Desde Mallorca, con los pies hundidos en la tierra y la mirada puesta en el tiempo largo, Toni y Biel Oliver han construido en pocos años una forma de hacer arquitectura reconocible, serena y profundamente coherente. Al frente de OAM — Oficina de Arquitectura de Mallorca, estos dos hermanos trabajan desde una idea clara: proyectar desde el lugar, desde su cultura y desde una tradición mediterránea entendida no como nostalgia, sino como conocimiento activo. Su arquitectura huye del gesto superfluo y se apoya en la materialidad, la escala humana, la luz y el clima como herramientas esenciales. En sus proyectos —especialmente en el ámbito residencial— el contexto no es un condicionante, sino el origen mismo de la arquitectura. Cada decisión nace de la escucha: al territorio, a la memoria y, sobre todo, a quien va a habitar los espacios. OAM representa una generación que ha entendido que la sostenibilidad no es un discurso, sino una consecuencia natural de trabajar con sentido común, oficio y respeto. Una arquitectura que no pretende imponerse, sino permanecer.

¿Cómo nace el estudio y qué os lleva a emprender este camino juntos?
OAM nace en 2020 del deseo compartido de hacer arquitectura desde Mallorca, vinculada al lugar y a su cultura. Tras trayectorias profesionales distintas, vimos que compartíamos una misma manera de entender la arquitectura y decidimos unir fuerzas. El hecho de ser hermanos influyó mucho.

¿Qué valores definen vuestra manera de entender la arquitectura y el diseño?
Trabajamos desde la tradición mediterránea, con una mirada contemporánea. Valoramos los materiales naturales, la sencillez, el respeto por el territorio y una sostenibilidad entendida desde el sentido común y el oficio.

¿Cómo se reparten —o se cruzan— vuestras miradas dentro del proceso creativo?
El proceso es completamente compartido. Las ideas se construyen a través del diálogo, partiendo de conceptos simples que se van afinando en relación con el lugar, la luz y el uso.

Vuestros proyectos transmiten una identidad muy clara. ¿Es algo buscado desde el inicio o algo que surge de manera natural?
Surge de manera natural. La identidad es consecuencia directa de trabajar siempre desde los mismos principios, más que de una voluntad formal previa.

¿Qué importancia tiene el contexto —físico, cultural y emocional— en vuestro trabajo?
Es fundamental. El clima, la topografía, la cultura local y la memoria del lugar condicionan cada decisión de proyecto desde el inicio.

¿Cómo es vuestra relación con el cliente y qué papel juega la escucha en vuestros proyectos?
La escucha es clave. Entender cómo quiere vivir el cliente nos permite proyectar espacios que realmente tengan sentido para quienes los habitan. Realizar proyectos de viviendas unifamiliares es realmente difícil porque cada persona es diferente y vive de una forma diferente, luego tenemos que intentar captar el estilo de vida de cada cliente y plasmarlo en su vivienda, para que luego él, al habitarla, se la haga suya y pueda disfrutarla durante muchos años.

¿Hay materiales, escalas o tipologías con las que os sintáis especialmente cómodos?
Nos sentimos cómodos con materiales naturales y honestos, y con escalas humanas. Más que una tipología concreta, nos interesa la coherencia entre espacio, uso y materialidad.

¿Qué proyecto consideráis que marca un antes y un después dentro del estudio?
Ca’n Gallineta, una vivienda unifamiliar en suelo rústico cerca de Manacor. Supone un punto de inflexión para el estudio porque sintetiza de manera muy clara nuestra forma de proyectar: una arquitectura esencial, muy vinculada al lugar, al clima y a la materialidad, donde tradición y contemporaneidad conviven desde una lógica actual y sin artificios.

¿Cómo entendéis el equilibrio entre funcionalidad, estética y tiempo?
Como algo inseparable. La arquitectura debe funcionar bien, ser coherente formalmente y envejecer con dignidad.

¿Qué referentes —arquitectónicos o de otras disciplinas— influyen actualmente en vuestro trabajo?
La arquitectura vernácula mediterránea es un referente constante, por su lógica constructiva y su relación directa con el clima y el lugar. También Jørn Utzon, con sus casas de marès en Mallorca; Henri Quillé y sus casas en Formentera, donde supo entender la importancia del lugar y la sostenibilidad mucho antes de que se hablara de ello; y Alberto Ponis, por la forma en que sus edificios se integran en el paisaje mediterráneo.

¿En qué momento creativo se encuentra ahora el estudio?
En una etapa de consolidación, afinando nuestro lenguaje y afrontando proyectos más complejos sin perder la esencia.

Mirando al futuro, ¿cómo os gustaría que se reconociera vuestro trabajo dentro de unos años?
Como una arquitectura honesta, arraigada al lugar, capaz de perdurar en el tiempo y de mejorar la forma de habitar.

Descubre más de los proyectos de OAM en: https://www.officearchitecturemallorca.com/ca

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