En un tiempo marcado por la prisa, la imagen inmediata y la saturación estética, el trabajo de Carlos Álvarez propone justo lo contrario: silencio, equilibrio y permanencia. Arquitecto, interiorista y creador de la firma de mobiliario MADERO, Álvarez está al frente de Studiomac, un estudio que ha hecho de la elegancia serena su verdadero lenguaje. Sus espacios no buscan deslumbrar, sino acompañar; no imponer un estilo, sino interpretar la vida de quien los habita. Madera, piedra, tejidos naturales y una comprensión casi emocional de la arquitectura construyen proyectos que envejecen bien, que respiran calma y que se sienten propios desde el primer día. Hablamos con él sobre materiales, sostenibilidad, hogar y la necesidad —cada vez más urgente— de volver a diseñar con alma.

Studiomac se ha convertido en sinónimo de elegancia serena y confort contemporáneo. ¿Cómo definirías, en tus propias palabras, el alma del estudio?
Creo que el alma de Studiomac está en la calma. En crear espacios que transmitan serenidad, equilibrio y una elegancia que no necesite llamar la atención. Me gusta que nuestros proyectos respiren naturalidad, que se sientan vividos desde el primer día y que mantengan su esencia con el tiempo.

¿Qué papel juegan los materiales naturales en tu manera de concebir los espacios?
Nos gusta siempre trabajar con ellos. La madera, la piedra, los tejidos naturales… tienen algo que no se puede imitar. Envejecen, cambian, cuentan una historia. Me gusta trabajar con materiales que transmiten calma y autenticidad, que te conectan con la naturaleza incluso dentro de casa.

En vuestros proyectos hay una sensación constante de calma, de equilibrio. ¿De dónde nace esa búsqueda de armonía?
Nos atraen los espacios tranquilos, sin estridencias, donde todo tiene su sitio. Creo que la paz y la armonía aparecen cuando hay proporción y orden. Cuando un proyecto está bien equilibrado, se percibe aunque no sepas muy bien por qué.

¿Qué te inspira a la hora de empezar un nuevo proyecto: el cliente, la luz, la arquitectura del espacio… o algo más intangible?
Parte siempre de escuchar al cliente. De hacerte una idea de cómo es su vida y cómo quiere vivir los espacios. Estos estarán a su vez condicionados por su arquitectura, su orientación, su luz… y todo ello crea una atmósfera que imaginas y que poco a poco vas construyendo.

¿Cómo ha evolucionado Studiomac desde sus inicios hasta hoy? ¿Qué crees que lo diferencia dentro del panorama actual del interiorismo español?
Studiomac es todavía un estudio joven, aunque está formado por profesionales con una larga trayectoria dentro del mundo del interiorismo y la decoración. Poco a poco nos vamos haciendo un nombre dentro del panorama español. Cada año contamos con más proyectos y de lo que más orgullosos podemos estar es del grado de satisfacción de nuestros clientes.
Quizás lo que más nos diferencia es que no estamos condicionados por un estilo concreto ni nos guiamos únicamente por tendencias o modas. Para nosotros, el alma de cada cliente y sus condiciones particulares son lo más importante a la hora de enfrentarnos a cada proyecto.

Si tuvieras que describir el hogar ideal según Studiomac, ¿cómo sería?
Para nosotros, el hogar ideal es aquel que te hace sentir que es tu refugio. Ese al que estás deseando volver cada día. En el que te sientes feliz y en calma.

El interiorismo está en un momento de cambio, más consciente y más emocional. ¿Cómo entiendes tú la sostenibilidad y la durabilidad en el diseño?
Creo que es algo que debe volver a su esencia. Cada vez más este mundo se ha visto envuelto por la inmediatez, por los productos de usar y tirar, por las modas cada vez más fugaces. Debemos volver a valorar la calidad de los productos y los materiales, a apreciar el valor de la artesanía y de los oficios. Las cosas de verdad, las que duran en el tiempo y provocan sentimientos.

¿En qué proyecto estáis ahora que te ilusione especialmente o que sientas que marca una nueva etapa para el estudio?
Estamos realizando varios proyectos importantes, pero quizás en este momento, a nivel personal, el que más me ilusiona es MADERO, mi colección de mobiliario artesanal. Es un proyecto muy personal, que nace de mi pasión por el diseño y la madera. Siento que marca una nueva etapa porque une todo lo que me mueve: la arquitectura, los materiales nobles y la idea de crear objetos con alma, pensados para durar.

¿En qué momento sentiste que Madero dejaba de ser una idea para convertirse en una marca con identidad propia?

Madero es un proyecto en el que llevo trabajando desde hace un par de años. Durante mucho tiempo fue una idea, intentando que todo estuviera perfecto antes de dar el paso. Pero llega un momento en el que entiendes que una marca no se construye solo desde el papel, sino andando. Sentí que era el momento de empezar, de lanzar Madero y dejar que la identidad se vaya definiendo con el tiempo, con las piezas, con el proceso y con las personas que se acercan a la marca. Aún hay muchas cosas que mejorar, pero formar parte de ese crecimiento también es parte del proyecto.

La madera es un material vivo, con memoria y carácter. ¿Qué significa para ti trabajar con ella en un momento dominado por lo inmediato y lo industrial?

Siempre me ha gustado trabajar con la madera. Es un material que transmite sensaciones, que evoca lugares y recuerdos, que tiene alma. Vivimos en un momento muy marcado por lo rápido, por lo industrial, por lo desechable, y precisamente por eso sentía la necesidad de crear mobiliario que fuese en la dirección contraria. Piezas pensadas para durar, para acompañar durante años, que ganen carácter con el tiempo. Esa idea de permanencia, de objeto con personalidad, es el verdadero alma de Madero.

¿Qué diálogo buscas entre diseño contemporáneo y tradición artesanal en las piezas de Madero? ¿Dónde marcas el límite entre respeto y reinterpretación?

Los diseños de Madero son contemporáneos: líneas rectas, volúmenes contundentes… Pero la esencia aparece en cómo se fabrican. Son piezas realizadas por ebanistas, una a una, con tiempos, con oficio y con sensibilidad. El respeto está en entender la tradición y los procesos artesanos; la reinterpretación aparece en aplicar ese saber hacer a un lenguaje actual. No se trata de mirar al pasado, sino de traerlo al presente de una forma honesta.

¿Cómo imaginas que conviven vuestros muebles con la vida real: el uso, el paso del tiempo, las casas habitadas?
¿Te interesa más la perfección o la huella?

Imagino los muebles de Madero siendo usados, vividos, formando parte del día a día. Son piezas pensadas para acompañar, para envejecer con quien las tiene, no para casas museo. No nos interesa la perfección absoluta. La huella forma parte del proceso artesanal y de la vida real: pequeñas imperfecciones, marcas del tiempo, cambios en la madera… Todo eso hace que cada pieza sea única y que gane carácter con los años.

Si Madero tuviera que definirse no como marca, sino como una actitud o una forma de habitar, ¿cuál sería?

La elegancia natural. Una forma de habitar basada en la naturalidad, sin artificios, donde los materiales hablan por sí solos y los espacios se sienten serenos, honestos y atemporales.

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