Hay motos que te ponen los pelos de punta con solo subirte a ellas. La Stark Varg EX es una de esas. La primera vez que la ves sabes que no estás delante de una moto más: no huele a gasolina, no vibra, no tiene escape… pero transmite algo salvaje. Como si estuviera viva en silencio, esperando a que gires el puño y liberes al lobo que lleva dentro —porque “Varg” significa eso en sueco: lobo—. Y sí, la comparación le queda perfecta.
Stark Future es una marca nacida en Barcelona, creada por gente que ama el motocross y se cansó de escuchar que las motos eléctricas eran aburridas. Su fundador, Anton Wass, junto al ex piloto Sébastien Tortelli como piloto de pruebas, decidieron construir algo que callara bocas: una moto eléctrica más potente, ligera y personalizable que cualquier moto de gasolina. Y lo lograron. La Stark Varg EX entrega el equivalente a 80 CV de potencia eléctrica pura. Sin marchas. Sin embrague. Solo gas. Esos 1.036 Nm de par te dan la sensación constante de que la moto va a despegar. La aceleración es inmediata, casi hipnótica, y cuanto más la pilotas, más entiendes que no hace falta ruido para sentir adrenalina.

Una de las cosas que más me impresiona es cómo han conseguido adaptar una moto con estética de motocross a una enduro totalmente matriculable y legal para la calle. Todo ello con un diseño minimalista y elegante que, os lo garantizo, se lleva todas las miradas a su paso. La Varg EX se siente ligera —muy ligera— y se mueve como si leyera tus intenciones, pese a estar entre los 118 y 120 kg, algo más que una combustión convencional. No hay retraso ni titubeo: solo tracción y precisión. Soy un amante absoluto del mundo del motor y de las motos de combustión, pero esta dinámica, este reparto de pesos… es brutal. La ausencia de cambio te obliga a concentrarte en la trazada, el salto, el cuerpo. Te conviertes en parte del terreno.
Desde la pantalla táctil del manillar puedes ajustar la potencia de 10 a 80 CV, el freno motor o la respuesta del acelerador. Puedes simular una 125, una 250 2T o una 450 4T simplemente cambiando los mapas. Y cuando acabas la tanda llega una de sus grandes ventajas: no hay aceite que cambiar, ni filtros que limpiar, ni embrague que ajustar. Solo conectas el cable y la moto descansa mientras tú sigues procesando lo que acaba de pasar.

En unas 100 horas de uso, el coste de mantenimiento frente a una 450 cc de combustión es abismal: unos 5.858 € frente a 535 €. Se carga en una o dos horas y ofrece hasta seis horas de conducción técnica. En enduro va sobrada; en circuito, la autonomía baja, pero está muy bien medida.
En definitiva, mi recomendación es clara: hay que probarla. Conozco a muchos escépticos que cambiaron de opinión al bajarse de ella. Es algo nuevo, algo que no habíamos sentido antes. No suena… pero hacia ahí va la industria, y tendremos que acostumbrarnos.
Mateo Olivares








