Estamos en los tiempos en los que el lujo ha dejado de explicarse en cifras para empezar a medirse en criterio, coherencia y permanencia, The Sibarist se consolida como una de las voces más influyentes y respetadas del mercado inmobiliario prime en España. Lejos del ruido, de la estandarización y de la espectacularidad vacía, su mirada propone una forma de entender la vivienda como algo más profundo: una experiencia vital, un patrimonio emocional y una elección consciente.
Fundada en 2014 por Sylvia Girón y Silvia Hengstenberg —madre e hija, unidas por una sensibilidad compartida y una forma muy precisa de entender la arquitectura, el espacio y el tiempo—, The Sibarist nace como una inmobiliaria boutique con espíritu artesanal. Once años después, ese mismo espíritu se mantiene intacto, afinado por la experiencia y reforzado por un mercado que, por fin, parece hablar el mismo idioma: el de lo singular frente a lo genérico, el de la arquitectura con intención frente al decorado, el de la calidad real frente a la apariencia.
2025 ha marcado un punto de inflexión definitivo para el lujo residencial. El comprador ya no busca únicamente una localización privilegiada o una ejecución impecable, sino activos irrepetibles, con identidad, relato y una relación honesta con el lugar que habitan. Madrid se consolida como epicentro global del mercado prime, mientras territorios como Cantabria, Asturias o Galicia emergen con fuerza como nuevos escenarios donde paisaje, arquitectura y forma de vida dialogan de manera natural.
En esta conversación pausada y lúcida, Sylvia Girón y Silvia Hengstenberg reflexionan sobre la evolución del comprador premium, el papel central de la arquitectura, la sostenibilidad entendida como actitud y no como etiqueta, y un 2026 que se perfila como un año de depuración necesaria, hiperselectividad y madurez. Una entrevista que no habla solo de casas, sino de cómo queremos habitar el tiempo.
2025 ha sido un año clave para The Sibarist. ¿Qué crees que ha cambiado de forma definitiva en el mercado del lujo residencial?
Ha cambiado la conciencia del comprador. Hemos vivido una especie de “globalización del diseño” en el producto prime llave en mano, y eso ha elevado de forma definitiva el nivel de exigencia. El cliente ya no busca simplemente una propiedad bien localizada y ejecutada, sino activos realmente únicos, con personalidad, arquitectura reconocible y calidades excepcionales.
Al mismo tiempo, el lujo ha dejado de entenderse como acumulación o demostración para convertirse en una elección consciente. Hoy se valoran la coherencia del proyecto, la belleza con sentido y la capacidad del activo para dialogar con una forma de vivir más alineada. Tanto si la compra es para uso propio como para inversión, el mercado ha asumido que el verdadero valor no está en lo replicable, sino en lo singular y auténtico, atributos que permanecen en el tiempo.
Cuando habláis de propiedades con identidad, ¿qué elementos ya no son negociables para vuestro cliente hoy?
La arquitectura con criterio, la relación honesta con el lugar y la calidad espacial real. No es negociable la luz, la proporción, la materialidad bien entendida ni la sensación de verdad. El cliente reconoce cuándo un espacio ha sido pensado y cuándo solo ha sido decorado.
¿Dirías que el lujo inmobiliario ha dejado de ser una cuestión de precio para convertirse en una cuestión de relato y experiencia?
Absolutamente. El precio es una consecuencia, no el punto de partida. Obviamente, la localización sigue siendo un factor estructural que marca un posicionamiento y un rango de precio de salida, pero ya no es suficiente por sí sola. En The Sibarist hablamos de cinco estrellas que construyen el valor real de un activo: la localización, la orientación, la singularidad, su estado de conservación y su capacidad de generar rentabilidad a largo plazo.
Cuando esas variables están alineadas, el valor se traslada a algo más profundo: al relato que una casa es capaz de sostener y a la experiencia cotidiana que propone. El comprador premium quiere entender por qué esa casa existe así, cómo se vive, qué tipo de vida le permite habitar y cómo se comporta como activo en el tiempo. A partir de ahí, el precio deja de ser un argumento y pasa a ser una consecuencia natural del valor percibido.
Madrid se consolida como epicentro, pero aparecen nuevos territorios. ¿Qué os atrae especialmente de regiones como Cantabria, Asturias o Galicia?
Madrid se ha consolidado como un epicentro indiscutible del mercado prime, pero el comprador de alto nivel empieza a mirar más allá del eje tradicional. Regiones como Cantabria, Asturias o Galicia concentran hoy un gran atractivo porque ofrecen algo cada vez más escaso en el mercado residencial de lujo: una relación auténtica entre arquitectura, paisaje y tiempo. Allí el lujo no es impostado; surge de la escala, del silencio, de la materia y del clima. Además, son territorios que permiten desarrollar proyectos con identidad profunda y recorrido a largo plazo, lejos de la homogeneización que amenaza a otros mercados más saturados.
¿Cómo ha evolucionado el perfil del comprador en estos últimos dos años: es más exigente, más informado, más emocional?
En los últimos dos años, el perfil del comprador premium ha evolucionado de forma muy clara. Es un cliente mucho más informado, con acceso a datos, comparables y métricas de mercado, y con una comprensión más sofisticada del valor inmobiliario a largo plazo. Analiza la solidez del activo, su capacidad de preservación de valor y su comportamiento futuro, pero la intuición adquiere un peso cada vez mayor en la decisión. No es contradictoria con el criterio inversor; al contrario, lo completa. Sabe comparar, pero decide desde una intuición cultivada. Busca coherencia, huye del ruido y quiere sentirse reconocido en su singularidad.
The Sibarist nace como una inmobiliaria boutique. ¿Cómo se protege ese espíritu artesanal cuando el reconocimiento crece?
Diciendo más veces que no que que sí. Creciendo con hipercriterio, no en volumen. Protegemos lo artesanal manteniendo procesos deliberadamente lentos, una selección rigurosa basada en la singularidad y una implicación real en cada proyecto. El reconocimiento no debe diluir la esencia; debe afinarla.
En 2025 se habla mucho de sostenibilidad, pero poco se concreta. ¿Cómo se traduce realmente en el lujo bien entendido?
La verdadera sostenibilidad no es un sello, es una actitud. En el lujo bien entendido se traduce en rehabilitar mejor que construir, en trabajar con lo existente, en respetar el entorno y en crear espacios que envejezcan bien, tanto técnica como estéticamente. Implica pensar a largo plazo: en la durabilidad de los materiales, en la eficiencia real de los espacios y en su capacidad de adaptarse al paso del tiempo sin perder sentido.
En The Sibarist hablamos también de “materiales invisibles”: el tiempo, la proporción, el silencio, la luz, la memoria y el criterio. Son los que hacen que una casa no necesite ser constantemente renovada ni explicada.
¿Qué papel juega hoy la arquitectura —más allá de la ubicación— en la toma de decisiones del comprador premium?
Un papel central. La arquitectura es el lenguaje que articula la experiencia. Más allá de la ubicación, el comprador premium busca cómo se vive un espacio, cómo se transforma la luz a lo largo del día, la calidad de su distribución y su relación con el paisaje. Apostamos por la arquitectura de autor porque convierte un espacio en algo verdaderamente único. Hoy empezamos a ver algo impensable hace once años: personas que coleccionan casas de arquitectura, entendiendo cada una como una obra singular, pensada para ser habitada y preservada en el tiempo.
¿Notáis un mayor peso del cliente internacional o una revalorización del comprador nacional con mirada global?
Ambos. Hay un cliente internacional muy sensible al carácter y, al mismo tiempo, un comprador nacional con una mirada cada vez más sofisticada y global. Comparten algo esencial: buscan autenticidad y rehúyen lo genérico.
Cuando miras a 2026, ¿qué tipo de proyectos crees que dejarán de tener sentido en este mercado?
Los proyectos sin alma, sin relato y sin arraigo. Aquellos pensados únicamente para el corto plazo, el impacto visual o la rentabilidad rápida. El mercado penalizará lo superficial y premiará lo bien pensado.
¿Será 2026 un año de crecimiento o de depuración y hiperselectividad?
Será un año de depuración necesaria. No crecerá todo, crecerá lo que tenga sentido. El lujo residencial entra en una fase de madurez: menos euforia y más conciencia del valor. La demanda seguirá siendo sólida, pero profundamente selectiva. Junto a las grandes capitales, ganan peso territorios donde paisaje, identidad y calidad de vida se convierten en activos esenciales. En 2026 dejará de tener recorrido lo genérico; permanecerá lo singular.
Si tuvieras que definir el futuro del lujo residencial en una idea, ¿cuál sería?
Propiedades que no se adquieren solo como activos, sino que se eligen porque sostienen una forma de vida. Casas pensadas para permanecer. Nosotros a esto lo llamamos habitar con intención.
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