Natalia Lorca es arquitecta y fundadora de Lorca Studio, un espacio creativo donde la arquitectura actúa como origen, pero nunca como límite. Su trayectoria internacional —con una etapa clave en Nueva York— ha moldeado una manera de proyectar abierta, intuitiva y profundamente sensible a la experiencia humana. En su trabajo conviven arquitectura, interiorismo, arte y diseño como capas de un mismo lenguaje, siempre al servicio de quienes habitan los espacios. Lorca entiende el diseño como una herramienta capaz de transformar la vida cotidiana, de crear atmósferas que acompañan el tiempo y de dialogar con contextos culturales diversos sin perder identidad. Su mirada es precisa, contemporánea y serena, y se apoya en la convicción de que la belleza nace cuando todo encuentra su lugar natural.
Lorca Studio nace como un espacio multidisciplinar con la arquitectura como punto de partida. ¿En qué momento sentiste que la arquitectura ya no podía caminar sola y necesitaba dialogar con otras disciplinas?
Desde muy pronto, cuando empecé a estudiar arquitectura de manera formal, entendí que por sí sola no era suficiente para responder a la complejidad de cómo habitamos los espacios. Ese diálogo con otras disciplinas no fue una decisión estratégica, sino algo natural: la necesidad de ampliar el lenguaje arquitectónico más allá del plano, para hacerlo más sensible, más cercano a la experiencia real y a la escala humana.
Sueles decir que arquitectura, arte y diseño provienen del mismo lugar, aunque crezcan a distinta escala. ¿Cómo reconoces ese origen común cuando empiezas un proyecto nuevo?
Todo parte de la intención. Al comenzar un proyecto intento identificar qué emoción, qué atmósfera o qué gesto está en el origen de todo. A partir de ahí, la arquitectura, el interior, el mobiliario o el arte se desarrollan como capas distintas de una misma idea. No trabajo desde disciplinas separadas, sino desde un único relato que se adapta y se expresa en diferentes escalas.
Has desarrollado gran parte de tu carrera en Nueva York. ¿Qué aprendiste allí —más allá de lo profesional— que hoy sigue apareciendo, casi sin darte cuenta, en tu manera de proyectar?
Nueva York me enseñó una forma de estar en el mundo: la idea de dar lo mejor de ti en cada cosa que haces, tanto en el trabajo como en la vida personal. Existe una energía constante de superación, de creer que todo es posible, de entender que no hay límites claros y que siempre puedes reinventarte. Esa mentalidad sigue presente en mi manera de proyectar casi de forma inconsciente.
Nueva York tiene un pulso muy concreto, una energía que no se parece a ninguna otra ciudad. ¿Cómo se traduce ese espíritu cuando trabajas en contextos completamente distintos?
Más que traducirse de forma literal, se manifiesta como una actitud. Nueva York me enseñó a confiar en la intuición y a trabajar con naturalidad entre referencias muy diversas. Es una ciudad donde conviven lo histórico y lo radicalmente contemporáneo, lo sofisticado y lo cotidiano, y esa libertad sigue muy presente en mi manera de abordar cada proyecto. Es una forma abierta de leer el contexto, de entender que cada lugar tiene su propio ritmo y de responder desde el respeto, sin imponer una estética ajena.
Hablas de Lorca Studio como un espacio que se adapta a la naturaleza de cada proyecto. ¿Qué cosas nunca negocias, aunque el proyecto te pida otra cosa?
El sentido del proyecto. El diseño debe sostenerse más allá de la primera impresión y, para eso, es esencial que cada decisión tenga un porqué claro, en relación con el espacio, con quien lo habita y con el tiempo. La iluminación y la elección de materiales son especialmente importantes: son elementos que definen la atmósfera, el uso y la manera en que un espacio se adapta al paso del tiempo.

En un mundo cada vez más acelerado, ¿cómo dialogan en tu trabajo la funcionalidad, la necesidad y la belleza sin que una anule a la otra?
Para mí no son conceptos separados. La belleza aparece cuando algo funciona bien, cuando responde a una necesidad real y cuando está bien construido. Me interesa un diseño donde todo está en su sitio y la funcionalidad se integra de forma natural.
Crees firmemente que el buen diseño puede cambiar la vida de las personas —y, en última instancia, el mundo—. ¿Recuerdas algún proyecto en el que hayas sentido ese impacto de forma especialmente clara?
Sí, especialmente en uno de mis últimos proyectos residenciales. Acompañar a una familia a lo largo de un proceso de reforma y ver cómo un espacio evoluciona con ellos es muy revelador. Cuando un proyecto mejora la manera en que alguien vive su día a día —cómo se mueve, cómo descansa, cómo cocina o se reúne— es cuando el diseño demuestra su verdadero impacto.
Tu curiosidad por el arte, la moda, el diseño y otras culturas es constante. ¿Cómo influyen estos intereses, aparentemente ajenos a la arquitectura, en tus decisiones espaciales?
Influyen sobre todo en la manera de mirar. La moda me interesa por su relación con el cuerpo y el movimiento; el arte, por su capacidad de crear atmósferas; otras culturas, por sus distintas formas de habitar. Todos estamos influenciados por lo que consumimos a diario, por nuestras relaciones y hábitos, pero al viajar los sentidos se agudizan y cada estímulo se vuelve nuevo. Todo lo que observo se filtra de forma natural en mi manera de proyectar, no como referencia literal, sino como forma de mirar.
Viajar es una fuente recurrente de inspiración para ti. ¿Qué buscas cuando viajas: referencias formales, emociones, silencios, maneras de habitar?
Busco entender cómo se vive un lugar. Me interesan los ritmos, la luz, los materiales locales y lo cotidiano. A veces una ventana o la forma en que alguien busca la sombra dice más que un edificio icónico. Más que observar la imagen perfecta, me interesa ver cómo los espacios son habitados en la realidad: cómo alguien se sienta en el lobby de una biblioteca o se apoya en una balaustrada. Viajar amplía el registro emocional con el que luego trabajo.
Mirando hacia adelante, ¿qué te interesa explorar ahora desde Lorca Studio: nuevos formatos, nuevas escalas, nuevas formas de colaboración?
Me interesa explorar proyectos más abiertos y transversales, donde el diseño dialogue de forma natural con otras disciplinas creativas y con una dimensión más artística. Colaborar en proyectos con una narrativa potente, trabajar en formatos más amplios y formar parte de iniciativas que vayan más allá del encargo tradicional.
También me atrae cada vez más la posibilidad de trabajar en otros países, entendiendo el diseño como un lenguaje capaz de adaptarse a distintos contextos culturales. Mantener la esencia y la cercanía del estudio es importante, pero ampliar el alcance y el tipo de colaboraciones es algo que siempre he tenido en mente.
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