Hay quien dice que en Madrid no hay playa (¡vaya vaya!). Imposible no estar en agosto y oir el manta de la canción que un día Los Refrescos cantaron precisamente en todos los lugares donde el veraneo madrileño anidaba a sus anchas. No hay playa porque el concepto es de bajura. Aquí hay una playa de altura, que son las piscinas que como manchas azules se propagan en el satelite del GoogleMaps cuando uno va acercando el pulsor por las calles y plazas de la Villa y Corte.
Hay una que destaca, ya no por su altura, que la tiene, sino por su antigüedad, que también la tiene. Y destaca porque es una suerte de laberinto de las alturas en las que el agua, azul, azul como el mar, preside cualquier estancia. Casi tres metros de profundidad en las alturas para zambullirse en este agosto eterno y duradero que es el verano en la ciudad. Camas balinesas (¡ninguna piscina sin su cama balinesa) para el bronceado perfecto. Vistas al Palacio Real, La Almudena y la inmensidad de la Casa de Campo, que se pierde en el horizonte allá por donde dicen que empieza Pozuelo (de Alarcón, claro).
Y me refiero, claro está a estas alturas, a la piscina del Hotel Emperador. Pionera en lo suyo y refrescante en lo nuestro. Un edén a taytantos metros que a uno le evade de la vida misma. Pero que a la vez, es la vida misma.

El cielo está de moda
Eso dicen los eslóganes de este sitio de altura. Nada mejor para empezar cuando el jubileo de Roma acaba de poner su punto y a parte. Digo a parte, porque el jubileo sigue y a un JMJ encubierta le sigue otra descubierta, que será en 2027 en Korea (del Sur, claro). Los fans católicos del K-Pop hacen palmas con las orejas. Y con razón. El Vaticano les puede montar una rave que apaga y vamonos. El cielo está de moda porque está cerca de la piscina del Hotel Emperador. Y allí te sirven desde el almuerzo, el aperitivo el pica-pica que quita el hambre, la merienda y hasta la cena con vistas y luces, muchas luces.
Hay que decir que esa terraza está cercana al cielo porque tiene una buena parte climatizada, lo cual, en tiempos de ola de calor, es de agradecer. Es de agradecer para quien a toda costa quiere huir de esta canícula que a uno le suena como un bicho de esos que corren y corren hasta devorarte.
La piscina abre todos los días, sin diferenciar el festivo del laborable, porque ya saben que el agua y las alturas no entienden de hacienda ni sus días eternos.
Piscina: de 10:00 a 21:00h
Sky Bar y restaurante: de 20:00 a 1:00h
Cocina abierta de 13:00 a 23:30h
Por Bertie Espinosa, verano de canícula y piscina en las alturas.





