Dolce&Gabbana vuelve a escribir el lenguaje de la seducción con el relanzamiento de The One, y lo hace desde la noche, la lluvia y el deseo. Una campaña firmada por Mert Alas, que convierte la ciudad en un escenario suspendido en el tiempo, donde todo ocurre a media luz y nada es inocente. El imaginario del cine neorrealista italiano de los años setenta se filtra en cada plano: misterio, tensión emocional y una estética que no necesita explicación, solo entrega.
En el centro de la escena está Madonna, icono absoluto, mujer indomable, presencia que atraviesa generaciones y discursos. Aquí no seduce: dirige. Reescribe las reglas, invierte los roles y convierte su sensualidad en una declaración de poder. Frente a ella, el actor Alberto Guerra es cómplice y espejo, atrapado en un juego de miradas, silencios y besos robados donde la atracción se vuelve inevitable. Celos, deseo y diversión se suceden hasta un clímax final que no pide permiso: lo toma.
La narrativa se eleva con la interpretación de «La Bambola», de Patty Pravo, cantada por Madonna en italiano y grabada en exclusiva para la campaña. Un gesto cargado de significado: la canción, símbolo de libertad y emancipación femenina, se convierte en el latido emocional de la historia. Su voz envuelve las imágenes y amplifica el mensaje central: audacia, autoafirmación y una sensualidad que ya no necesita ser complaciente.
Esta nueva etapa se materializa en The One Eau de Parfum Intense, una reinterpretación floral y ambarina creada por el perfumista Quentin Bisch. La fragancia se abre con una vibrante pimienta rosa, mandarina y grosella negra; florece en un corazón luminoso de jazmín y se adentra en una base de vainilla profunda, cálida y opulenta. Una evolución magnética, pensada para una mujer que no pasa desapercibida. El frasco, en cristal ámbar dorado, encierra no solo una fragancia, sino una actitud: la de quien entra en escena sabiendo que todas las miradas ya son suyas.





