Pitti Uomo es la feria de moda masculina más importante del mundo, sí, pero también es un lugar que exige algo a quien entra en él. Cada enero y cada junio, Florencia acoge a diseñadores, sastres, compradores, periodistas y hombres que entienden la ropa no como un producto, sino como una forma de estar en el mundo. No es un escaparate fácil ni complaciente. Pitti no premia el exceso sin intención. Premia la coherencia, el oficio y el tiempo.
Y, aunque sucede físicamente en la Fortezza da Basso, no empieza allí. Empieza meses antes, lejos de Italia, cuando aún no hay acreditaciones ni agendas. Empieza en el taller, en el silencio previo, en la preparación. En nuestro caso, empezó con un gesto sencillo y definitivo: Patrick Osborne-Fox, de Fox Brothers, nos regaló un corte de tela. No fue una propuesta comercial ni una estrategia de marketing. Fue una conversación entre personas que entienden el peso de los tejidos y la memoria que cargan.
Elegimos un tejido de William Bliss. Pesado, con carácter, pensado para durar. A partir de ahí surgió la idea de una propuesta de cacería. No como un ejercicio estético, sino funcional. Pensamos en la montería, en la dehesa española, en el frío seco, en las horas largas y el movimiento constante. Diseñamos un traje de tres piezas con volumen suficiente para abrigar, pero con la estructura necesaria para permitir disparar con comodidad. El fuelle en la espalda no era decorativo: era esencial. Cada detalle respondía a un uso real.
Ese traje fue trabajado con una identidad profundamente española. Sin caricaturas ni nostalgia impostada. Tradición entendida como algo vivo, no como una pieza de museo. Y fue ahí, en ese proceso previo, donde realmente empezó nuestro Pitti Uomo.
La preparación para la feria siempre obliga a crear. No solo a seleccionar, sino a imaginar. Pitti funciona como un showroom vivo: no presentas únicamente lo que ya existe, sino aquello que estás dispuesto a defender públicamente. Cuando llegamos a Florencia, el traje ya había cumplido su función antes de ser visto. Y cuando fue visto, generó conversación. No por estridencia, sino por claridad.
La ciudad, como siempre, respondió. Florencia se convierte esos días en un cruce de miradas, acentos y estilos personales. Esta edición confirmó algunas constantes: los abrigos dominaron el paisaje —con patrones grandes y también los clásicos—; los tonos tierra, especialmente los marrones profundos, definieron una paleta cálida y segura. El layering no fue solo una tendencia: fue un lenguaje. Punto con sastrería, mezclas de largos, texturas que dialogan sin esfuerzo. Los accesorios marcaron la diferencia. Un sombrero bien elegido, una bufanda con intención, un pañuelo colocado sin ansiedad.
Pero hubo un territorio que nos emocionó especialmente: el black tie.
No porque sea nuevo, sino precisamente porque no lo es. En el día a día no vivimos rodeados de etiqueta. Y es solo con el paso de los años —cuando ya has demostrado constancia, criterio y respeto por el oficio— que comienzan a llegar invitaciones a esas cenas y eventos donde la etiqueta no es opcional. Donde el código importa.
Este año llevamos varias propuestas propias de black tie, y fue revelador observar cómo otros asistentes abordaban ese mismo lenguaje. Hubo elegancia, riesgo contenido y, sobre todo, intención. El black tie demostró que sigue teniendo sentido cuando se entiende como un ejercicio de precisión, no como una obligación rígida. Puede ser clásico y, aun así, sorprendentemente contemporáneo.
Nuestra propuesta general en Pitti Uomo 109 fue clara: sastrería clásica acompañada de accesorios, pero con una elegancia más depurada que en ediciones anteriores. Menos ruido. Más control. No buscábamos destacar por acumulación, sino por coherencia. Sostener la mirada sin levantar la voz.
Y más allá de lo visible, regresamos con algo fundamental: inspiración concreta. Tejidos, ideas, piezas seleccionadas que ya están influyendo en nuestras próximas colecciones y en la tienda. Florencia volvió a tratarnos bien. Y aunque acabamos de regresar, ya pensamos en junio.
Porque Pitti Uomo, como las cosas que importan de verdad, no termina cuando te vas.
Se queda trabajando contigo mucho después.
Cristian Webster, de Casa Sartorial.




