En el entramado de restaurantes que pueban la milla de oro hay uno que brilla sin perder la patina del tiempo. Mientras unos se visitan, este se habita. Así, como lo oyen, La Giralda pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Este mes de enero cumple cincuenta años y lo hace con la serenidad de quien no necesita demostrar nada, porque lo ha sido todo: pionera, referencia, casa y refugio. Un delicioso pedacito de Andalucía en pleno corazón del Barrio de Salamanca, donde el tiempo ha aprendido a caminar despacio.
La historia comienza en 1976, en una pequeña freiduría de la calle Hartzenbusch. Un local humilde, casi doméstico, en el que Carmelo Espinosa —recién llegado a Madrid desde Almería— empezó a cocinar sin saber que estaba escribiendo una página fundamental de la gastronomía andaluza en la capital. En aquel momento, hablar de freidurías andaluzas de calidad en Madrid era casi una osadía. Carmelo se adelantó a todos.
Su llegada a la hostelería fue, como tantas buenas historias, fruto del azar. Carmelo había venido a Madrid persiguiendo un sueño taurino. El toro era la meta, la plaza el horizonte. Para sostener ese camino trabajó como camarero. Y fue ahí donde la vida, con su ironía habitual, le susurró otro destino. Cambió el ruedo por la sala, el capote por el delantal, y encontró una vocación que no abandonaría jamás.
El éxito de aquella primera Giralda fue inmediato. Tanto, que pronto llegó el local de enfrente, después otro en la calle Maldonado y, finalmente, en 1994, el definitivo: La Giralda de Claudio Coello, el precioso espacio que hoy sigue en pie como único bastión tras la crisis de 2008. Un restaurante que ha resistido modas, ciclos económicos y tendencias gastronómicas sin perder nunca su identidad.
Entrar en La Giralda es entrar en un universo propio. Su interiorismo rinde homenaje a la gran pasión de su fundador: el mundo taurino. Azulejos pintados, forja artesanal, escenas de tauromaquia y una estética andalusí que envuelve sin imponerse. Un local amplio, distribuido en dos plantas, con un reservado íntimo que invita tanto a celebraciones familiares como a encuentros discretos. Un lugar donde el espacio también cuenta una historia.
La carta es un viaje directo al sur. Un recorrido honesto y sabroso por las distintas provincias andaluzas, construido desde el respeto al producto y a la receta. Chacinas impecables, frituras míticas que siguen marcando el listón, carnes y pescados tratados con oficio, arroces que reconfortan. Aquí no hay fuegos artificiales: hay verdad.
Todo sabe aún mejor acompañado de una manzanilla bien fría o de una copa escogida de su cuidada bodega. Y cuando llega el momento del postre, La Giralda vuelve a recordarnos que el clasicismo, cuando es auténtico, nunca falla: leche frita, piononos de Santa Fe, crêpes suzette… Dulces caseros que cierran la experiencia con una sonrisa inevitable.
Hoy, cincuenta años después, Carmelo sigue ahí. Al pie del cañón. Recibiendo a los clientes con ese entusiasmo inagotable que solo tienen quienes aman profundamente lo que hacen. A su lado, sus cuatro hijos —María, Germán, Paco y Carmelo— representan la continuidad natural de un proyecto familiar que ha sabido crecer sin perder el alma.
La Giralda es mucho más que un restaurante. Es memoria, es carácter, es identidad. Un entrañable guiño al sur que ha sabido integrarse en la vida de Madrid hasta formar parte de su historia gastronómica. Cincuenta años de tradición, sabor y alegría andaluza, servidos con elegancia, sin nostalgia impostada y con ese duende que no se aprende, solo se hereda. Y ahí sigue, como siempre: fiel a sí misma.

LA GIRALDA
Dirección: Claudio Coello, 24, Madrid
Teléfono: 91 576 40 69
Web: www.restauranteslagiralda.com
Precio Medio: 40€





