El ambiente es cálido, pero hay una quietud que invita a la reflexión. Frente a nosotros, Víctor Naranjo, con la mirada de quien ha recorrido caminos que pocos se han atrevido a andar. La voz del entrevistador rompe el silencio con un ritmo pausado, casi hipnótico… Victor es un apasionado de la tortilla, de la restauración… ¡de la vida! Por sus poros se respira ese ambiente que se vive en sus locales.  

En un panorama gastronómico saturado de tendencias pasajeras, hay propuestas que logran abrirse camino con autenticidad, sabor y una historia que conecta. Tal es el caso de La Martinuca, la marca que ha revolucionado la tortilla de patatas en España y que ha logrado transformar una receta familiar en un fenómeno gourmet. Detrás de esta exitosa aventura se encuentra Víctor Naranjo, un joven emprendedor con alma de cocinero, que apostó por algo tan simple —y tan complejo a la vez— como perfeccionar uno de los platos más icónicos de nuestra cultura.

Inspirado por la receta de su abuela Martina, Víctor creó La Martinuca en plena pandemia de 2021, cuando el mundo buscaba reconectar con lo esencial. Lo que comenzó como un servicio de delivery se convirtió rápidamente en una marca referente, con presencia en Madrid, Barcelona y planes de expansión internacional. Rodeado de un equipo que mezcla talento empresarial y pasión por la cocina, entre los que se encuentran figuras como María Pombo y Pablo Castellano, Víctor ha llevado la tortilla a otro nivel: con o sin cebolla, pero siempre con identidad.

Hoy, en esta entrevista exclusiva, hablamos con él sobre tradición, innovación y el sabor del éxito.

  • Víctor, ¿de qué necesidad nació La Martinuca? 
    A título personal, nació de la necesidad de parar, de hacer una pausa en medio del vértigo diario y reconectar con lo esencial. Y respecto a La Martinica, nace de tomar consciencia de que la tortilla española no es solo un plato, sino un símbolo de nuestra cultura, con el potencial de trascender fronteras y convertirse en un icono global. Un clásico que, hasta ahora, nadie la había puesto en el camino hacia la altura que merece. La Martinuca es el vehículo para hacer realidad este propósito. 
  • La Martinuca no es solo un espacio, es un concepto, una idea… ¿Cómo lo definirías tú? 
    Siempre decimos que La Martinuca no es solo una marca de restauración, sino un movimiento en favor de la tortilla española. La Martinuca demuestra que lo sencillo, cuando se hace con mimo, respeto y rigor, puede ser extraordinario. Porque los iconos no nacen de la complejidad, sino de la autenticidad. 
  • En un mundo cada vez más rápido, más impersonal, ¿qué lugar ocupa un proyecto que apuesta por lo auténtico? 
    El de la resistencia. En un entorno donde todo es inmediato y efímero, apostamos por la permanencia, por aquello que deja huella. Somos la pausa en medio del vértigo, el lugar al que vuelves porque hay algo que te conecta, porque sientes que ahí hay verdad. Y esta sensación la he tenido y la tengo cada vez que llego a casa de mi abuela Martina. 
  • Se habla de la nostalgia como motor de muchas creaciones. ¿Cuánto hay de nostalgia en La Martinuca? 

Hay mucha nostalgia, sí, pero no como anhelo del pasado, sino como inspiración para el presente. La tortilla de mi abuela y de mi madre no son solo recuerdos, son el origen de todo este proyecto. No buscamos recrear un tiempo que ya pasó, sino traer a hoy esa forma de hacer las cosas: con paciencia, con cariño, con respeto por la tradición. 

  • Si La Martinuca tuviera un aroma, un sonido, un color… ¿cuáles serían? 
    Aroma: El de mi barrio cuando jugaba al fútbol de la tortilla recién hecha, con ese equilibrio justo entre el huevo yemoso y el dorado perfecto de la patata. 

Sonido: El murmullo de un bar de siempre, el tintineo de los platos, las conversaciones de fondo, la energía de un sitio con alma. 

Color: El naranja de la yema, y el amarillo brillante y dorado de una tortilla española recién hecha. 

  • Se dice que las cosas hechas con amor duran más. ¿Crees en eso? ¿Aplica también para las tortillas? 

Absolutamente. Lo que se hace con amor tiene un impacto diferente, se siente, se nota. No se trata solo del producto, sino de la intención con la que se hace. Y sí, una tortilla hecha con amor no solo sabe mejor, sino que queda en la memoria. 

  • ¿Hay un hilo invisible que une todas las creaciones que nacen aquí? 
    Sí: el respeto por la tradición y la búsqueda de la excelencia. En cada tortilla, en cada decisión, hay un compromiso con hacer las cosas bien, sin atajos, sin artificios. La Martinuca es una declaración de principios 
     
  • La tortilla: con o sin cebolla. ¿Es un debate o una cuestión de principios? 

Es un eterno debate porque forma parte de nuestra cultura, pero en el fondo es una cuestión de emociones. Para algunos, la cebolla es un ingrediente más. Para otros, es lo que convierte una tortilla en algo especial. No hay respuesta correcta, solo recuerdos y opiniones diferentes. 

  • Si pudieras viajar en el tiempo, a cualquier época, a cualquier taller o rincón del mundo, ¿dónde te gustaría estar? 
    Me gustaría estar en la cocina de mi abuela cuando hacía tortilla, pero con la mirada de hoy. Observar cada gesto, entender cada decisión, ver cómo algo tan simple se convertía en un ritual. 
     
  • Y si solo pudieras dejar una enseñanza a quienes sueñan con crear algo propio, algo con alma, ¿cuál sería? 

Que la clave no es inventar, sino descubrir. Lo auténtico no se fabrica, se encuentra. Escucha, observa, conecta con lo que realmente te mueve. Si lo haces desde ahí, desde la verdad, lo que crees tendrá alma.  

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