio, con disparador por cable. Más tarde se expusieron en la Albright Gallery de Nueva York. Me encantaba la crudeza y el juego que había en esa serie.

Eres conocido por construir una relación profunda con las personas que fotografías. ¿Qué importancia tiene la intimidad en tu proceso creativo?
Me gusta conocer a las personas mientras las fotografío, no antes. Me gusta que haya conversación durante el trabajo; creo que eso hace que todo el mundo se sienta cómodo y permite una mayor aportación creativa.

¿Crees que conocer realmente a una persona cambia la imagen, incluso cuando ese conocimiento no es visible para el espectador?
Sin duda. La gente se siente atraída por celebridades o por rostros reconocibles, siempre ha sido así. El éxito crea estrellas. Pero una fotografía no es necesariamente más bella por tener a una estrella delante; al contrario, un sujeto desconocido puede aportar una cualidad mucho más atemporal.

Estudiaste Arte y Economía. ¿Cómo conviven hoy esas dos disciplinas en tu manera de abordar la fotografía?
Siempre se me dieron bien los números y la economía me parecía un camino fácil hacia el éxito. Pero el arte es mi verdadera pasión. Decidí intentarlo después de la universidad y salió mejor de lo que esperaba. No cambiaría nada si pudiera volver atrás.

Tras fotografiar a figuras como Naomi Watts, Julianne Moore, Donatella Versace o Carolina Herrera, ¿hay algún encuentro que te haya marcado especialmente?
Todas ellas fueron muy generosas con su tiempo y su confianza. Siempre me impresiona lo profesionales y comprometidas que son. Recuerdo fotografiar a Donatella Versace para Interview cuando era muy joven; fue muy cercana y me dio mucha confianza. Me dijo que siguiera haciendo lo que estaba haciendo y que no cambiara mi manera de trabajar.

¿Hay una fotografía soñada que aún esté por hacer: una persona, un lugar, una situación?
Espero que la fotografía me lleve a nuevos destinos este año. Para mí, la fotografía tiene mucho que ver con la exploración.

La luz es central en tu trabajo. ¿Cómo definirías tu relación con ella, especialmente con la luz natural?
Mi trabajo reciente está muy dominado por la luz natural. Con las nuevas cámaras y su capacidad para trabajar con poca luz, hemos podido llevar esto más lejos. La luz natural tiene una riqueza y una sensación que no se pueden conseguir con flash.

En un mundo saturado de imágenes y velocidad, ¿qué te niegas a fotografiar?
Siempre estoy abierto a un reto, pero si no confío en la calidad del trabajo que puedo producir, prefiero rechazar un encargo.

¿Qué fotógrafos han marcado tu educación visual y por qué figuras como Irving Penn o Mapplethorpe siguen siendo importantes para ti hoy?
Me atrae su estética y su lado más artístico. Me gusta cuando el trabajo de un artista es reconocible, y creo que ambos lo son claramente. Me encantan sus naturalezas muertas y ese lado oscuro que hay en su obra.

¿Ves la fotografía más como una forma de aferrarte al tiempo o de tomar distancia de él?
La utilizo como una forma de explorar mi mente, pero también de capturar recuerdos. Me da una sensación de liberación y una enorme satisfacción, especialmente al terminar un proyecto.

¿Cómo te relacionas con la idea de legado, no solo el que recibes, sino el que puedes dejar?
Eso no está en nuestras manos. Trabaja duro cada día y haz las fotos que amas. Eso es lo único que importa. No crees trabajo para otros: haz el trabajo que tú creas que es realmente bueno.

Por último, ¿cuál es tu relación con España? ¿Qué conoces del país y tienes planes o deseos de desarrollar algún proyecto aquí en el futuro?
Me encanta España. He tenido la oportunidad de trabajar allí en varias ocasiones para Vogue España y clientes como Massimo Dutti, entre otros. Es uno de mis países favoritos, especialmente por su gente, a la que encuentro cálida y acogedora.

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