Hay libros que nacen del aplomo editorial, otros de la necesidad comercial. Pero hay algunos que irrumpen como irrumpen las emociones cuando no caben ya en el pecho. Así es A_ZPEITIA: Abezedario bat zezenez, el proyecto que han armado a tres voces —y con no poco pulso— tres jóvenes de Azpeitia, un pueblo donde el toro no se discute, se siente.

Desde la emoción posterior a las fiestas de San Ignacio, Ignacio Arakistain, Aritz Arambarri y Pablo Soraluze se propusieron escribir con ternura y fuerza el alfabeto íntimo de un pueblo atravesado por la tauromaquia. Un alfabeto que no es glosario ni catecismo, sino homenaje libre y personal a ese misterio compartido que es el toro en la vida azpeitiarra.

Este libro es una ofrenda. No impone, no explica: evoca. Invita a mirar con otros ojos. Con los de Aritz, fotógrafo de mirada precisa que detiene el tiempo sin estridencias; con los de Pablo, artista que dibuja no tanto lo que se ve, sino lo que se intuye; y con los de Ignacio, cuya escritura traza no una crónica, sino un poema fragmentado que se pliega letra a letra en las páginas como quien desvela un secreto antiguo.

No hay aquí voluntad de inventario ni de archivo. No es un libro de datos, sino de ecos. De sensaciones que atraviesan el tiempo y la piel. El eco de un Zortziko fúnebre, la nostalgia de una corrida ya lejana, la belleza súbita de una embestida detenida en el aire. Es la tauromaquia entendida como símbolo, como identidad que resiste incluso cuando se cuestiona desde fuera.

Un momento de la presentación.

En tiempos de trincheras, ellos han querido hacer un regalo. No una barricada. No una proclama. Una ofrenda a su pueblo. A su gente. A una manera de estar en el mundo que se sabe estética, ética y emocional. A_ZPEITIA es eso: un gesto estético que reivindica una historia compartida sin cerrar la puerta al futuro.

Con la complicidad de ESSENCEmag, conversamos con sus tres autores. Nos sentamos con ellos para charlar sin prisa sobre el libro, el toro y ese hilo invisible que los une. A continuación, la entrevista completa:

¿Cómo nace la idea de construir un «alfabeto tauromáquico»? ¿Fue desde el principio una estructura pensada o surgió orgánicamente del propio material?
El libro A_Zpeitia Abezedario bat zezenez, Un alfabeto taurómaco nace de la idea algo utópica de encerrar en 120 páginas todo la acontecido en la feria taurina en honor a San Ignacio celebrada en 2024. Dicho serial fue el primero que cubrió como fotógrafo el joven Aritz Arambarri. Al presentarnos éste a Pablo Soraluze y a mí (Ignacio Arakistain) un álbum que recopilaba las mejores instantáneas de aquel trabajo primigenio, enseguida sentimos el impulso de querer hacer algo artísticamente interesante que ayudase a las fotos a encontrar otros ecos, otras sonoridades y afinidades estéticas.
El formato del abecedario nos ha ayudado a estructurar el libro, a enceldar las ideas y reflexiones en un número concreto de paisajes. Quisimos, desde el primer momento, que el libro no tuviese un tono documentalista, antropológico. No queríamos contar la historia de nuestra plaza de toros, queríamos contextualizar y realzar unas fotos que ya relataban las historias que surgieron hace un año en ella.

El libro se titula Azpeitia, una plaza singular por historia y carácter. ¿Por qué Azpeitia como epicentro y no otra plaza de mayor renombre mediático?
Los tres creadores que nos hemos enfrentado a la tarea de armar e hilvanar el libro somos de Azpeitia, centro geográfico de la provincia a la par montañosa y marinera de Guipúzcoa. La nuestra es una villa en la que la presencia del toro se remonta a comienzos del siglo XVI, a través del toro ensogado presente ya entonces en las calles con la llamada sokamuturrra. Creemos inequívoca e inmutable, por tanto, la capacidad que el toro ha tenido para tejer las generaciones de azpeitiarras y para imprimir una personalidad taurina imperecedera a la población.
En épocas donde todo se torna trinchera, hemos querido mediante la publicación de este artefacto poner énfasis en aquello que nos une a lo que fuimos y lo que quisiéramos que los azpeitiarras del futuro sigan siendo.

Cada letra encierra un concepto, una emoción, un gesto taurino. ¿Qué criterio siguieron para seleccionar los términos que construyen este alfabeto?
Primeramente, nos enfrentamos al tema de la selección del idioma. Siendo Azpeitia un pueblo en el que más del 80% de sus habitantes vive diariamente en euskera, creíamos necesaria la presencia de nuestro idioma en el proceso creativo. Éramos conscientes, aún así, de la necesidad de hacer algo exportable, dada la notoriedad que la feria misma tiene en diversos lugares de España, Portugal o Francia. Por tanto, decidimos realizar el libro en ambos idiomas, siguiendo el criterio de no traducir estrictamente todo a los dos. Hemos querido, con este formato, respetar la autonomía de ambas lenguas, repitiéndose ideas en textos escritos tanto en euskera como en castellano. Creemos que así todo lector puede entender los ejes vertebrales del libro.
En cuanto a la selección de los conceptos, hay algunos muy locales: Azpeitia, Bruma, Ignacio o Nerva, por citar algunos. Hemos querido retratar el toreo con una lupa en una mano y con unos prismáticos en la otra. Mirada local y universal, por así decirlo. Palabras como Muerte, Herencia o Piel evocan conceptos totémicos y fundacionales que traspasan lo taurino. Entender una plaza de toros como un reflejo certero de la vida misma, esa ha sido una de las claves a la hora de seleccionar los vocablos presentes en el índice del libro.

Los tres autores del libro

En la tauromaquia hay palabras que tienen peso propio —como «temple», «casta», «querencia»—. ¿Hay alguna letra o término que les costó especialmente abordar o definir?
Querencia está presente en A_Zpeitia Abezedario bat zezenez, Un alfabeto taurómaco. No quise, como narrador, mostrar erudición tauromáquica, sino proponer una relectura amplificada de conceptos atados usualmente a un ejercicio artístico y/o estético. El argot taurino ha vertido en el lenguaje común infinidad de expresiones. Hemos querido recoger alguna de ellas y resignificarla.
Destacaría la aportación idiomática realizada en el ámbito del euskera. Es verdad que existen publicaciones interesantes sobre toros realizados en nuestra lengua, pero poetizar algunos conceptos taurinos y llevarlos a un terreno expresivo mayor diría que ha sido una contribución destacable.

¿Qué fue más difícil: escribir de toros con belleza o escribir de toros con precisión?
Como he mencionado anteriormente, no hemos querido buscar algo cerrado narrativamente. No hemos pretendido hacer un repaso histórico ni proponer una lectura academicista de lo que ha acontecido durante los últimos 122 años en nuestra plaza de toros. Hemos perseguido hasta la extenuación la finura, la presentación bien pensada de las cosas. Un acercamiento respetuoso al material que ya nos precedía en forma de fotos.
Escribir sobre toros es un ejercicio siempre vertiginoso, dada la complejidad del sujeto sobre el que se trabaja. Es ardua la labor de quien intenta poner palabras a lo inenarrable, a lo estéticamente desbordado y desbocado. A esos instantes que se escurren, al lance exacto, la llama extinguida al momento. Una lágrima derramada, arena salpicada, pitones ensartados. Son múltiples las imágenes que se le vienen a uno al ponerse a escribir sobre toros.

¿Cómo conviven en el libro la mirada literaria y la mirada técnica? ¿Dirían que Azpeitia es más un libro de tauromaquia o más un libro de lenguaje?
Indudablemente, el nuestro es un artefacto estético, más que un libro sobre tauromaquia. La tauromaquia, con toda su insondable e inabarcable grandeza, es la mecha que enciende una sucesión de colores que traspasan lo meramente taurino. Los dibujos realizados por Pablo Soraluze son una especie de ensimismamiento y fogonazo concentrado que pone el foco en los pequeños detalles —alamares, vuelos de capote, surcos de sangre, desbordadas líneas— que muchas veces nos son imperceptibles en la vorágine de una tarde de toros.

La tauromaquia es un arte lleno de silencios, pausas y gestos mínimos. ¿Cómo se traduce ese mundo no verbal al lenguaje escrito?
La maquetación y la forma de presentar el material ha sido decisiva en este caso. Hemos trabajado codo con codo con Ainhoa Goenaga, a quien debemos la fina factura y el detallado acabado con el que cuenta la publicación.
El ritmo, siguiendo las referencias musicales del libro —Obertura, Interludios y Coda final—, es fundamental para la buena digestión del mismo. Páginas concedidas a solo cuatro líneas, letras que bucean en el interior de la página, recortes de fotos que realzan una lectura sosegada. Ha sido minuciosa la labor de maquetación, y creemos que se nota.

¿Hubo alguna inspiración literaria concreta? Porque hay ecos de Bergamín, de Chaves Nogales, de los aforismos de Cañabate… ¿Quién está en su altar cuando escriben de toros?
Hay siempre innegables referencias detrás de todo texto. Esta no es la excepción. Es verdad que, al abordar el trabajo en dos idiomas, me he sentido más libre a la hora de homogeneizar el dicurso. Creo que el tono de los textos sigue un patrón parecido: brevedad en cuanto a dimensión, evocación de conceptos extra taurinos y búsqueda de una poética por medio del ritmo, la rima y/o la elaboración de unos finales conclusivos.

¿Creen que hoy se habla bien de toros? ¿Se está perdiendo el idioma taurino?
Se habla y se escribe cada vez peor sobre todas las cosas. La falta de lectura, las escasas referencias literarias y el imaginario cada vez más reducido de la gente hacen que el nivel tanto conceptual como formal de los productos artísticos vaya decayendo. No digamos ya lo circundante al mundo del toro. El respeto hacia una tradición cronista y periodística que nos ha dejado magnos textos se está extinguiendo a través del comentario facilón del entendido de turno en Twitter y otras redes similares.
La tauromaquia, como arte elevado que es, merece ser documentada con celo y rigor. Valerse de la mejor de las plumas para afrontar el difícil reto de relatar todo lo que acontece en el albero en una tarde de toros.

¿Qué le dirían a un lector ajeno a los toros para que se acerque a Azpeitia sin prejuicios?

Que curiosee. El nuestro no deja de ser un libro fruto de la experimentación propia de quienes nos hemos aunado con mundos y hábitats diversos. Un fotógrafo cuya primera feria ya dio muestras de la calidad de su trabajo, un pintor que impulsado por una ferviente afición se ha enfrascado en la labor de crear algo complementario a esas fotos, y un músico metido a escritor que se enfrentaba a la página en blanco con la ilusión de ofrecer algo fresco e interesante a los lectores.

    Creo que el balance es altamente satisfactorio y animaría a quienes no lean habitualmente literatura taurina a que lo hojeen, ya que por alguno de estos tres flancos ya descritos podrán atisbar algo estimulante estéticamente.

    La tauromaquia ha sido siempre un mundo de símbolos, metáforas, de liturgia. ¿Cómo se conserva esa dimensión sagrada en una sociedad que vive cada vez más en lo literal?
    Vivimos en sociedades contaminadas. No sólo en el aspecto ambiental; diría que estamos llenos de polución social, política y relacional. Todo lo juzgamos y todo lo ponemos en cuarentena hasta conocer aprobaciones globales y mantras discursivos. Hace falta mucha más interioridad en este mundo que nos rodea. Espacios para lo trascendental, para lo inequívocamente espiritual.
    Creo que la oda a la estética misma que está presente en el libro es ya un acto de reafirmación a lo que acabo de apuntar. Queremos regalar un lugar de encuentro convertido en sucesión de imágenes, músicas calladas, aromas y dolores.

    ¿Hay lugar para el «nuevo aficionado» en este alfabeto? ¿O se requiere una memoria emocional taurina previa?
    Por supuesto. Todo nuevo aficionado está invitado a adentrarse en este “nuevo” invento. Para quienes hemos firmado el libro, es una novedad ver plasmado en papel algo que hemos elaborado durante meses con tanto mimo. Algo genuino y ciertamente gozoso.

    Publicar un libro de toros en estos tiempos —donde hay tanta polarización— es casi un acto de resistencia cultural. ¿Lo vivieron así?
    Éramos conscientes, desde el comienzo, de la conflictividad que la publicación podría acarrear. Aún así, hemos fiado todo al trabajo bien hecho. Queríamos presentar en sociedad algo con lo que verdaderamente nos sintiésemos satisfechos, creyendo que la diana para posibles críticas no podía ser la falta de calidad y excelencia.
    Todo aquel que juzgue con otros ojos el libro, ya sea por una inquina temática o por una acortada mirada partidista, se quedará a las puertas de un producto que ha nacido con la vocación de generar afinidades y propiciar encuentros.

    ¿Qué lugar creen que tiene la tauromaquia hoy dentro de la cultura, más allá de lo estrictamente taurino?
    Hablando ahora de lo que nos circunda, diremos que la tauromaquia aún goza de buena salud en nuestro territorio. Ante afrentas políticas, embites ideólogicos y conflictos de diversa índole, el toro sigue siendo un animal adorado y venerado por los azpeitiarras.

    ¿Qué esperan que deje este libro: una emoción, un aprendizaje, una defensa?
    Como bien comentamos en el prólogo del libro, quisiéramos que la publicación fuese la cristalización de un momento concreto: la feria en honor a San Ignacio de 2024. Fue un serial excepcional, vivido con fervor en el tendido y que creemos que debe ser recordado como una de las mejores muestras de lo que ha sido, es y será Azpeitia, un lugar donde se respeta y ama el toro bravo.

      Por Bertie Espinosa

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