Por Marc Doménech
Manuel Luque Cabello, joven de 21 años, oriundo de la Puebla del Río, nieto de torero y estudiante de Fisioterapia, en quien Morante ha puesto el ojo, es novillero por inercia, arrastrado por una tradición que más que herencia se siente como patrimonio propio.
Ha nacido torero por misión. Si el destino no se hubiera cumplido, se sentiría insatisfecho. Lo expresó Ortega y Gasset en aquello que causó tanta polémica entre filósofos: “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Cada uno de nosotros es inseparable de su entorno; la historia nos rodea. El Exquisito nace en la Puebla, tierra de toreros, nieto de novillero y con Morante como referente. Su “yo” está atravesado por esas circunstancias, e ir contra ellas sería casi una herejía. Manuel no podía ser otra cosa más que torero.
Como buen sevillano, los conceptos de arte, vida, maneras… no tardan en aparecer. Siempre se dijo que los sevillanos poseen una sensibilidad especial: convierten el toreo en algo más que técnica, en una forma de estar en el mundo, de vivirlo y de sentirlo.

PREGUNTA: ¿Porqué “El Exquisito”?
RESPUESTA: El exquisito es el nombre artístico que llevaba mi abuelo materno, que fue novillero con picadores. Se lo pusieron por las maneras que tenía toreando. En 2018, Morante me anunció en la Puebla con ese apodo, sabiendo de dónde venía y me quedé con él.
P. ¿Para qué uno es torero?
R. Diría que torero se nace. Uno es torero para poder expresar eso con lo que se ha nacido. Si no lo hiciera, me sentiría insatisfecho vitalmente.
P. ¿Qué papel juegan la familia y los amigos en todo esto?
R. Han sido y son un apoyo fundamental en mi día a día. Es muy bonito sentir ese calor, y he de confesar que al llegar a la puerta del patio de cuadrillas, de cualquier plaza, y verlos allí, a veces me emociona tanto que casi se me saltan las lágrimas.
P. ¿Qué significa para ti haber nacido en la Puebla del Río (Sevilla), el mismo pueblo de Morante?
R. Cuando pienso en los artistas que han surgido de aquí, entre ellos el maestro Morante, me entra alegría ser de este pueblo. Así uno se siente más orgulloso.
P. ¿Qué supone tener la bendición de alguien como Morante?
R. Realmente me siento un auténtico privilegiado por haber compartido momentos con el maestro, haber escuchado sus consejos y saber que me sigue. Desde luego, es una fortuna.
P. ¿Te sientes heredero de su estética o prefieres buscar tu propio camino?
R. No me gusta que me digan que soy igual o que intento imitar a alguien. Si de algo estoy seguro es que delante de un animal es imposible no ser tú mismo. Siempre he perseguido mi estética, aunque por supuesto que me fijo en los toreros que me apasionan, como es el maestro Morante o Antoñete.
P. ¿Hay consejos suyos que guardes como mantras en tu carrera?
R. Es cierto que he aprendido muchas cosas del maestro estos años, viéndole entrenar, en el campo, además de escuchándole.
P. ¿Se torea mejor siendo sevillano?
R. No lo sé, pero creo que no. Un ejemplo claro es el maestro Urdiales, que es de La Rioja y, sin embargo, creo que al aficionado le vuelve loco.
P. Los sevillanos tenéis un concepto fascinante de la vida, ¿no lo crees?
R. Aquí todo se vive de otra forma… podría ser que sí.
“Por mucho que intentes ver el arte en un cuadro, si no tienes esa sensibilidad, solo verás manchas”.
P. El arte en el toreo, ¿qué es para ti exactamente?
R. Para mí, el arte en el toreo es la capacidad que tiene un torero, a través de su cuerpo, de hacer sentir cosas tan profundas a un aficionado que le arranque un “olé”, en el baile con el animal bravo.
P. ¿Se nace con él o se puede enseñar/aprender?
R. Considero que el arte se trae desde la barriga de tu madre: o lo tienes o no lo tienes. La técnica sí, se puede aprender, pero el arte creo que no.

P. ¿Qué diferencia a Manuel Luque?
R. Eso no lo sé, lo tendrá que decir el aficionado. Pero siempre me ha atraído lo añejo y lo puro, y creo que hoy en día hay una ausencia de ello.
P. ¿Qué te quita el sueño?
R. El toreo. Me quita el sueño pensar que las oportunidades no llegarán o que mi situación actual nunca cambiará. Pero lucho por mi camino.
P. ¿Y qué te lo produce?
R. El toreo también, sin duda. Cuando uno se acuesta pensando que algún día podrá dar la vuelta a España triunfando, duerme más a gusto.
P. ¿El torero es un héroe, un artista o un loco?
R. Para mí es un artista, más que nada. Es alguien que expresa lo que siente mediante una conjunción única. Con las palmas de las manos y las muñecas, como los pintores.
P. ¿Qué le dirías a alguien que nunca ha entendido la tauromaquia?
R. Le diría que se sumerja en la belleza que guarda este mundo. Aunque también creo que el arte es algo muy personal: por mucho que intentes ver el arte en un cuadro, si no tienes esa sensibilidad, solo verás manchas.

El toreo tanto le quita el sueño como se lo da. Ese vaivén entre miedo y esperanza es la metáfora preciosa de la vida: transitar por caminos inciertos, pero bellos, para los que Dios nos ha creado.
Para Manuel, el arte, en especie, y la capacidad de producirlo no se aprende: se descubre en uno mismo al nacer. Será que se debe tener esa delicadeza para entenderlo y expresarlo, será que hay que poseer una mente inquieta que vaya más allá, una querencia hacia la trascendencia… no sé. Pero él lo siente como algo innato, como un don que no se explica, que se manifiesta en el ruedo con una naturalidad que parece inevitable.
Torear, en cierto modo, es rebeldía pura, incluso frente al propio arte. Su proceso creativo es distinto a los demás. Lo que sí es igual, aunque más brutal, es que exige enfrentarse a uno mismo para convertir la emoción -sea cual sea- en belleza, en compás, en la gloria del hombre. Para contemplarlo hay que tener una sensibilidad dispuesta a sentir; de lo contrario, “solo verás manchas”.
Fotos: cedidas por Manuel Luque.





