En un Madrid donde el ladrillo se viste de seda y las llaves ya no abren casas sino estilos de vida, aparece la figura de Iván Barrondo, director de John Taylor España, esa inmobiliaria de lujo que funciona como pasarela discreta para fortunas inquietas. Barrondo no vende pisos: compone relatos de mármol y cristal, ficciones habitables en las que el salón es escenario y la terraza, telón de fondo para una vida que se quiere eterna. El lujo, en sus manos, no es ostentación sino una gramática distinta: la del espacio, la de la luz, la del silencio que cuesta tanto como un penthouse en el barrio de Salamanca.
En la conversación con ESSENCEmag, Iván se muestra como un anfitrión más que como un agente. Habla de casas como quien habla de personas: con carácter, con secretos, con ese algo que se percibe en la primera visita y ya nunca se olvida. John Taylor, fundada en 1864 en Cannes, no es solo una inmobiliaria, es un sello de distinción internacional, y en Madrid encuentra en Barrondo a su voz más culta y madrileña, un caballero del ladrillo que sabe que, en el fondo, lo que vende no son metros cuadrados, sino formas de vivir.
- ¿Qué se compra de verdad cuando se compra una casa: ladrillos o sueños?
Como mi mujer es gallega, la respuesta ya se sabe: Depende. Depende del comprador, de su necesidad, de la ubicación…. Hay muchos factores. Pero en el target específico en el que nos movemos nosotros, vendemos más “casas de ensueño” que realmente ladrillos o m2. Una vez superado el umbral de la “necesidad” es mucho mejor soñar.
- ¿El lujo hoy es el mármol o el silencio?
Si hablamos de lujo, creo que es condición necesaria pero no suficiente el que la propiedad cuente con altas calidades, a tu pregunta: mármol. Pero puede que lo que uno espera del lujo vaya un poquito más allá y busque vistas, luz, armonía, silencio…
- Usted vende espacios, ¿pero habita alguno realmente?
Las propiedades que vendemos son en su mayoría viviendas y no dejan de ser eso hasta que cada familia las hace suyas y las convierte en hogares. Ese es el verdadero sentido de lo que hacemos: Ayudar a las personas a encontrar donde hacer hogar.
- Madrid, Marbella, Baleares… ¿cuál es la patria secreta de John Taylor en España?
La semilla de John Taylor en España la plantamos en Madrid hace ya 11 años y ha dado muy buenos frutos, lo cual nos ha permitido crecer con fuerza. Hoy contamos con 4 oficinas en Madrid, 4 oficinas en Baleares (2 en Mallorca, una en Ibiza y la última en llegar, Menorca) y nuestra hija adoptiva, Andorra. Y siguiendo con esta analogía de jardinería (en honor a los orígenes de Sir John Taylor), seguimos sembrando para estar pronto en Barcelona y costa Brava, así como en Málaga y Costa del Sol.
- ¿El cliente rico viene con prisa o con tiempo?
Con tiempo, por supuesto. Con el tiempo necesario para encontrar algo singular, especial, excepcional. Pero una vez encontrado, con prisa para no perderlo.
- ¿Cuál ha sido la llave más difícil que le ha tocado entregar?
La de la puerta de la calle cuando he tenido que prescindir de alguno de mis empleados. Es la peor cara de hacer lo que uno debe hacer. Pero en la otra cara de la moneda tenemos la entrega de las llaves de una casa a su nuevo comprador, lo que siempre es un placer.
- Detrás de cada mansión, ¿hay siempre una novela?
Por supuesto, cada casa, grande o pequeña, es el escenario de una vida con la que bien se podría hacer una película o escribir una novela. Las hay con drama, comedias, de enredo…. pero cuando uno vende y es otra familia quien compra y habita de nuevo, la película vuelve a empezar.
- ¿Cuál es su casa ideal, la que aún no existe?
La buena, bonita y barata. Pero si no existe y hay que soñarla, sería con vistas al mar, con jardín y piscina, con una cocina protagonista, y lo más importante: con familia y amigos, porque una casa sin vida para mí no es una casa en la que vivir.
- ¿Se negocia más con la razón o con el deseo?
En real estate de lujo se compran y venden emociones. Si el cliente de una casa de lujo encuentra lo que estaba buscando, no te sabrá muy bien decir porqué, pero la comprará. El tamaño e incluso el precio, no son los criterios determinantes.
- El lujo, ¿es mostrarlo o esconderlo?
Como para mí el lujo es algo totalmente subjetivo, soy más de sentirlo que de enseñarlo. Pero exhibicionistas, por supuesto, hay.
- ¿Qué conversación nunca olvida con un cliente?
Hace mucho tiempo aprendí que no hay nada más valioso que saber escuchar, y que, con esa habilidad, siempre puedes interesarte por lo que realmente le importa a tu cliente. Puede que no sea importante para ti, pero si lo es para él, encontrarás la empatía necesaria para construir una relación duradera.
- En este mercado, ¿qué pesa más: la vista al mar o el vecino al lado?
Específicamente en este mercado creo que pesan más las vistas a saber qué hace tu vecino. En lujo, la intimidad y la discreción son esenciales. Luego es mejor no ver al vecino (o mejor dicho, que el vecino no te vea a ti).
- ¿Qué parte de usted se queda en cada propiedad vendida?
Espero que un amigo para los vendedores y compradores. La intermediación inmobiliaria es dura pero reconfortante, porque al final ayudamos a las dos partes de la operación. Es un win/win. Si no lo es, algo habremos hecho mal.
- ¿El director de John Taylor duerme tranquilo o siempre sueña con otra casa?
Soy de los que cree que solo los que hacen lo que les gusta podrán llegar a ser los mejores en lo suyo. Y yo lo intento cada día. Y con esa satisfacción (la de hacer lo que me gusta) me voy a la cama contento y cansado. Y duermo profundamente.
- Y si mañana no quedara una sola propiedad que vender, ¿quién sería Iván Barrondo?
Sería lo que soy: un tipo sonriente, exigente, empático, cercano, comprometido y de palabra, en quien poder confiar. Y con todo eso creo que podría seguir haciendo muchas cosas. Siempre hay que estar preparado para una nueva partida.






